Murió Mugabe, de libertador a dictador empobrecedor

El control sobre el mercado produjo tal escasez de alimentos que se normalizó la venta de carne de perro, luego de haber expropiado a los granjeros blancos y ordenar la muerte por represión de al menos 10 000 manifestantes negros

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Mugabe, de 95 años, acaba de morir como el dictador más longevo de la historia. Murió de anciano, sin sanción moral ni judicial, pese a sus abusos. (WikiCommons)

Murió el dictador más longevo del mundo, Robert Mugabe, el primer presidente negro de Zimbabue, tras la independencia de la corona británica. Fue tan amado por sus inicios como odiado por su gestión. Pues reprimió, censuró e incluso ejecutó a sus opositores y empobreció a la nación, por medio de expropiaciones masivas que acabaron con el agro.

Hasta hoy, Mugabe es reconocido como un héroe por terminar con el mandato británico. Pero la oposición creció paulatinamente, acorde el liberador se volvió un tirano, al punto que ordenó perseguir a sus opositores negros, rondando los 10 000 muertos en las protestas realizadas entre 1983 y 1985. Además, durante el proceso de estatización, expropió las tierras del país, que eran mayormente cultivadas por granjeros blancos, y terminó con la agricultura de la nación, desencadenando esto en hambre, pobreza y desabastecimiento.

El dictador llegó al poder como mártir de la causa panafricana. En 1963 fue arrestado por su activismo contra el gobierno imperialista británico y encarcelado durante 11 años. Finalmente, fue liberado en 1974 y viajó a Mozambique para unirse al movimiento guerrillero Zimbabwe African National Union, que lo escogió como su líder a lo largo de un lustro. Tras volver, fue elegido como primer ministro de Zimbabue, en 1980.

Mugabe denominó a su pensamiento como «marxista-leninista-maoísta», y, según sus críticos, gobernó como estalinista. Aunque a diferencia del ateísmo institucional de los dictadores que él admiró y encarnó, Mugabe creía en Dios y que este le había puesto en el poder. Por lo que declaró que solo Dios lo podía sacar de ahí.

Pero el mandato “divino” llegó a su fin luego de un devastador colapso económico que produjo que los billetes tuvieran fecha de vencimiento por su pérdida total de valor. Finalmente, en el 2017, el Ejército se levantó en su contra y el anciano de 93 años fue retirado de su cargo por medio de un golpe de Estado.

El impacto del control de la economía por parte de Mugabe es evidente en las cifras(Gráfico traducido con información del Banco Mundial)

De acuerdo con los críticos de Mugabe, la corrupción y el control de la economía produjeron la crisis. Antes de las medidas expropiadoras del dictador, Zimbabue era conocido como el granero de la región. Por eso sus detractores señalan que el colapso económico fue producto que las expropiaciones que iniciaron en el 2000, a menudo violentas, por parte del Gobierno a miles de granjas comerciales de propietarios blancos.

La carne, la harina de maíz, el pan y otros alimentos básicos desaparecieron de las tiendas. En junio de 2007, Mugabe ordenó recortar los precios de todos los bienes y servicios, lo que provocó el deterioro agudo de la escasez de alimentos y dejó a las tiendas prácticamente vacías de alimentos básicos.

Crisis llevó a la venta ilegal de carne e incluso el consumo de mascotas

Ese mismo año la inflación oficial fue de más del 7 600 por ciento, la más alta del mundo hasta entonces. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la inflación real era del 25 000 % y estimaba que hacia el final del año llegaría al 100 000 %. Ya que los datos eran manejadas únicamente por el régimen, es difícil conocer la cifra exacta.

Al igual que las personas, los animales fueron duramente afectados por la crisis económica de Zimbabwe. De acuerdo con el boletín de la Society for Prevention of Cruelty to Animals (SPCA), las mascotas, en su mayoría perros, fueron masacrados y comidos.

«No es ilegal comer carne de perro en este país, pero tenemos leyes sobre cómo los animales deben ser sacrificados humanamente», indica la organización.

«Pero ante la inanición y el creciente número de animales callejeros y abandonados, los problemas morales se vuelven mucho más complejos y no deberíamos ser demasiado apresurados en nuestras condenas cuando los animales y las personas sufren por igual».

Tras regular a nivel estatal el precio de la carne de res, dada su escasez por el azote al campo, el precio de esta en el mercado negro se disparó diez veces del precio regulado, y se volvió un bien aún más escaso. Ante lo cual, la carne de los perros abandonados por la incapacidad de mantenerlos, tanto en casas como en albergues, se volvió un producto de venta en condiciones insalubres (dentro de baúles de automóviles).

En el continente americano fenómenos como el control de precios y el sacrificio de animales se han presentado en los países con gobiernos de la misma ideología que Mugabe: el socialismo. Por ejemplo, en Venezuela, la necesidad ha empujado a muchas personas a alimentarse de especies en peligro de extinción, así como a sacrificar animales de zoológico.

Acorde más sufren las personas, más sufren los animales

Del mismo modo, en Cuba, con la caída de la Unión Soviética, nació la escasez del llamado periodo especial, cuando se popularizó comer carne de gato. Fenómeno que volvió a surgir, en menor grado, ahora que Cuba perdió los subsidios de la empobrecida Venezuela.

Así como sucede en dichos países, el legado de Mugabe deja en evidencia que no importa quién aplique las ideas de la «redistribución de la riqueza», de dar a unos para quitar a otros. Tampoco importa dónde sean aplicadas, siempre estarán destinadas al fracaso.

Mugabe implementó el socialismo en sus distintas variantes. Al estilo marxista, leninista, maoísta e incluso estalinista, y lo único que logró fue empobrecer a sus habitantes y forjar un sistema de salud que ni a él mismo pudo salvar.

Murió en Singapur, una nación que se caracteriza por la enorme prosperidad que creó gracias al capitalismo de libre mercado. Y al igual que su coideario Fidel Castro, murió de anciano, impune, sin sanción ni condena judicial, pese a sus múltiples atropellos a la vida, libertad y propiedad de sus habitantes.

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