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“Los niños dicen Cristina antes que mamá”: El kirchnerismo estúpido de Hebe de Bonafini

Por: Marcelo Duclos - @marceloduclos - Jul 3, 2017, 9:41 pm
La carta de la titular de Madres de Plaza de Mayo es digna de la locura chavista. (Twitter)
La carta de la titular de Madres de Plaza de Mayo es digna de la locura chavista. (Twitter)

Una de las defensoras más acérrimas del kirchnerimo es la titular de la Fundación de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. El alineamiento al modelo kirchnerista por parte de la dirigente de izquierda fue tal, que terminó defendiendo al Jefe del Ejército impuesto por Cristina Kirchner, César Milani, que terminó detenido por violaciones a los Derechos Humanos que supuestamente Bonafini reivindica.

En el marco de la campaña para senadora por la Provincia de Buenos Aires de Cristina Kirchner, Bonafini le escribió una carta abierta que publicaron los medios donde se mezcla la obsecuencia, el absurdo y el ridículo:

“Cuando la ves vestida de princesa en una asunción o parada en un escenario con un blusón de lana que le queda grande, la ves tan pequeña, tan frágil que sentís ganas de protegerla y abrazarla”, comienza la oda de Bonafini.

En el segundo párrafo luego de destacar la “inteligencia de la exmandataria” la titular de Madres de Plaza de Mayo afirma: “De pie enfrentó al Fondo Monetario Internacional (FMI) como nunca nadie lo había hecho. Así, defendió a su pueblo con seguridad y terminó con la deuda”. Habría que preguntarle a Bonafini a qué se refiere con “enfrentar” ya que Argentina era parte del FMI antes de Cristina, lo siguió siendo luego de ella y el único trato importante que tuvieron con el organismo multilateral fue el pago cash por parte de Néstor (algo que el kirchnerismo con pretensiones de izquierda nunca pudo justificar). El endeudamiento luego continuó vía Venezuela, porque el FMI quería auditar las cuentas Argentinas, pero el Gobierno, que falseaba todos los índices, no estaba dispuesto. Chávez prestó a tasa más alta, pero haciendo menos preguntas.

“Soportó de pie la muerte de su compañero de toda la vida, el gran político y, en ese momento tan difícil, tampoco nos abandonó. Jamás renunció a la lucha por y para nosotrxs a pesar de ser traspasada por el dolor”. Más allá del dolor visual que impone la “x” que busca reemplazar a las “a” y las “o” como una manifestación infantil rebelde de igualdad de género, Bonafini sigue queriendo idealizar a los exmandatarios, incluso dentro del ámbito personal, donde ya es de público conocimiento que hace varios años Néstor y Cristina no eran más que socios políticos. La aparición de la amante del expresidente, que ocupó un cargo de secretaria durante el primer mandato kirchnerista, se esconde bajo la alfombra del relato que pretende simular una realidad que no es en pos del mito épico.

Pero probablemente la mayor estupidez de la carta sea lo que Bonafini se guardó para el final:

“Todos los latinoamericanos la amamos porque ella, la más grande mujer, abrió la puerta a todxs. Hoy los niños dicen Cristina antes que mamá y con sus pequeños deditos hacen la V de la victoria”.

Al ver estas manifestaciones puede comprenderse el rechazo de este personaje por el modelo capitalista. Probablemente en el único lugar del mundo donde pudo haber sobrevivido con estos relatos era la Rumania de los Ceaucescu, donde probablemente hubiese desempeñado el trabajo de redactora oficial.

Cuando uno ve la locura a la que fue sumida Venezuela sin encontrar una explicación lógica para tanto delirio y caos, puede encontrar alguna pista en las palabras de esta dirigente, que ya ha perdido todo el respeto que algún argentino fuera de la secta kirchnerista, pudo haberle tenido en algún momento.

El interés y los privilegios que muchos sectores pueden recibir de un Gobierno (como fue el caso de Madres de Plaza de Mayo, que de organismo de Derechos Humanos terminó con una Universidad subsidiada y una empresa constructora) puede generar una peligrosa retroalimentación. El líder termina con delirios megalómanos que son alimentados por un séquito de privilegiados que pueden llegar a decir cualquier tontería y que el mandatario puede terminar creyendo. Si esto llega hasta las últimas consecuencias los resultados pueden ser catastróficos.

 

Marcelo Duclos Marcelo Duclos

Nació en Buenos Aires en 1981, estudió periodismo en Taller Escuela Agencia y realizó la maestría de Ciencias Políticas y Economía en Eseade. