En 2017 hasta el eclipse es racista

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Medios progresistas sostienen que el eclipse fue visible solo en zonas donde votaron por Trump y hay población blanca. (Twitter)
Medios progresistas sostienen que el eclipse fue visible solo en zonas donde votaron por Trump y hay población blanca. (Twitter)

La  tarde de este lunes 21 de agosto sucedió un fenómeno de alcance no solo internacional sino espacial, el eclipse solar, el momento cuando la luna le hace sombra al sol. Aunque es de tal magnitud, no se puede apreciar por igual en el mundo entero. Donde mejor se pudo apreciar fue en EE. UU. y ni siquiera en todo el país, por eso hay quienes sugieren que había un sesgo no solo político sino hasta racial en este fenómeno.

Se conoce como «camino de la totalidad» al trayecto por el cual rota la luna y por ende se ve reflejada su sombra en la tierra. De acuerdo a Space.com, “El eclipse solar total cruzará de Oregon a Carolina del Sur a lo largo de un camino de 110 kilómetros de ancho”.

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De acuerdo al diario Boston Globe, «El camino del eclipse solar pasará abrumadoramente sobre el país de Trump«. Primero, divide a los EE. UU. entre quienes votaron por Trump y quienes no, como si fuesen dos países separados. Luego, agrega capacidades supernaturales al mandatario para vincular la división ideológica a un fenómeno astronómico.

La frase inicial del artículo pregunta: «¿El eclipse está echando sombra sobre los partidarios de Clinton?» Detalla que en el 92 % de los condados en los cuales se vio por completo cómo la luna tapó al sol, los votos en las últimas elecciones presidenciales, fueron a favor de Trump. Recordemos que en EE. UU. los votos no se cuentan por número total de personas sino por colegios electorales, de ese modo se da igual representatividad al campo y a la ciudad; pues las zonas rurales tienen menor concentración poblacional.

En una democracia representativa, la ciudadanía es representada por distritos ante el Senado y/o Congreso a través de representantes. En una democracia directa, es el voto ciudadano que determina las políticas. En EE. UU. existen ejemplos de ambos. Pero ambos son regidos por colegios electorales. Es decir, cada estado recibe un número preestablecido tanto de colegios electorales como de representantes ante el Senado, indistinto al número de habitantes.

En base a este fenómeno, apareció un artículo propio de una sátira que destaca el elemento racista del eclipse… Se trata de un artículo en el diario The Atlantic. El subtítulo nos dice: «Un recorrido por el camino del eclipse solar revela una nación que luchó por mantener un tipo diferente de totalidad.» La autora hace un paralelo entre cómo el índice poblacional no determina ni el voto ni el número de representantes ante el Senado y cómo «la totalidad» del «Gran Eclipse Americano» solo pasa por ciertos sectores de la nación que no la representan.

La escritora se dio el trabajo de revisar el censo para verificar el índice de habitantes negros en cada lugar donde se iba a poder apreciar la totalidad del eclipse. Incluso evaluó la distancia entre el lugar más cercano de población negra respecto al punto de mayor sombra lunar. Deriva de un tema científico un discurso no solo emocional sino hasta supersticioso. Busca una especie de señal desde el cielo que en lugar de «echar luz» sobre un asunto «emite su sombra» y así expone cómo opera el sistema electoral.

Pero esta mecánica de pensamiento no es actual. Al contrario, representa un retroceso histórico. Desde los orígenes de la humanidad, se ha pretendido vincular al eclipse a presagios sociales. El término eclipse proviene del griego, significa abandono. Los antiguos griegos creían que sus dioses les abandonaban cuando la luna ocultaba al sol. Esto se replicaba en muchas culturas de la antigüedad, incluso entre los pueblos precolombinos de América del Norte y Sur. Ante este temor, los humanos de antaño estaban dispuestos incluso a sacrificar la vida de otras personas para complacer a sus dioses lunares y solares.

 

Por ello, desde la plataforma Vox  —de inclinación progresista— publicó una nota titulada: «El eclipse es racista»: cómo un artículo malo desató un efecto dominó conservador«. Es decir, declara que el artículo fue malo y comienza de la siguiente manera: «El caso de una metáfora del eclipse solar salió terriblemente mal, se ha convertido en un punto de vista conservador sobre la izquierda y el racismo». En efecto, la crítica desde plataformas y los perfiles personales de figuras conservadoras no tardaron en responder. Uno de ellos es Daily Wire que sacó un artículo ayer titulado «The Atlantic reclama que el eclipse solar del lunes es racista».

Comparte los siguientes extractos:

El 21 de agosto de 2017, un eclipse solar total llegará a media mañana en la costa de Oregon. Ha sido llamado el gran eclipse americano, ya lo largo de la mayor parte de su trayectoria, no vive casi ninguna gente negra. Presumiblemente, esto no se explica por el sesgo implícito del sistema solar.

Oregon, donde comienza, es casi completamente blanco. El 10 por ciento o más de los residentes del estado que no se identifican como blancos son predominantemente latinos, indios americanos, de Alaska o asiáticos. Hay muy pocos oregonianos negros.

Desde Oregon, el Gran Eclipse Americano viajará a través de Idaho y Wyoming. (Va a atrapar una pequeña zona despoblada de Montana también.) A nivel porcentual, Idaho y Wyoming son aún más blancos que Oregon. Y como en Oregon, pero aún más, los pocos residentes no blancos de Idaho y Wyoming no son negros son en su mayoría latinos, indios americanos y de Alaska.

Si en efecto la luna tiene volición, es decir voluntad y capacidad de elección, no cabe duda que se reiría a carcajadas de semejantes afirmaciones. Pues dice el refrán que hay gente que ve el vaso mitad lleno, otros la mitad vacío. En este caso, si el eclipse ocultó a las poblaciones que votaron a Trump y/o que son mayoritariamente blancas, dio la oportunidad de que los otros sectores que de acuerdo a los autores son marginados  —en contraste con la oscuridad— puedan brillar.

Es una forma de verlo. Pero la industria de la victimización y su vínculo a las políticas de «justicia social» vencen y no surge de las propias comunidades que ostentan defender, sino de citadinos, blancos, universitarios, que se declaran defensores de los afligidos. O sea, se sitúan desde un pedestal señalando con el dedo a unos y a otros como víctimas y victimarios en base a su raza, algo que no eligieron sino que les vino por genética. Les niegan su individualidad al igual que su capacidad de sobresalir de estereotipos. Con casos como este, dejan en claro cómo el fanatismo llega incluso a inculpar a la luna —quizás porque es blanca— de «sesgo implícito.»

Hay algo que todos podemos aprender del eclipse solar. Nos enseña que tu tamaño no define tu impacto en el mundo, incluso fuera de él, pues hasta la luna puede hacerle sombra al sol. Por ende no importa tanto el envase sino el alcance. Si la luna puede opacar al sol, en toda su inmensidad, nada nos puede detener, mucho menos nuestro color de piel.

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