Agencia sanitaria de EE. UU. aprueba «terapia revolucionaria» con droga psicodélica

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Agencia federal aprueba experimentación con drogas psicodélicas. (WikiCommons)
Agencia federal aprueba experimentación con drogas psicodélicas. (WikiCommons)

Esta semana emitió un comunicado de prensa el MAPS, la Asociación Multidisciplinaria para Estudios Psicodélicos, indicando que a partir de la siguiente primavera (del hemisferio norte) iniciará la Fase III de experimentación, la última antes de sacar un medicamento al mercado.  Actualmente, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), considera «terapia revolucionaria» al uso del MDMA; sustancia que décadas atrás tipificó un intoxicante peligroso, sin uso médico, logrando así que se prohíba su uso. La plataforma plantea que la nueva designación acelerará la aprobación de MDMA como un medicamento recetado. Para lograrlo, el movimiento de la psicodelia requirió un cambio de imagen y discurso. En lugar de usar vestimenta hippie y un discurso evangelizador que motivaba a los estudiantes a abandonar sus estudios, los herederos del movimiento ahora visten trajes y batas de laboratorio.

En 1985, la FDA prohibió el uso de la metilendioximetanfetamina, cuya abreviación es MDMA. Se comercializa mayormente en la presentación de pastilla y cristal para consumo recreativo en fiestas bajo el nombre de éxtasis. El 9 de julio de 2012, la FDA firmó la Ley de Seguridad e Innovación de la Administración de Alimentos y Medicamentos. Ahí tipifica lo que son las «terapias revolucionarias«. Se estima que así para el año 2021 ya se apruebe el uso clínico.

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Para ser considerada una «terapia revolucionaria», un tratamiento debe consistir de dos características:

  • destinado solo o en combinación con uno o más de otros fármacos para tratar una enfermedad o afección grave o potencialmente mortal
  • las pruebas clínicas preliminares indican que el fármaco puede demostrar una mejora sustancial con respecto a las terapias existentes en uno o más criterios de valoración clínicamente significativos, tales como los efectos sustanciales del tratamiento observados tempranamente en el desarrollo clínico.

El cambio de imagen de la sustancia va de la mano del cambio de imagen de sus promotores. Hace apenas semanas se organizó el evento «Ciencia Psicodélica 2017». A diferencia del movimiento hippie de hace medio siglo, donde congregaban a los usuarios en parques y espacios abiertos, este congreso fue nada menos que un hotel cinco estrellas, el Marriot. Los investigadores canjearon las camisetas de colores y la prédica evangelizadora, por los trajes y la investigación científica.

Entre los panelistas estaba el psiquiatra Thomas Insel, que fue director del Instituto Nacional de Salud Mental. Es conocido en la academia como el «psiquiatra del smartphone«. Durante el evento dijo: «Les animo a ser más católicos que el papa, tienen que ser más rigurosos que las personas que trabajan en la industria farmacéutica estudiando compuestos más tradicionales que no son sustancias controladas». «Una reacción adversa del paciente para la cual los investigadores clínicos no estaban preparados», argumentó, podría «envenenar el pozo».

En contraste con el movimiento hippie, que alentaba a canjear la educación universitaria por la introspección que brinda el consumo de drogas psicodélicas, Ciencia Psicodélica 2017 invita a «respetar el trabajo que ocurre dentro de los sistemas legales de regulación» limitando nuestro «compromiso con las drogas psicodélicas y otras drogas ilegales en el ámbito de la discusión intelectual». Es decir, en lugar de salir de las universidades para experimentar, llevar la experimentación a las universidades. Tanto es así que los investigadores psicodélicos ya tienen citas con academias de prestigio como Stanford, la Universidad de California, Johns Hopkins (la más renombrada en materia de psiquiatría), la Universidad de Nueva York, el Imperial College de Londres e incontables instituciones académicas de prestigio a nivel mundial.

Todo esto ha sido posible gracias al arduo trabajo de una organización valiente y persistente conocida como la Asociación Multidisciplinaria para Estudios Psicodélicos (MAPS), fundada el año después de que la DEA prohibió la MDMA. Pero ahora, la FDA ya le otorgó permiso a MAPS para estudios de Fase III, que es la última antes de lograr la aprobación de un nuevo medicamento. La intención es aplicar el uso de MDMA como tratamiento para el trastorno de estrés postraumático (TEPT/PTSD). La siguiente fase está prevista para primavera y se experimentará con voluntarios.

En la primera fase del estudio los sujetos fueron víctimas de delitos, principalmente mujeres que habían sido violadas o abusadas sexualmente. De acuerdo a un reporte en la plataforma digital Reason, «Más de cuatro quintas partes de los sujetos que recibieron MDMA en conjunto con la psicoterapia mostraron una respuesta clínica, lo que significa que vieron reducciones superiores al 30 % en la gravedad de su TEPT, medida por la Escala de TEPT administrada por el clínico.»

 

De acuerdo al estudio, el MDMA facilita la psicoterapia en el tratamiento del trastorno de estrés postraumático porque estimula la confianza, ya que es desinhibidor, lo cual permite que los pacientes puedan enfrentar recuerdos traumáticos. Esto contrarresta el temor sobrecogedor que normalmente sienten.

La última fase definirá si en efecto la droga produce los resultados suficientes para salir al mercado. De ser así, abriría una puerta hacia la mayor experimentación de drogas – hasta ahora- ilegales. A su vez, podría repercutir sobre los índices de riesgo asociados tanto a la producción como el consumo y aminorar los índices delictivos y consigo la población presidiaria y también la violencia vinculada a la industria. Esto va desde la producción bajo condiciones ilícitas, hasta el consumo que al no siempre elaborarse con la mejor calidad genera estragos en los consumidores. Al tratarse de químicos, produce toda clase de incidentes, como explosiones en las instalaciones hasta afecciones fisiológicas en los consumidores . Mientras que, luego de la aprobación, cumpliría con un estándar de calidad y cantidad adecuado y así se podría prevenir los estragos que resultan de la ilegalidad, más cuando se suma las técnicas represivas de la afamada «guerra contra las drogas». Luego de adecuar el rostro y el mensaje asociado al uso de sustancias psicodélicas, como viene sucediendo, podría ser posible.

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