Operación Peter Pan: los 14.000 niños que huyeron del comunismo

La revolución socialista exige destruir toda "institución burguesa", esto incluye la religión y la familia, por eso la Iglesia Católica ayudó a escapar a los niños que iban a ser internados en campos de labor esclava para aprender a poner a la revolución y el Estado antes que la familia

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Entre 1960 y 1962 la Iglesia Católica ayudó a 14.000 niños a salir de Cuba para evitar el adoctrinamiento soviético con trabajo forzado. (Fotomontaje de PanAm Post)

La época navideña marca un tiempo de unión en familia. En celebración del nacimiento de un niño, la fiesta agasaja a los más pequeños. Pero en Cuba y para el exilio de esa isla, marca el inicio del sacrificio de las familias en favor de sus hijos, separarse de ellos, enviarlos solos, para evitar el adoctrinamiento comunista que pone al Estado antes que la familia.

El 26 de diciembre de 1960 comenzó la Operación Pedro Pan. En colaboración con la organización nacional de beneficencia de la Iglesia Católica, más de 14.000 niños salieron de Cuba sin sus familias y fueron recibidos en EE. UU. por familiares o ubicados en albergues y/o con familias adoptivas.

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Hoy muchos de esos niños son referentes del exilio y la disidencia. Incluso uno llegó a ser senador del estado de Florida y presidente del partido republicano a nivel nacional en EE. UU., Mel (Melquíadez) Martínez.

Llegaron a los EE. UU. a causa del temor de sus padres de que se reprodujera el sistema vigente en la Unión Soviética, donde los niños eran enviados al campo a realizar trabajo esclavo, obligados a pasar meses lejos de la familia para reemplazar los lazos familiares por los estatales.

«Hay muchas similitudes (entre la Operación Pedro Pan y las «escuelas al campo»), solo que nosotros no nos fuimos. Nos separaron de la familia igualmente», explica para PanAm Post Bárbara Travieso, infoactivista cubana que escapó de la isla a los 19 años, cuando se anunció que las mujeres también tendrían que cumplir el servicio militar obligatorio.

No obstante, las amenazas no se materializaron, solo los varones cumplieron ese deber. Llegando incluso a combatir y ser masacrados en África. Según cifras oficiales, entre 1975-1991 unos 350.000 cubanos hicieron el servicio militar obligatorio en Angola. Aunque el régimen solo reconoce y repatrió 2.000 muertos, cifras no oficiales estiman 10.000 muertos, muchos fallecidos por enfermedades.

El precursor de estas gestas fue el Che Guevara que emprendió guerras de guerrillas en el Congo, de la mano cubanos negros.

Pero todos, indistinto al sexo, fueron a las escuelas agrícolas. Travieso explica que en la zona rural del país las escuelas secundarias se cerraron.  Pues para que surja el hombre nuevo del socialismo era necesario que, desde temprana edad, todo cubano sea desvinculado de las instituciones asociadas a la «cultura burguesa», siendo la familia el motor de la producción de la propiedad privada.

Mientras que la inserción de los menores en la revolución era parte del proceso de socialización. «Donde todo es de todos, nada es de nadie», dice el refrán popular. Bajo esta lógica, la remoción de la «patria potestad», la tutela de los padres sobre los hijos, pasaban a ser y estar al servicio de la revolución.

Desde los 12 años de edad, los niños podían volver a sus casas solo por el día de la madre, en algunos casos en sus cumpleaños. Su trabajo en el campo financiaba su educación, vivienda y comida. Ni ellos ni sus familias recibían dinero. Es decir, trabajaban en condición esclava.

En las ciudades también existía el sistema, pero al ser las distancias más pequeñas había mayor contacto con las familias. Mientras que los niños que eran asignados a una provincia que no era la suya tenían pocas posibilidades.

El esposo de Travieso, por ejemplo, trabajó de niño cosechando frutillas en La Habana. Los niños no podían consumir lo que cosechaban. Es decir, no solo no recibían pago, sino que ni siquiera podían alimentarse con las frutas, sino solamente con lo asignado.

Para evitar que lo hicieran, guardias con armas largas hacían una inspección diaria. Revisaban las bocas de los niños para constatar que no habían comido las frutas.

Además de la finalidad ideológica, la mano de obra esclava infantil garantizaba la producción agrícola de la isla y esto significaba mantener aflote el sistema de dependencia estatal que fomenta el socialismo.

Pero con la caída de la Unión Soviética y consigo la disminución de recursos que recibía el régimen cubano, sobre todo en el campo tecnológico, se redujo paulatinamente la capacidad de sostener la infraestructura de las escuelas agrícolas, particularmente los centros preuniversitarios que consistían de edificios colosales para albergar a numeros estudiantes y centros de investigación.

De modo que los temores de los padres que enviaron a sus hijos a EE. UU. en la Operación Pedro Pan eran ciertos.

Aprovecharon que hasta la Crisis de los Misiles de1962, desatada por los misiles de largo alcance implantados por la Unión Soviética en suelo cubano como amenaza militar contra los EE. UU., cuando terminó el tráfico áereo entre Cuba y EE. UU., era posible viajar por vía aérea.

Y fue posible financiar esos viajes gracias a las contribuciones de las compañías que fueron expropiadas por el régimen, lo que produjo el embargo -mal llamado bloqueo- como medida de reciprocidad.  Porque además, Fidel Castro dio la orden que los pasajes aéreos no podían ser comprados con pesos cubanos, solo dólares americanos, logrando que solo extranjeros pudieran comprar pasajes.

Recién en 1965 se levantó la prohibición para los «Vuelos de la Libertad». Según reporta la misma beneficiencia católica que ayudó a sacar a los niños cubanos de la isla, el 90% se pudo reunir con sus familias gracias a estos vuelos.

Con esta salida masiva, la dictadura se libró de buena parte de sus disidentes desde los inicios de la revolución.

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