Latinoamérica después de la cuarentena: «No existirá normalidad próximamente»

El fin de la cuarentena anunciado para junio pone a Colombia en una encrucijada: cómo mantener el motor de su economía y cómo evitar un posible pico de la epidemia

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En Medellín tres centros comerciales abrieron sus puertas al público como parte de una prueba piloto para reactivar el comercio. (Efe)

La cuarentena está causando estragos en las economías y en muchos países latinoamericanos la curva parece estar lejos de aplanarse. ¿Cuáles son los retos de la vuelta a la normalidad en Colombia y Latinoamérica? ¿Cuándo veremos una vacuna? ¿Qué retos deparan a los países latinoamericanos mientras dure esta pandemia? En PanAm Post conversamos con la profesora e investigadora del Departamento de Microbiología, Inmunología y Patología de Colorado State University, Marcela Henao, para conocer su perspectiva sobre el fin de la cuarentena en Colombia y Latinoamérica.

¿Cómo será la vuelta a la normalidad tras el fin de la cuarentena?

No existe normalidad en este momento, ni va a existir próximamente. Hay que crear una nueva normalidad y más en países en vía de desarrollo como el nuestro.

Hay una cosa muy clara que todos los epidemiólogos e inmunólogos tenemos claro, esta es una enfermedad que se va a controlar, pero permanecerá con nosotros. Por ende, habrá que aprender a vivir de una forma diferente. Está claro que este virus es altamente infeccioso. Se sabe tanto desde el punto clínico como de laboratorios que con una carga viral muy pequeña puede infectar una gran población.

Ya no podremos abrazarnos, ni saludarnos de beso, tendremos que mantener una distancia, y crear una nueva etiqueta social. Mientras más nos metamos en la cabeza la importancia de ese espacio personal será mejor para prevenir posibles infecciones.

Este virus tiene dos cosas muy graves a su favor, puede ser transmitido por personas que no tienen sintomatología, y la respuesta en una persona puede ser tan distinta que es muy difícil tratarlo y poder manejarlo de forma eficiente.

En algunas regiones del país la propagación del virus se ha desbordado mientras que en otros lugares no, ¿Cómo explica ese comportamiento?

Hay varias cosas que pueden estar influyendo. Primero el hacinamiento, mucha gente viviendo junta, que se asocia con bajos recursos económicos y bajo nivel educativo que no tienen una compresión para asimilar la gravedad del asunto. En nuestro país el desplazamiento de las personas que viven en condiciones paupérrimas en la calle empeora la situación, pues son la población más vulnerable y sin duda un vector de contagio.

En la capital Claudia López comenzó manejando las cosas bien, pero hay un balance, en Bogotá hay demasiada gente en un espacio muy pequeño. No importa qué tanto traten de prevenir y manejar la situación, se va a expandir el virus.

¿Qué alternativas ve usted posibles en el corto plazo para contener la expansión de la pandemia?

Creo que esa política de infectar a todos los jóvenes, la llamada inmunidad de rebaño, es una buena idea, el problema es que no hay forma de saber la severidad de la infección.

Lo único, lo que está asociado con la mortalidad es la entidad y condiciones preexistentes. En Colombia hay muchas condiciones de riesgos, vea usted en Estados unidos uno de los grupos con mayor mortalidad la presentan los hombres latinos.

La verdad me preocupa más la mortalidad que la morbilidad. El hecho que una población se infecte y pueda controlar la mortalidad es ideal. Pero lo que se ha visto es que el virus ha afectado a la población según su grupo de edad de forma diferente.

¿Qué tan factible es levantar la cuarentena en municipios no COVID-19 o en municipios controlados?

La cuarentena debe levantarse evitando el flujo de personas que no son de esas comunidades, y enseñarle a la comunidad a vivir con el uso de mascarillas y con una higiene personal extrema.

Un ejemplo es la forma en que se están proponiendo abrir las Universidades, hay que empezar con una capacidad entre el 30 al 40 % del personal, y hay que demostrar que se puede controlar con esos niveles e ir escalando.

Debe ser una apertura monitoreada, en las regiones debe haber algún comité de evaluación que mire la gradualidad de la apertura. Pero todo el mundo pensando individualmente en hacer lo que pueda no es suficiente.

Hay que tener una capacidad de testeo para poder monitorear adecuadamente la propagación del virus. Lo otro, es tener un plan premeditado en caso de volver a escalarse la infección para volver a cerrar. Todo el mundo tiene que saber que si hay un pico o incremento de casos se debe volver al cierre. Son muchas cosas que tienen que funcionar al tiempo, el sistema de salud, de testeo.

