La absurda incorporación oficial del «enfoque de género» en mensajes de alerta en Chile

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Cuando una mujer populista está en el poder, ideologizar el discurso hacia el género consolida el discurso. (WikiCommons)
Cuando una mujer populista está en el poder, ideologizar el discurso hacia el género consolida el discurso. (WikiCommons)

Toda doctrina política tiene un discurso con el cual acarrea adeptos y aviva pasiones, sobre todo en las vertientes populistas. En el caso del socialismo del Siglo XXI es con el afamado «lenguaje inclusivo». El aspecto más sobresaliente de ese uso del lenguaje es la huella de la ideología de género. Ya que en el castellano el plural toma la forma masculina, el socialismo en su forma contemporánea reconstruye la dialéctica marxista para que los sujetos de opresión se vean visibilizados no solo a través de las personas sino en incluso en los objetos; como sucede cuando Nicolás maduro reparte «libros y libras» a «niños/niñas».

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A modo de justicia social, extiende la lucha de clases a una batalla entre los sexos donde equipara a la mujer con el proletario explotado —en este caso supuestamente invisibilizado a través del lenguaje— y al varón como el burgués explotador. En muchos discursos este paralelismo es frontal, en otros es subyacente. Lo que sí es evidente es cómo está cada día más presente.

Desde Venezuela hasta Argentina (sobre todo bajo el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner) el uso de «todas y todas» se normalizó al punto que forma parte de varias constituciones del continente, al igual que códigos penales y procesales.

En los países cuyos gobiernos están presididos por mujeres populistas, la ideologízación del lenguaje ha cumplido un rol no solo prominente sino fundamental para consolidar el discurso imperante. Por ejemplo en Chile, bajo el gobierno actual que quiso suplantar el término de fiestas patrias por fiestas matrias, surgió un fenómeno sobresaliente; sobre todo en cuanto llovieron las críticas y burlas en redes sociales.

La Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio de Interior y Seguridad Pública (ONEMI) publicó en Twitter que incorporará el «enfoque de género» en mensajes preventivos. Y no solo eso, no habló en nombre del Estado y tampoco del gobierno sino de la Presidenta; pues apela al personalismo, a la figura.

Dado que se trata del organismo gubernamental de emergencias, las burlas y sátiras incluyeron «terremoto y terremota», «riesgos y riesgas», «lluvia y lluvio», «volcanes y volcanas». «desastres y desastras», etc. Asimismo, otros aprovecharon para mencionar profesiones y oficios que tienen terminación femenina y que no están sujetas a cambio por ello ni reciben críticas por parte de varones como periodista, artista, legalista, futbolista, feminista, etc. Desde la sátira reflejan cómo la supuesta igualdad que pregonan los ideólogos del género solo aplica cuando el término es masculino. Si es femenino, no hace falta modificarlo ni agregar un equivalente del otro sexo.

En un discurso del 6 de agosto del 2013, Nicolás Maduro dijo «millones y millonas», al referirse a sus simpatizantes; pretendiendo aplicar la versión femenina de la palabra millones, cuando en realidad el uso de la «e» para el plural es neutro. Es decir, millones es tanto femenino como masculino.

 

Respecto a la influencia del lenguaje sobre la población y como instrumento de quienes la gobiernan, entrevistamos a Luis Herrera, profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Central de Venezuela,  miembro de la asociación civil Un Estado de Derecho y uno de los autores del libro La neolengua del poder en Venezuela, quien nos dice:

Modificación de la conducta

El lenguaje condiciona nuestras interpretaciones de la realidad, los juicios que nos formamos acerca de ella y por tanto las conductas que consciente o inconscientemente adoptamos. La lengua es acción, pues cuando con palabras se ordena, se interroga, se refuta o se conviene con otros en algo, actuamos y al mismo tiempo las personas con que nos comunicamos son afectadas y actúan, al obedecer, responder, ratificar su postura o aceptar la nuestra.

