Trump, el ganador el primer debate presidencial del Partido Demócrata

Los candidatos del partido opositor se enfocaron en destruirse entre ellos, lo cual favorecen la campaña de Donald Trump.

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Miembros de la prensa asisten al primer debate presidencial demócrata 2020 este miércoles en el Centro de Artes Escénicas Adrienne Arsht de Miami, Florida (EE. UU.). EFE/ Giorgio Viera

Inició la época de debates entre los precandidatos a la presidencia de EE. UU. por parte del Partido Demócrata. Esta vez el ganador no estuvo entre los asistentes, ya que pertenece al Partido Republicano: Donald Trump.

Así lo explican analistas que resaltan cómo los candidatos se enfocaron más en destruirse entre ellos, que son del mismo partido, que en ofrecer propuestas para enfrentar a su adversario. Esta situación potencia la campaña de reelección del mandatario.

Trump no solo no estaba en el escenario, ni siquiera estaba en el país. Estaba rumbo a Japón para una cumbre económica.

Mientras tanto, los diez candidatos que estaban debatiendo le dieron al mandatario el combustible suficiente para su campaña, ya que en lugar de unidad, los demócratas mostraron fragmentación.

Demócratas hablan en español para ganar simpatía entre latinos

El debate se llevó a cabo en la ciudad de Miami, donde el 70 % de la población es hispana. Tres de los precandidatos apelaron a esa comunidad y empezaron a hablar en español. Tanto que entre el mediador del debate (el periodista que recién entrevistó a Trump en el lanzamiento de su campaña en Floria, el cubano-americano José Díaz-Balart) y uno de los precandidatos hubo una pequeña ronda de preguntas y respuestas en español, lo cual dejó por fuera a la mayoría de los presentes.

Y es que el voto latino lleva una tendencia clara hacia la derecha política y los demócratas lo saben. Por eso buscan recuperar esos votos.

Cuando Trump asumió la presidencia, contaba con el respaldo del 33 % de los latinos. Ahora estaría contando con el 50 %. Es decir, habría aumentado un 17 %.

Uno de los factores que ha impulsado a Trump entre la población latina es que en su administración el empleo llegó a un punto histórico, beneficiando a esta población.

A su vez, la campaña activa del mandatario contra regímenes socialistas, de los cuales huyen muchos latinos, ha significado que los exiliados de Cuba, Venezuela y Nicaragua lo respalden.

Como dijo una simpatizante de «Latinos por Trump»,  nadie sabe como los latinos lo duro que es enfrentarse a la migración en la frontera. Pues los que cruzan ilegalmente se enfrentan a las mafias de los coyoteros, el tráfico de personas, abuso sexual contra una de cada tres mujeres, secuestro e incluso la muerte.

En el mes de junio más de 50 cubanos perdieron la vida intentando ingresar a EE. UU. a través de Centroamérica. Este problema se ha agravado a raíz de que Obama revocara la política que les permitía llegar directamente a los EE. UU.

La cuestión migratoria divide a los demócratas

Mientras la situación migratoria tiene un consenso entre los republicanos, que debe ser legal, entre los demócratas genera tensión.

El exsecretario de Vivienda y Desarrollo Urbano, Julian Castro, criticó al exparlamentario Beto O’Rourke, ambos de Texas, por su postura frente a la situación migratoria. Incluso comparó a su rival con los precandidatos Warren y Cory Brooker, que son de estados del noreste, alegando que pese a estar lejos de la frontera están mejor informados que él.

«Me parece muy irónico que un senador de Massachusetts y un senador de Nueva Jersey sean los que entiendan esta política fronteriza y esta ley», replicó Castro.

Castro es el único latino entre los candidatos, aprendió español con su abuela. Aunque no domina el idioma. Mientras que O’Rourke castellanizó su nombre Robert a «Beto» para empatizar con la comunidad latina.

La política antiintervencionista de Trump ha vuelto a los demócratas proguerra

Otra división entre los demócratas es la política extranjera frente a la presencia militar. La precandidata Tulsi Gabbard es la única veterana de guerra entre los candidatos. Es también la más firme contra la presencia militar ofensiva en el extranjero. Por eso chocó con su rival Tim Ryan del estado de Ohio, quien insiste en que el Ejército de EE. UU. debe permanecer en Afganistán.

Aunque a nivel legislativo los representantes del Partido Demócrata terminan respaldando mayormente la participación de EE. UU. en guerras extranjeras, a nivel electoral han exhibido al Partido Republicano como el militarista, y deciden ignorar que fue Obama el que inició múltiples guerras como presidente, mientras que Trump ha optado por la retirada y autorizar ataques solo en zonas deshabitadas.

Desde su campaña electoral Trump afirmó que EE. UU. no será más la policía del mundo. Mientras que el antagonismo que su figura genera ha logrado que haya clamor por la guerra, en contraposición a su pedido por la paz. Tanto que cuando retiró a las tropas de Siria, Hollywood arremetió contra él alegando que quedaría la zona a merced de Rusia.

Finalmente, luego del debate, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, que aspira a la presidencia, prefirió afirmar que «iremos tras Trump un montón», en lugar de presentar propuestas que beneficien a los estadounidenses.

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