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Lucha al interior de la izquierda colombiana frena alianza para presidenciales de 2018

By: Julián Villabona Galarza - @julianvillabona - Mar 20, 2017, 11:23 am
Varios sectores de izquierda buscan ponerse de acuerdo de cara a las elecciones de 2018 pero parece que será difícil de lograrlo (Wikipedia)
Varios sectores de izquierda buscan ponerse de acuerdo de cara a las elecciones de 2018, pero parece que será difícil de lograrlo. (Wikipedia)

La centro-izquierda colombiana ha mostrado su intención de unirse en un proyecto que tiene como finalidad derrotar a los partidos y candidatos tradicionales en Colombia. Sin embargo, la lucha al interior de los partidos que comparten esta ideología no les ha permitido articular un proyecto fuerte de cara a las próximas elecciones.

Un nuevo intento se dio el pasado viernes 17 de marzo cuando varios de los precandidatos de los partidos de centro izquierda se dieron cita en Bogotá para hablar sobre ese posible proyecto. Entre los citados estaban Claudia López (Alianza Verde), Sergio Fajardo (Compromiso Ciudadano), Gustavo Petro (Progresistas), Jorge Enrique Robledo (Polo Democrático) y Piedad Córdoba (Marcha Patriótica). Sin embargo, el candidato del Polo Democrático nunca llegó y sí lo hizo su contrincante, del mismo partido, Clara López.

Robledo manifestó que hubo una confusión y que él desde un principio no tenía pensado participar de ese evento y aseguró que los acercmaientos con su copartidaria Clara López son imposibles en este momento. Ambos se encuentran distanciados desde que López decidió ingresar al Gobierno de Juan Manuel Santos como ministra de trabajo.

 

A pesar de que hay unos candidatos que ya se han puesto de acuerdo como Claudia López; Gustavo Petro; el presidente de la Alianza Verde, Antonio Sanguino; Antonio Navarro y Hollman Morris, cercanos al progresismo, aún es difícil pensar en un proyecto que pueda reunir a todos estos personajes que representan la centro-izquierda colombiana, tanto así, que Piedad Córdoba tampoco asistió al evento.

Por otro lado, otro que está en duda es Sergio Fajardo, quien aparece como miembro de Compromiso Ciudadano, pero que ha tenido varias veces acercamientos con la Alianza Verde desde donde aseguran no tener la necesidad de un candidato propio, pero desde donde Claudia López ya ha empezado a formar lo que será su campaña de cara al 2018.

Finalmente, varios analistas consideran, según el diario El Colombiano, que será difícil que se logre una alianza por la similitud de los candidatos y sus intereses, por lo que consideran que no será viable la “Alianza Democrática” que buscan los candidatos de izquierda para derrotar lo que ellos califican como “las maquinarias políticas” y de las que se separan, pero que muchos de sus políticos utilizan para hacerse elegir.

Fuente: El Colombiano

Julián Villabona Galarza Julián Villabona Galarza

Julián es Profesional en Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda. Award en U.S Politics and International Relations de Georgetown University, Washington D.C. Síguelo en @julianvillabona

Racismo y comunismo en Sudáfrica: los horrores de los que nadie habla

By: Priscila Guinovart - @PrisUY - Mar 20, 2017, 11:08 am
Racismo y comunismo en Sudáfrica

Que nuestra capacidad de indignación está muy limitada a catástrofes y siniestros en determinados puntos del globo no es novedad. Lo que quizás sí cueste asumir es que somos dominados por el contenido cuidadosamente seleccionado de la mayoría de los medios. No hablo de fake news ni mucho menos de rebuscadas teorías de conspiración judeo-masónicas. Me refiero a un fenómeno más habitual y tan asimilado que resulta casi imposible ponerlo en tela de juicio, y es la excesiva corrección política. Lea más: Chile sobrepasa a España y Sudáfrica como uno de los mayores exportadores de vinos al Reino Unido Lea más: Cuba reforzará sus relaciones con Sudáfrica, en torno a la figura de Mandela En esta corrección política hay una diva indiscutible: la raza, o, más concretamente, el color de piel –las diferencias existen–. Estos medios nos cuentan cómo el macho blanco es privilegiado (por ser macho y blanco) sobre cualquier otro macho humano y, por supuesto, por sobre cualquier mujer. El racismo, según estos mismos medios, solo es el resultado del desprecio del blanco hacia el negro, del blanco hacia el latino, del blanco hacia el semita, del blanco hacia el asiático. La inversa es, en la mayoría de los casos, inconcebible, y en las pocas ocasiones en las que sí se admite, se justifica rápidamente con un gastado “es una reacción a décadas de abuso”. Sudáfrica ha sido casi ininterrumpidamente testigo de crueles disputas raciales que marcaron al mundo entero. La creencia de que en el país africano reina la paz, el amor y la tolerancia en la era pos-Mandela suele estar extendidísima –pero no por eso deja de ser creencia y pasa a ser realidad–. Lo cierto es que hoy Sudáfrica está al borde de una guerra racial de la que los muchos medios no hacen eco. En efecto, el presidente sudafricano Jacob Zuma realizó un llamado para modificar la constitución de manera tal que permita a la ciudadanía negra apropiarse de las tierras que posean los sudafricanos blancos sin compensación de ningún tipo. La intención es la absoluta confiscación de bienes de los “matones holandeses” para establecer así “patrones pre-coloniales”. La idea no germinó de modo exclusivo en la mente de Zuma. De hecho, se suma a las de su rival político Julius Malema, quien afirmó a principios de marzo que “los negros, todos nosotros, debemos unirnos para cambiar la constitución y así poder expropiar tierra sin compensación”. “No hay blanco que lo entienda”, agregó. Zuma, por su parte, dijo que “ahora es tiempo de acción”, y que “el tiempo de hablar, escribir y hacer análisis” se ha ya acabado. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   Quizás sea necesario cierta perspectiva para tomar conciencia de la gravedad del asunto. Imagine que Donald Trump hiciera idéntica proposición referente a la propiedad de los latinos que residan en Estados Unidos. O, peor aún –como es el caso de Sudáfrica– no con simples residentes, sino con personas nacidas en Estados Unidos y cuyos padres también nacieron en suelo americano. Tal es la propuesta de Jacob Zuma, y nadie grita en redes sociales, nadie se indigna u ofende. Nuestros parámetros para decidir qué está mal y qué no (o cuándo es racismo y cu+ando no) son –o están– increíblemente retorcidos. Zuma (que pertenece, sin mayores sorpresas, al Partido Comunista Sudafricano) ha participado ya en actos racistas. Basta recordarlo en 2012, cuando ya era presidente de la nación, entonando cánticos que invitan a matar a los blancos. Marine Le Pen y Geert Wilders son bebés de pecho comparados con tal figura. Sin embargo, es su racismo el que trasciende fronteras, el que horroriza, el que llega a la televisión. De más está decir que el mal de unos no atenúa el mal de otros, y que cualquier forma de racismo es condenable. Y justamente porque es condenable merece siempre el más eufórico de los rechazos, sin excepción alguna. Saltear casos a conveniencia es de imperdonable inmoralidad. Los hechos en Sudáfrica no deben ignorarse por su calidad de inusuales, o en pos de alimentar revanchas inconducentes. Hasta que no aprendamos que toda manifestación de violencia por motivos de origen, raza, clase o sexo es repugnante, no seremos moralmente capaces de levantar el dedo cuando un evento aislado nos exaspere. La ausencia de racismo empieza por la ausencia de hipocresía.

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