Los seres humanos actuamos  determinados en gran medida por lo que nuestras mentes estructuran como ideas, fines, creencias y métodos a partir del lenguaje. En el ámbito de la política, lo anterior se refleja de modo superlativo, pues mientras en una sociedad abierta gracias a la lengua libre que generan las instituciones democráticas y liberales hay pluralismo, debate, argumentación y contrapesos, en una sociedad cerrada, en la que la lengua que supura el régimen autoritario es cautiva, se observa lo contrario, uniformidad, monólogo, órdenes y ejercicio ilimitado del poder. Por eso los tiranos modernos se proponen dominar el lenguaje, a través de su manipulación, degradación y restricción arbitraria. 

Censura

Influye muchísimo, pues toda prohibición acompañada de amenazas penales en esta materia implica que las personas se privan de hablar, opinar, juzgar e interpretar la realidad de acuerdo a sus propias ideas, creencias y evidencias, a cambio de no ser castigadas por el poder autoritario, lo que poco a poco se traslada de la conducta a la mente, es decir, de no decir cosas en público, en redes sociales o en simples conversaciones, a no pensarlas siquiera, por el miedo que la censura del despotismo genera en las mentes y psique de las personas. Sin plena libertad de expresión, no puede existir democracia y menos aún República. 

Libertad de expresión y libertades civiles

Existe una correlación directa, pues otras manifestaciones de la libertad individual, como la libertad política, la libertad de pensamiento, la libertad económica, la libertad de cátedra, la libertad de asociación, la libertad de culto y hasta el disfrute de la propiedad privada, dependen de que exista libertad de expresión plena, pues uno de los componentes de esta es a expresar por todos los medios sociales, institucionales y políticos las ideas, críticas, propuestas y reclamos que se consideren válidos, justos y correctos desde las propias ideas, en especial para interpelar al poder y exigir que esté al servicio de los ciudadanos, que respete el ámbito de acción de estos y adopte medidas que la faciliten y promuevan.

Si se imponen la censura, la represión, el miedo y la cárcel, como evidentemente pretende hacerlo con mayor ferocidad el régimen a través de la “ley constitucional” (sic) del odio que produjo la supuesta asamblea constituyente, el ejercicio de las libertades antes mencionadas no sólo se ve de inmediato limitado, sino criminalizado, pues una opinión, reclamo o crítica que se emita en ejercicio de cualquiera de ellas puede implicar castigos de diversa índole, hasta la cárcel.    

Victimización como herramienta

El lenguaje corrupto, degradado y violento que emplea un poder tiránico, que sigue las estrategias descritas en la distopía de George Orwell 1984 para conformar una neolengua totalitaria, de un lado genera en muchas personas censura, miedo y pasividad, pero de otro genera en quizá muchas más personas sumisión, veneración y masificación de las personas, que pasan a allanarse a la interpretación única de la realidad que impone el tirano, en la que él es la única opción de salvación.

La neolengua encarcela la mente y ésta se vuelve impermeable a los hechos-, y toda otra alternativa a él la resistencia, la oposición, la comunidad internacional, la sociedad civil, etc.— es un enemigo del pueblo, de la revolución, de los pobres y de la justicia social. Convierte a esta parte de la población en lo opuesto a ciudadanos, en mendigos agradecidos y obedientes, llenos de terror y de veneración a su vez hacia el gran hermano, el Coba degenerado, que a través de la lengua los privó de su humanidad. Ojalá quienes aspiren, más allá de las mediocres alianzas electoreras, a liderar la lucha por la libertad en Venezuela, tengan claro estas realidades. 

Aunque aparentemente estos cambios lingüísticos sean inocuos, el propósito es claro. Todo populismo se basa en la división de lo que es pueblo y anti-pueblo. Pero con esta singularidad del género divide a la sociedad en una base aun más profunda que es no económica, como sucede convencionalmente, sino biológico. Le adjudica propiedades de clase a las personas basándose en su sexo y lo hace de tal modo que busca implantar una igualdad que suprime o en su defecto modifica al otro, siempre y cuando haya sido anteriormente masculino. No solo eso, vuelve tan incuestionable su adopción que aplica aun a lo absurdo; si es que lo dijo el líder, hasta pueden ser millonas de libras escritas para prevenir desastras de alta riesga.

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