Finalmente, lo que se puede hacer a nivel regional es crear unos grupos especiales encargados de coser mascarillas y proveer a todos los que van a comenzar a laborar. Otro grupo encargado de mantener suplido los antibacteriales, uno que debe encargarse de un testeo continuo y masivo,  y otro encargado de la apertura por fases.

¿Cómo se crearían esos grupos? ¿Se requiere personal muy especializado?

No son trabajos muy complejos y una persona con educación básica puede ser capacitada. En Estados Unidos las personas que están haciendo este trabajo son desempleadas y jóvenes. Creo que el sector público podría capacitar a esas personas e integrarlas en estos grupos especiales. No es un entrenamiento complejo, pero deberán aprender a operar en condiciones diferentes a las que están acostumbrados.

Una de las cosas en las que hay que entrenarlos es en el correcto uso de guantes y mascarillas. Mucha gente no resiste usarlas, y siente que se están ahogando. Hay gente que usa mascarillas de las necesarias y ha colapsado.

Hay una teoría que circula que este virus salió de un laboratorio, ¿qué veracidad tiene?

Yo creo que la posibilidad que el virus esté armado es básicamente cero, porque nada es tan efectivo como la capacidad de evolución de un virus. Cualquier laboratorio corre el riesgo de salir con un empleado infectado, pero estos laboratorios son altamente especializados y con supervisión de bioseguridad. Es decir, yo llevo 17 años trabajando con tuberculosis y no he infectado nunca a nadie. Los primeros que no se quieren infectar somos los que trabajamos con patógenos que son altamente infecciosos.

De acuerdo con la epidemiología que se conoce, es que estas enfermedades son zoonóticas, es decir, que vienen de animales, son muy transmisibles y tanto con este virus como por casos pasados se cree que es transmitido por animales. La posibilidad de que sea una enfermedad zoonótica es muy alta, y la posibilidad de que salga por negligencia de un laboratorio es muy baja.

A la final estas teorías obstaculizan más la investigación con estos patógenos que facilitarla. Mejor dicho, la teoría de que este virus es zoonótico es muy fácil de demostrar y la otra teoría no.

¿Qué tan lejos estamos de una vacuna?

Antes de salir con cualquier vacuna, hay que tener buenos exámenes de seguridad, uno no puede tener una cura peor que la enfermedad. Hay dos posibilidades, hay instituciones y países que están tratando de implementar una infección controlada, es decir, van a seleccionar grupos o poblaciones y la van a infectar de forma controlada con el virus. En teoría se vacuna a la persona y se le deja salir libremente a la calle. Pero como estamos con tantos controles, la probabilidad de infección es muy baja, ese factor alarga típicamente el estudio clínico.

Genera también muchas preguntas a nivel ético, esta población hay que mantenerla vigilada, controlarla y monitorearla. Aunque sería una población joven, la monitoreada, se corren grandes riesgos. Es un debate fuerte sobre el que los distintos Comités de Ética deberán decidir.

Si varios países logran que se les aprueben los estudios controlados, es posible que veamos una vacuna en 8 a 10 meses.  Si estos estudios no son aprobados por razones éticas, podríamos esperar hasta un año y medio.

La masificación de esta vacuna costará billones, eso depende de la cadena de frío, la forma que se va aplicar, si van a ser inyecciones o parches, etc. Es una cantidad de dinero que no muchos países tienen para invertir. La pregunta es cómo vamos a hacer para que los países en desarrollo les llegue la vacuna, puesto que van a afrontar una quiebra económica producto de la cuarentena.

La informalidad en Latinoamérica impide una cuarentena absoluta ¿Cómo se debe lidiar entre el dilema de morirse de hambre o salir y arriesgarse a un contagio?

Hay que concientizar a la gente, hay que ser enfáticos en la importancia de lavarse las manos y ponerse la mascarilla de forma adecuada. En Brasil hay comunidades que se están organizando, donde se están seleccionando hogares para refugiar a los enfermos. Hay que destinar lugares en los barrios marginales para aislar a los enfermos de una forma digna, es decir, que cuenten con una cama y un techo para dormir.

Una cosa que me ha llamado la atención es que se está estigmatizando el coronavirus, pero eso hay que sacárselo de la cabeza a la gente porque todos eventualmente nos vamos a infectar si no hay una vacuna pronto. Estigmatizar esta infección es uno de los grandes errores que estamos cometiendo en el mundo. Hay muchas personas que están escondiendo su condición por miedo, por ejemplo, en Estados Unidos, muchos inmigrantes infectados no están accediendo a la atención del sistema de salud por miedo a que los deporten.

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