Venezuela: amenaza creíble

La crisis venezolana no se resolverá en ausencia de una amenaza que resulte creíble (y temible) al régimen

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Protestas en Caracas, Venezuela.(Foto: Flickr)

Siempre comparé, sin ser especialista en el tema policial, el caso venezolano con una situación de rehenes. Tenía que escapar el comisario Iván Simonovis de la cárcel impuesta por el régimen para darme la razón, al afirmar en una entrevista al periodista Javier Mayorca lo siguiente: «A mi manera de ver, lo de Venezuela es como una situación de rehenes. Maduro y un grupo de militares tienen secuestrado a 27 millones de personas».

A otra pregunta de Mayorca («hay dos soluciones, una negociada, y la otra es la intervención, ¿cuál se usa?»), la respuesta del especialista es muy clara: «La que sea necesaria. Pero una no excluye a la otra. Muchos me conocen por el caso de Cúa. Entonces, el comisario Víctor Amram negoció hasta el momento en que se ordenó la intervención. La negociación siempre estará allí, pero tiene que existir una preparación, porque en un momento las negociaciones fallan y ya no son necesarias. El delincuente tiene que darse cuenta de que existe una amenaza creíble, que es capaz de hacerse lo que sea para salvaguardar la vida de los inocentes».

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Pero, ¿es eso lo que están haciendo en Barbados? Todo indica que no. Simonovis con su amplia experiencia policial les dice que la negociación tiene un fin diferente. No es que se negocie soltar a los rehenes para luego quedarse trabajando con los secuestradores. No creo que esa sea la tónica de esa opinión calificada. Es más bien «o se entregan pacíficamente o los sacamos a la fuerza», teniendo afuera del sitio del secuestro todo el poder de fuego necesario para expulsarlos y que los delincuentes sepan que de verdad se va a utilizar ese poder si no ceden, con unos negociadores amenazando todo el tiempo que deben irse a la brevedad, so pena de salir muertos de allí.

El planteamiento del plebiscito pone los términos de esa negociación en el sentido correcto. Los venezolanos decidimos si se van o no, con la policía lista para actuar de acuerdo con ese mandato. No es tan difícil de entender.

No se trata de que les demos «medio gobierno» para que se vayan y suelten a los rehenes. Eso es inconcebible. Ni siquiera tienes que conversar con ellos porque en soberana práctica constitucional, no son los dueños del país. Los dueños del país somos todos los venezolanos como depositarios de la soberanía nacional. ¿Cuál es la razón, entonces, de siquiera pensar negociar cuando quienes tienen ese poder de decisión –todos los venezolanos–, en su inmensa mayoría, desean que se vayan? Es por ello que que exigimos un plebiscito. No es ningún favor el que estamos pidiendo, es un derecho constitucional.

El plebiscito no es sino el trámite administrativo y legal para solicitarle formalmente a las fuerzas policiales del mundo que nosotros los autorizamos a proceder a sacarlos por la fuerza si no cumplen con el mandato del pueblo. De eso se trata.

La negociación de los términos de salida vendría luego de que se tenga ese trámite concluido. Por lo tanto, ir a negociar antes de esa instancia con los delincuentes solo se puede entender de una manera: darle margen a los secuestradores para que continúen con el secuestro y salvaguarden sus intereses y los de quienes están implicados del lado de la oposición «negociadora».

¿Cuál es la «amenaza creíble» que le están mostrando al régimen estos negociadores en Barbados? ¿Que activarán el 187, numeral 11 en la Asamblea Nacional? ¿O que Juan Guaidó pedirá una intervención armada a la comunidad internacional? El régimen esta muerto de la risa con eso. No es creíble. Y más aún cuando fueron a Barbados a mendigar elecciones y aceptan «negociar un CNE» poniendo el régimen sus condiciones. Es que con el solo hecho de ceder a una negociación ya la oposición oficial fue en desventaja.

¿Dónde se pone creíble la amenaza? Cuando la fuerza que solo tiene el depositario y dueño de la soberanía se pronuncia. Cuando es el pueblo el que decide (no Juan Guaidó) que ocurra una intervención humanitaria con respaldo militar, basada en la Responsabilidad de Proteger (R2P) de la ONU, solicitada en un plebiscito si el régimen no abandona el poder en el caso de que el pronunciamiento del soberano sea claro y preciso para su salida. ¿Cuál país de todos los que han reconocido a Guaidó se negaría a ayudarnos con ese mandato claro del pueblo?

Entonces tiene mucha razón el comisario Simonovis en el sentido que se requiere una amenaza creíble para que los delincuentes cedan para irse en paz. Pero esa no es la negociación que se está llevando a cabo en Barbados. Allí se pretende la coexistencia con el régimen. Y esa coexistencia es incompatible con la mejora de la situación general de los venezolanos. ¿Y por qué? Porque están enfrentadas dos maneras y concepciones opuestas de ver al mundo.

Por ejemplo, ¿es compatible la destrucción del aparato productivo que ha ocurrido hasta ahora, basada en una doctrina que estatiza la producción, con la inversión de capitales foráneos necesaria, porque los socialistas del siglo XXI se robaron hasta la limosna de las iglesias, destruyéndolo todo? ¿Son compatibles las milicias armadas del régimen con la reconstrucción de unas Fuerzas Armadas institucionales y democráticas, teniendo la injerencia de cubanos, rusos, chinos, iraníes, y el terrorismo internacional de las FARC y el ELN? En ambos ejemplos, o es una cosa, o es la otra. No hay términos medios. Entonces, ¿qué clase de minestrón pretenden negociar con esos delincuentes? Esto solo nos dice que es imposible tener un gobierno estable posterior si el animal socialista continúa metido dentro de la casa.

En un panorama como el descrito, un plebiscito donde sea el pueblo el que decida es mandatorio. No esperemos más.

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