“Antifascistas” cometen actos violentos contra simpatizantes de Trump en California

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Antifa lleva meses manifestándose violentamente (Flickr).
Antifa lleva meses manifestándose violentamente incluso contra quienes dicen defender (Flickr).

El pasado domingo otra manifestación de la derecha estadounidense se enfrentó a manifestantes de izquierda, entre ellos muchos de carácter violento, los cada vez más visibles Antifa. Acorde pasan los días aparecen nuevos testimonios y se descubre quiénes fueron tanto atacantes como atacados, al igual que los nombres de rescatistas.

Esta vez el escenario fue el parque del Centro Cívico Martin Luther King Jr. de la ciudad universitaria de Berkeley y sus alrededores en el estado de California. En esta ocasión las instalaciones estuvieron preparadas en el lugar para posibles choques. Había barreras de plástico y hormigón. No obstante, los Antifa -abreviación de antifascista- desmontaron las estructuras, asaltaron y acosaron a los manifestantes dentro y fuera de las instalaciones. Formaron patrullas en el lugar y sus alrededores y perfilaban manifestantes para que sean amedrentados por pandillas.

De acuerdo a un artículo de la revista Time, el movimiento a favor de la libertad de expresión nació justamente ahí, en la Universidad de Berkeley; donde hace un año ese mismo término se ha convertido en un mensaje de odio para sus adversarios, la izquierda radical; en particular el grupo conocido como Antifa.

Bajo el lema de la libertad de expresión, múltiples manifestaciones solicitaron permisos que fueron cancelados o denegados por las autoridades locales. Los permisos son necesarios, ya que el municipio se encarga de proveer seguridad, tanto a nivel policial como para la infraestructura.

Una de las manifestaciones propuestas, organizada por una activista transexual, Amber Cummings, bajo el lema “No al Marxismo, sí a EE. UU.”, fue denegada por el alcalde. En su página de YouTube, Amber solicitó que no haya violencia de ningún tipo, desalentó la asistencia tanto de supremacistas blancos, como de todo tipo de racismo, solicitó que grupos como Antifa se abstengan de ir.

 

La semana pasada, la activista declaró ante la prensa que “No me siento segura al caminar con una bandera estadounidense en este país”. En la actualidad, el patriotismo se equipara al fascismo y como tal vuelve a los manifestantes blancos fáciles de grupos como Antifa, a quienes Cummings llama terroristas.

Otro grupo afín cuyo permiso de protestar también fue revocado, es Patriot Prayer (Oración Patriótica). Consiste de una agrupación de activistas que se proclaman moderados y buscan ofrecer alternativas a la radicalización de las tendencias políticas actuales e invitan al diálogo. Su organizador, Joey Gibson, fue arrastrado y aplastado con escudos el día domingo por activistas de Antifa.

Gibson denunció dos dos hechos fundamentales en una entrevista con uno de los periodistas más abiertamente críticos a Antifa, Tucker Carlson. Primero, que los alcaldes de la zona y sus representantes en el Senado, silencian ciertas voces por ventaja política. Segundo, que la policía tenía la orden de no intervenir. Dijo que no era su deseo, pero que por ventaja política los alcaldes de diversas ciudades del sur de California, querían no solo silenciar a los activistas de centro y derecha, sino que les dejaron indefensos de los ataques de grupos de extrema izquierda.

Sin embargo, si hubo la orden o no, si fue desafiada o no, se ve policías sacando con jalones a simpatizantes de Trump y subiéndolos a camiones. De acuerdo a estudiantes y activistas de la plataforma Campus Reform, que se dedica a promover el debate y la libertad de expresión en las universidades, sucedieron injurias con base en estos hechos donde se alega que los simpatizantes de Trump fueron violentos y por ende detenidos, cuando en realidad fueron rescatados.

En el caso de Ashton Whitty, integrante de Republicanos en la Universidad de Berkeley, sostiene que fue perseguida antes, durante y después de la marcha; ya que fue perfilada y su imagen difundida. Cuando logró salir de las inmediaciones, aparece un grupo de hombres vestidos de negro, algunos con los rostros tapados, diciendo que “tienen hambre de supremacistas”, “hay muchos más como nosotros”, “todos ustedes son racistas”. Whitty sostiene que el automóvil donde se transportaba fue golpeado con barrotes de metal.

