Diputados chilenos afirman que Pinochet salvó a Chile de ser Venezuela

La diputada Camila Flores y el excandidato presidencial José Antonio Kast reivindicaron el legado de Pinochet, a quien adjudican la libertad y prosperidad de Chile

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Diputados chilenos afirman que Pinochet salvó a Chile de ser Venezuela (PanAmPost)

Pasado el 11 de septiembre y consigo el enfriamiento de las pasiones que genera, cabe resaltar que en el 2018 todavía hay quienes en Chile arriesgan sus carreras políticas por reivindicar las acciones del General Augusto Pinochet contra Salvador Allende, conduciendo a su muerte y por tanto su salida del Palacio de la Moneda.

Despierta la inquietud maquiavélica, ¿el fin justifica los medios? Se contabiliza la muerte de más de 3.000 chilenos por persecución política en casi dos décadas de gobierno militar. Para la izquierda chilena y latinoamericana, es inadmisible. En el resto de la sociedad, hay división.

Pues la realidad de Chile en el año 73 no distaba de lo que sucede todavía en Venezuela: escasez, economía controlada, grupos armados afines al gobierno, expropiaciones y el componente que engloba los cuatro elementos anteriores, socialismo.

Para el diputado y excandidato a la presidencia de Chile, José Antonio Kast, es claro. Gracias al accionar de Augusto Pinochet, Chile pudo no solo salir de la crisis económica en la que estaba sino que logró la economía más sólida de toda América Latina.

Y es que el accionar de las Fuerzas Armadas fue la conclusión de levantamientos civiles. Fueron precisamente las madres de familia las que empezaron a tomar las calles con lo que se llegó a conocer como “cacerolazos”, cuando tomaron las cacerolas para golpearlas y lograr que resuene el sonido de sus ollas vacías que reflejaban su incapacidad de alimentar a sus hijos, porque bajo el socialismo Chile pasó de ser un país exportador a ser incapaz de abastecerse a sí mismo (producía menos del 50% del consumo interno).

La escasez se debió mayormente a las promesas que cumplió el presidente Salvador Allende, como subir los salarios un 150%. Para hacerlo, imprimió tanto dinero que le restó valor al peso chileno.

Como no tenía recursos para dar, Allende optó por quitar. Decretó la expropiación sin indemnización de más de 3 millones de hectáreas (una cuarta parte del terreno cultivable) para avanzar con la redistribución de la riqueza, como dicta el socialismo.

1.200 chilenos murieron a causa de los enfrentamientos con los grupos armados que ocuparon fincas y asesinaron tanto a propietarios de viviendas como a empleados de fábricas que se oponían a la entrada por la fuerza de los comunistas. Una vez expropiadas, las dividían entre los militantes de Unidad Popular o formaban cooperativas.

Por eso Kast defiende a Camila Flores, diputada, de las críticas que recibe por afirmar que Pinochet salvó a Chile de una guerra civil.

Tanto que afirmó que “el pronunciamiento militar del 11 de septiembre de 1973 liberó a Chile de una dictadura marxista como la que hoy se vive en Venezuela”.

 

Y no es la única, el economista austriaco Friedrich Hayek, ganador del premio Nobel de economía, durante su visita a Chile en 1981 afirmó “Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un gobierno democrático, donde todo liberalismo esté ausente”.

Es decir, reconoció que —como sucede en Venezuela y sucedió en Chile bajo Allende— la democracia puede exigir medidas que sometan a la población, mientras que en una dictadura puede haber medidas —como pasó bajo Pinochet— que conducen a la prosperidad.

No obstante, no deja de ser polémico decir, leer e incluso escribir algo semejante. Más tomando en consideración que incontables desaparecidos no participaron de acciones violentas, entre ellos obreros capturados y enviados al campo de concentración de Pisagua en 1973 donde fueron fusilados y arrojados a una fosa común, cuyas familias aun no han visto sus cuerpos.

Pero en Chile y todo el continente aun hay quienes afirman que fue un mal necesario para impedir que en Chile haya balseros como hay en Cuba y el éxodo que hay en Venezuela, donde la moneda vale tan poco que los billetes se sacan en camiones y el dictador busca liberar el papel higiénico —que no existe porque se necesita dólares para importarlo— con tanques militares.

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