Cómo los delatores prolongan la agonía bajo la dictadura cubana

7,6 de los 12 millones de cubanos forman parte de los Comités de Defensa de la Revolución, y son premiados por delatar a los opositores al régimen

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La dictadura comunista sigue en el poder en Cuba gracias, en buena medida, al sistema de delatores. (Yusnaby Pérez)

La dictadura más larga del continente americano sigue en el poder luego de 60 años, gracias y en buena medida a su trabajo de infiltración en la sociedad civil que «purga» las calles de disidentes.

Su reciente objetivo fue una anciana de 77 años que vende maní en las calles por necesidad y desmonta la propaganda de un Estado de bienestar que supuestamente garantiza el cuidado de todos sus habitantes.

El visible estado de desnutrición de la señora, al igual que su testimonio, pone en evidencia que Cuba no es la utopía que alegan sus defensores.

Esta «contrarrevolucionaria» fue denunciada ante la policía por «chivatones», —término que la oposición usa para denominar a los delatores al servicio del régimen—, porque expone ante los turistas la necesidad que sufren los cubanos.

Dos mujeres, que anunciaron trabajar en el sector educativo, increparon a la anciana por no pedir ayuda al Gobierno y en su lugar recibir ropa y dinero de turistas. Le gritaron que el 5 % de su salario va para el servicio de los ancianos como ella y le cuestionaron por hablar mal del gobierno.

No es información pública dónde van destinados esos fondos que sustrae el régimen a los empleados estatales, porque la emisión de cifras oficiales está al mando de la dictadura.

La anciana tenía sus paquetes de maní envueltos en papel manualmente. Declaró ante cámaras que los vende hace 30 años. Sostiene que no le hace mal a nadie. Al parecer sí hace mal a la imagen del régimen y su acción fue suficiente para ser denunciada ante la policía.

De acuerdo a la lógica de las empleadas estatales, era reprochable que una mujer trabaje de forma autónoma, en lugar de depender del Estado y por tanto del contribuyente. Mientras que para ellas es respetable vivir a expensas de los demás, como hacen ellas que trabajan en función del régimen.

El video fue filmado por turistas latinos residentes en California, EEUU. La indignación fue multitudinaria; a quienes las «chivatonas» acusaron de «contrarrevolucionarios». Las reacciones en Internet no tardaron en llegar. Algunos internautas alegan que las mujeres que increparon a la anciana en realidad eran agentes del Gobierno disfrazadas de civiles para emitir al mundo una imagen frente a cámaras de que en Cuba todo marcha bien.

La Constitución permite el ataque, incluso armado, contra opositores al régimen 

Ante la era digital y la facilidad de transmitir noticias desde el teléfono, la dictadura comunista se enfrenta a un nuevo reto. No puede controlar la transmisión de noticias como lo solía hacer. Entonces filtran videos como este y se multiplica la cantidad de personas que puede observar cómo trata el régimen a los ciudadanos.

«Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución», dicta la nueva Constitución cubana. Y con orden establecido, se refiere al carácter «irrevocable» del socialismo.

De modo que dentro de la sociedad civil hay un sistema de disciplina que permite al propio ciudadano «corregir» al otro y en caso de no persuadirlo, apelar a las fuerzas de seguridad.

Hay un Comité de Defensa de la Revolución en cada cuadra

Para garantizar tanto el funcionamiento como la perpetuidad del régimen, el 28 de septiembre de 1960 se crearon los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) en La Habana. Su rol es vigilar colectivamente la injerencia externa y los actos de desestabilización del sistema político imperante.

De los 12 millones de cubanos que hay, más de la mitad forman parte de las CDR: 7,6 millones integrantes a favor del socialismo. Es decir, gran parte de la población garantiza su subsistencia manteniendo la dictadura a flote.

Cada cuadra tiene una CDR y esta funciona a escala barrial, provincial, nacional e incluso dentro del Parlamento. Esto le garantiza además una fuente de trabajo a los cubanos en servicio de la revolución. Garantiza un salario mínimo, recientemente aumentado a 16 dólares mensuales; hecho que resalta la «chivatona» en el video como algo positivo.

Mientras los empleados públicos ganan salarios miserables , según la revista Forbes, Fidel Castro dejó una herencia de 900 millones de dólares, un monto descabellado frente a una sociedad civil con un sueldo promedio que se elevó hace semanas a 42 dólares (no es lo mismo que el salario mínimo de 16 dólares) debido a la incapacidad de los cubanos de adquirir productos básicos con menos.

Elián González, de balsero a líder del Comité de Defensa

Es decir, mientras se enriqueció por más de medio siglo el líder la revolución, se empobrecían sus gobernados. Por ello y la persecución política, al menos 2 millones de cubanos han escapado de la isla, cruzando en balsa aguas infestadas de tiburones.

Entre ellos se destaca Elián González, un niño cuya madre murió, se ahogó mientras intentaba escapar de Cuba y él fue devuelto a Cuba por exigencia de su padre. Allí, ya adulto, se incorporó como líder de la CDR de su zona.

«No profeso ninguna religión, pero si fuera así mi Dios sería Fidel Castro»

Quince años después de su rescate en altamar, fue entrevistado por el medio oficial del régimen, Granma: “Fidel Castro es como un padre para mí”, declaró, “No profeso ninguna religión, pero si fuera así mi Dios sería Fidel Castro”.

En conclusión, la red de control estatal que va desde la Asamblea hasta las calles, asegura que nadie vaya contra el régimen y valida constitucionalmente la persecución ideológica e incluso la agresión contra los opositores.

Todo aquel denominado «contrarrevolucionario» será perseguido abiertamente, con el aval de la Constitución y en complicidad con la sociedad civil leal al régimen, que ha sido idolatrado por sus defensores.

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