«Tiranos temblad», renace un Uruguay desvinculado del socialismo

El presidente Luis Lacalle Pou se distanció de las tiranías de Cuba, Venezuela y Nicaragua que respaldó Uruguay bajo el mando de la izquierda

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El presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, junto a la primera dama Lorena Ponce de León, durante la asunción (EFE)

A partir del domingo 1 de marzo hay un nuevo presidente en Uruguay. El flamante Luis Lacalle Pou dijo expresamente que Nicolás Maduro, Raúl Castro y Daniel Ortega no estaban invitados al cambio de mando y así fue. Resonó el himno con mayor furor de lo usual, en particular la estrofa «tiranos temblad».

¡Orientales, la Patria, ó la tumba! Libertad, ó con gloria morir! Es el voto que el alma pronuncia, Y que heroicos sabremos cumplir! De este don sacrosanto la gloria Merecimos: tiranos temblad! Libertad en la lid clamaremos, Y muriendo, también libertad!

Y fue por medio de su voto que los uruguayos decidieron poner fin a 15 años de complicidad con las tiranías de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Durante la década y media que estuvo en el poder el Frente Amplio, primero con el «Pepe Mujica», luego con Tabaré Vásquez, la nación oriental se volvió cómplice del chavismo. Tanto es así que desvincularon del partido al Secretario General de la OEA, Luis Almagro, por sus duras críticas al chavismo y un diputado del FA fue a la asunción de Lacalle Pou con la bandera cubana, en supuesta solidaridad con la revolución comunista.

Los vínculos entre Uruguay y el socialismo del siglo XXI eran tales que incluso el hijo del expresidente Vásquez estuvo a cargo de la seguridad informática del régimen de Maduro. Comúnmente se confunden como sinónimos los términos dictador y tirano. Pero ciertamente son distintos. El dictador toma el poder por la fuerza para estabilizar a un país en medio de una crisis, sobre todo con el respaldo de las Fuerzas Armadas y abandona el poder una vez cumplida su misión.

El tirano en cambio llega al poder por la vía democrática y no abandona el poder, sin el uso de la fuerza. Tal es el caso de los mandatarios Raúl Castro (antes que él su hermano Fidel, quien murió en el poder), Nicolás Maduro y Daniel Ortega. Mientras la vecina Argentina (cuyo presidente no asistió a la asunción de Lacalle Pou) le sirve de guarida a Evo Morales, quien sostuvo el poder por 14 años e intentó mantenerse al mando anulando la segunda vuelta electoral, Uruguay reconoció e invitó a Jeanine Áñez, la presidente interina de Bolivia. De hecho, el sindicato más grande de Uruguay, Plenario Intersindical de Trabajadores – Convención Nacional de Trabajadores (PIT-CNT) repudió tanto la presencia de la presidente Áñez como de Jair Bolsonaro, al igual que el uruguayo Luis Almagro.

En contraposición, el discurso inaugural del presidente Lacalle Pou dejó en claro el cambio de visión respecto al rol del Estado y sobre todo el cargo como presidente de forma temporal, lo opuesto a lo que sucede en Cuba, Venezuela y Nicaragua, regímenes defendidos por la izquierda política uruguaya. «Somos inquilinos transitorios del poder. Somos empleados de los ciudadanos y estamos para servirlos. La política y el gobierno son un servicio. El gobierno que hoy empieza, pretende con sus empleadores tener una relación transparente, de comunicación constante, para poder generar confianza», exclamó.

Resaltó el rol del comercio, como base material para crear tanto libertad como justicia y oportunidades. Por eso elevó «el derecho de quienes viven de su trabajo y de quienes generan esos puestos de trabajo», es decir, tanto del empleado como del empleador, quebrando esta falsa dicotomía que divide a la sociedad entre proletarios y burgueses, al fiel estilo socialista. Lo mismo aplicó respecto a la criminalidad. Reforzó la importancia de defender los derechos de los presos, también de quienes son víctimas de las delincuencia y quienes la combaten, las fuerzas de seguridad. Diametralmente opuesto a los tiranos que no admitió a su asunción, que persiguen a la oposición, Lacalle Pou defendió «la libertad de criticar al gobierno cuando se lo merezca, la libertad de buscar la felicidad de cada uno de nosotros por los caminos que cada uno elija recorrer».

Como conclusión, el presidente uruguayo declaró: «Dentro de cinco años podrán evaluar los uruguayos nuestros desempeño. Estamos convencidos que si al final del período los uruguayos son más libres, habremos hecho bien las cosas, de lo contrario habremos fallado en lo esencial».

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