Junto a un compañero de estudios, Troy Warden, aparecen en una entrevista donde Whitty sostiene que solo quería dialogar. Sostuvo un cartel que decía: “conversemos” para promover el diálogo. Dijo que todo estuvo bien, que habló con personas de varias posturas, hasta que llegó Antifa, luego que una mujer les envió sus coordenadas. Troy, como estudiante y activista para la reforma en la universidad, sostiene que entre los manifestantes violentos no había estudiantes de Berkeley sino que eran pandillas convocadas por Antifa desde la ciudad cercana de Oakland para “cazar republicanos en la calle”. Sostiene que el fin de estos grupos es reprimir a toda costa que haya perspectivas conservadoras en entornos progresistas como es esta -y varias- universidad(es).

En medio de las protestas y las contra-protestas, un hombre latino sostenía un cartel que decía: “Dios bendiga a Donald Trump”. Cuando fue cuestionado por activistas de grupos de izquierda que le gritaban, increpaban e insultaban, dijo que que era de México y que apoyaba la construcción del muro en la frontera para garantizar el ingreso legal a EE. UU. Grupos de izquierda le confrontaron. Incluso le gritaron: “Usted es un inmigrante. Debería estar avergonzado de sí mismo.” Es decir, activistas que aducen defender a las minorías y luchar contra el racismo, sin pudor, enfrentan y afrontan a migrantes cuando estos no adoptan su postura.

Aparece en cámara cómo un periodista, cargado de micrófonos, sale en rescate de uno de los manifestantes de derecha, atacado nada menos que con un poste para izar una bandera, escudos, puños y patadas. Inicialmente se vio a un hombre negro con rastas en el cabello, rescatando a un hombre a quien los Antifa llamaban fascista y nazi, entre otros superlativos.

Ahora sabemos que se trata de Al Jetson del programa ganador de un Emmy (premio televisivo) Reveal del Centro de Investigación Periodística. Posó su cuerpo sobre el hombre en el piso. Declaró que temía que pudieran matar a ese hombre. Enseguida dijo que temió por su vida, que pudiesen haberlo matado a él también; ya que también fue golpeado. Pueden escuchar su entrevista (en inglés) aquí. Aclara que no vio su postura política sino su humanidad.

Tanto la participación como la visibilidad de la prensa va en aumento. Una publicación de The Washington Post titulada Los miembros antifas vestidos de negro atacan a manifestantes pacíficos de derecha en Berkeley, así lo expone. El artículo cita a, Associated Press (AP) quien informó que al menos cinco personas fueron atacadas. Un reportero del AP fue testigo de los asaltos. Asimismo, el Teniente Joe Okies de la Policía de Berkeley dijo al Washington Post que la manifestación resultó en “13 arrestos en una serie de cargos incluyendo asalto con un arma mortal, obstrucción de un oficial de policía y varias violaciones del código municipal de Berkeley”.

Así como aumenta la visibilidad, también las reacciones desde la política. El alcalde de Berkeley, Jesse Arreguín, dijo:

“…la violencia que un pequeño grupo de manifestantes cometió contra los residentes y la policía, incluyendo lanzar bombas de humo, es inaceptable. Combatir el odio con el odio no funciona y sólo hace que cada lado esté más atrincherado en sus campos ideológicos.”

Es un avance. Ya que en febrero, 150 agitadores vestidos de negro causaron un daño de $ 100.000 cuando causaron destrozos en Berkeley protestando contra un discurso -que tuvo que ser cancelado- de la Universidad de California en Berkeley del provocador de derecha Milo Yiannopoulos.

Sin contar con la inauguración presidencial en Washington, DC, donde manifestantes enmascarados quemaron vehículos, rompieron ventanas y chocaron con la policía, causando 231 detenciones.

Acorde se expone lo sucedido y se ve de lo que es capaz de la izquierda radical, encarnada en Antifa, se diluye el discurso de la tolerancia que tanto pregonan. Esto aplica a la defensa de los migrantes, las mujeres, las minorías étnicas y sexuales, ya que cuando un individuo o grupo de dichas características asume una postura contraria a la suya o ligeramente más conservadora, incluso sin conocerla, suponiendo con base en su aspecto, se vuelven el bando enemigo y como tal sujetos de agresión.

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