El Salvador le dijo no al aborto

Jóvenes de la sociedad civil presionaron a sus legisladores, mostrando que adoptar medidas proaborto les costaría respaldo y votos

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(FotoMontaje de PanAm Post)

El jueves 26 de abril los movimientos que buscaban despenalizar el aborto, en cuatro causales, perdieron su oportunidad en El Salvador. La medida no logró suficiente respaldo en la última sesión en la legislatura, por tanto no pudo pasar a ser votada en el plenario.

Aunque la decisión se tomó a nivel legislativo, quien se destacó en esta iniciativa, desde manifestaciones en las calles hasta la colecta con decenas de miles de firmas en defensa de la vida de los no nacidos, fue por parte de la sociedad civil.

“La presión social lo fue todo”, nos explica José Manuel Olano Merino, abogado coordinador del equipo jurídico de VIDA SV, la organización de jóvenes profesionales y estudiantes pro-vida de El Salvador.

¿Cómo y cuánto influyó la presión desde la sociedad civil para que no se legalice el aborto?

El lobby del aborto nos ganaba por mucho en dinero, recursos, influencia en medios y presión internacional. Sin embargo, el aborto es tan rechazado por la sociedad salvadoreña que logramos reunir alrededor de 30,000 firmas en un fin de semana y convocar a cientos de jóvenes de un día para otro para que se hiciera presente en las manifestaciones dentro de la Asamblea Legislativa.

Le apostamos como David contra Goliat a que el sentir de la sociedad civil se notara ante los legisladores. Nuestro golpe de victoria fue hacer notar el costo político de ser un diputado proaborto. Fuimos uno a uno cabildeando con ellos para decirles que tendrían el apoyo de la sociedad al tomar una posición abiertamente provida

Esa estrategia se manejó desde antes de las elecciones del 4 de marzo con la campaña #YoVotoValoresSV.

¿Cuánta resistencia hubo por parte de grupos que buscaban la legalización, cómo surgió, quiénes son?

Hubo muchísima resistencia. Ellos tenían la pelota en su cancha. Recientemente habían recibido $100,000 de la fundacion Seattle. Solo necesitaban 5 votos de la Comisión de Legislación para que pasara al pleno. Con ese dinero fácilmente compraban con $20,000 a cada uno de ellos.

Los pro-aborto son: Morena Herrera la líder, una exguerrillera miembro militante del FMLN, fundadora del Colectivo Feminista para el Desarrollo Local. De ese colectivo nació en el 2009 con el primer gobierno de izquierda. Los otros proaborto son de La Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto Terapeutico Ético y Eugenésico. Pero, Morena Herrera es la ideóloga del movimiento proaborto en El Salvador.

Luego hay otros actores como Lorena Peña, que es la mejor amiga de Morena, compañera de luchas guerrilleras y feministas. Cuando Lorena alcanzó la presidencia de la Asamblea Legislativa, Morena le pidió a Lorena encabezar la iniciativa de ley del aborto en el legislativo.

En el 2016 y posterior a ello se les sumó Johnny Wright Sol, que por su mala formación liberal y haber vivido en EE.UU. toda su vida, fue el diputado de la derecha que decidió sumarse a la imposición del aborto, las feministas y el grupo parlamentario de izquierda lo llaman “compañero”.

La estrategia entre izquierdas y “liber progres” es evidenciada en una reunión grabada por el Centro de Derechos Reproductivos.

¿Qué implica el aborto para la igualdad ante la ley desde una perspectiva jurídica?

Para mi, el aborto jurídicamente hablando es una injusta jerarquización entre una vida vida humana y otra, que es completamente incompatible con el principio de igualdad y no discriminación.

Por ejemplo, una ley favorable al aborto en los casos de violación es una injusta segmentación social entre quien tiene derecho a vivir y quien no basándonos en la forma en como fue concebido, para mí personalmente es una forma de discriminación en base al origen del ser contrario a principios rectores de los Derechos Humanos como universalidad, igualdad y no discriminación y es ir contra la objetividad con la que deben ser respetados y cumplidos los derechos fundamentales de la persona humana.

Es establecer diferencias entre el valor de la vida del “deseado” y el “no deseado“, es sujetar los derechos fundamentales de la persona a los sentimientos y deseos de los demás, es justo ahí donde notamos cómo se violenta la objetividad con la que deben ser respetados los derechos.

Por eso es que sostengo que la despenalización del aborto, lejos de lograr la igualdad para la mujer, busca conseguir son esas injustas segmentaciones sociales, discriminaciones. O sea que es una desigualdad entre el valor de la vida de la madre y del hijo, como también desigualdad entre los hijos deseados y no deseados, por todos los ángulos desde donde he visto el tema aborto es discriminación.

Personalmente, me marcó una frase que está en una sentencia de la Sala de lo Constitucional Corte Suprema de Justicia, que es la sentencia 310-2013 sobre un famoso caso “BEATRIZ” con el que intentaron despenalizar el aborto hace ya años atrás, que dice así: “Los derechos de la madre no pueden privilegiarse sobre los del nasciturus (el que ha de nacer) ni viceversa; asimismo, que existe un impedimento absoluto para autorizar la práctica de un aborto por contrariar la protección constitucional que se otorga a la persona humana ‘desde el momento de la concepción”.

El primero de mayo inicia una nueva legislatura. Sin embargo, ante la presión ejercida por la población civil, los legisladores ya saben cuántos votos les podría costar retomar medidas que faciliten la despenalización del aborto.

 

 

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