70 años de la República Popular China: de hambruna a prosperidad con represión

El 1 de octubre de 1949 se instauró la revolución de Mao Zedong, que cobró la vida de aproximadamente 45 millones de chinos

1.336
China festeja 70 años de la dictadura comunista más larga de la historia. (EFE/European Press Photo Agency).

Las campañas de conservación del planeta están en las calles y canales del mundo. Anuncian que la preservación de las especies va de la mano de la lucha contra el capitalismo. Pero nada dicen sobre el impacto sobre el medio ambiente, la depredación de las especies e incluso los mares secados por el comunismo. A la vanguardia está China, el país más contaminante del mundo, bajo el mismo régimen comunista hace 70 años.

El 1 de octubre de 1949 se instauró la revolución de la mano de Mao Zedong, a quien se le adjudica la muerte de aproximadamente 45 millones de chinos entre 1958 y 1961 durante la industrialización de China, proceso conocido como «el gran salto adelante».

Suscríbase gratis a nuestro boletín diario

China, el país que más contamina en el mundo no estaba entre los países denunciados en la ONU durante la Cumbre de Acción Climática por la activista sueca Greta Thunberg y un grupo de jóvenes idealistas, a pesar de que solo en el 2019, las emisiones de carbono de China aumentaron un 2,2 %, llegando a más de 9 mil millones de toneladas de CO2.

La escasez del comunismo exigió matar a todas las aves

Dice el refrán que en China se come todo lo que se mueve en la tierra menos el tren, todo lo que vuela menos el avión y todo lo que nada menos el barco. Pero no fue siempre así. La escasez que produce el comunismo llevó al consumo de todo tipo de animal para suplir las necesidades básicas, al punto que se normalizó.

Durante la Revolución Agraria, por ejemplo, se ordenó matar a todos los gorriones. Ya que esta ave comía grano, la mataron para que hubiese más alimento. Pero sucedió lo opuesto, al no haber depredadores naturales para controlar la población de insectos, hubo una plaga de langostas que arrasó con la cosecha.

El hambre que produjo mató a un promedio de 8 millones de personas, la plaga de langostas hizo que fuese necesario importar los gorriones que anteriormente exterminó. El régimen comunista las importó de su aliado ideológico: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

De 1958 a 1961 desapareció toda iniciativa privada, desde la agricultura hasta comer en casa; actividad que fue reemplazada por los comedores comunitarios dentro de las comunas populares. Todo aspecto de la vida era en función de la revolución.

Desde 1978 China empezó a liberar sus mercados y salió del hambre y la miseria

No fue hasta 1978, cuando Deng Xiaoping, un revolucionario chino y veterano del Partido Comunista, adoptó métodos y reformas capitalistas para estimular el crecimiento económico y restaurar la confianza que China pudo salir del hambre y la miseria.

Deng lanzó varias reformas económicas que permitieron al sector privado iniciar y operar sus propios negocios una vez más, ante la prohibición expresa de la empresa privada que existía con Mao. También estableció cuatro zonas económicas especiales a lo largo de la costa de China con la intención de atraer inversiones extranjeras.

Debido a las reformas que Deng implementó, China pasó de ser un país que se oponía al capitalismo, a uno que abarca los derechos de propiedad, las ganancias y la competencia en el libre mercado.

Para el 2015, la Bolsa de Shanghai se convirtió en la tercera más grande del mundo por capitalización de mercado.

El gigante asiático se volvió una potencia de productos básicos, importando más de la mitad del consumo anual mundial de aluminio y casi la mitad de níquel, cobre, zinc, estaño y acero.

El aniversario de la revolución comunista potenció la represión en Hong Kong

Aunque la mayor libertad económica significó una mejora sustancial en la calidad de vida de los chinos, la represión por parte del régimen comunista continúa.

El caso más significativo fue la masacre de Tiananmen, la plaza se llenó de estudiantes en 1989, contagiados del mismo espíritu que derribó el muro de Berlín. Pero fueron fusilados. El régimen reconoció 300 muertos, pero la Cruz Roja China anunció al menos 2 600.

Hoy ese espíritu se vive en Hong Kong. Los manifestantes llevan 17 semanas repudiando un proyecto de ley de extradición que permitiría a los sospechosos ser juzgados por el sistema legal de China.

El aniversario de la revolución comunista en China agravó la represión contra los manifestantes. Por la mañana del 1 de octubre, fue documentado un disparo a quema ropa.

Los manifestantes marchan con banderas de diferentes países e instituciones internacionales, como los Estados Unidos y las Naciones Unidas, en un llamamiento a la comunidad mundial para apoyar el movimiento.

La policía intentó detener la marcha pacífica, que no fue aprobada por las autoridades, con gases lacrimógenos y balas de goma, así como una serie de arrestos.

La persecución religiosa sigue en pie

Entre los manifestantes, hay marchas silenciosas por parte de agrupaciones cristianas, particularmente católicas, que temen correr la misma suerte que sus hermanos de fe en la China continental.

El obispo de Hong Kong, el cardenal Zen, hizo un llamado a los católicos a «volver a las catacumbas», dado que el régimen chino persigue a los 12 millones de católicos en el país.

Para intentar revertir el fenómeno, el Vaticano permitió que el régimen elija a los sacerdotes, como dispuso el régimen, acción que fue tan aplaudida como cuestionada. Pues permite el ejercicio de la fe, pero de forma condicionada. Quienes eligen ir a misas no autorizadas, deben hacerlo en la clandestinidad.

Control de conducta por medio de un sistema de puntajes

Pensar y actuar por fuera del mandato del régimen es una tarea cada vez más difícil. Pues existe tecnología de reconocimiento facial, todas las redes sociales están vinculadas, hay control estatal sobre el Internet y por tanto páginas prohibidas y lo más importante: existe un sistema de evaluación social que aumenta o reduce los puntos de los ciudadanos de acuerdo a su obediencia.

Ya a más de 1 millón de personas, por ejemplo, le ha sido negada la posibilidad de usar transporte público por su bajo puntaje. Mientras que el consumo de productos locales, registrados a través de las aplicaciones, puede aumentar puntos como premio, los cuáles les pueden acarrear beneficios. Por ejemplo, el régimen se encarga que para los ciudadanos con mejor puntaje sea más fácil acceder a una visa o cualquier trámite estatal.

No obstante, tener amigos con bajo puntaje reduce el puntaje propio. Entonces la persona tiene opción de alejarse de esa persona o incentivarla a ser más obediente.

Así, China se ha convertido en el futuro distópico que alertan novelas y series de ficción como Black Mirror, donde la capacidad de consumo se asume como libertad, cuando en realidad está condicionada.

El poder del periodismo. La importancia de la verdad.

¡Su contribución lo hace todo posible!

Cuando comenzamos el PanAm Post para tratar de llevar la verdad sobre América Latina al resto del mundo, sabíamos que sería un gran desafío. Pero fuimos recompensados por la increíble cantidad de apoyo y comentarios de los lectores que nos hicieron crecer y mejorar.

¡Forma parte de la misión de difundir la verdad! Ayúdenos a combatir los intentos de silenciar las voces disidentes y contribuye hoy.

 

Contribuya hoy al PanAm Post con su donación

Suscríbase gratis a nuestro boletín diario
Suscríbase aquí a nuestro boletín diario y nunca se pierda otra noticia
Puede salirse de la lista de suscriptores en cualquier momento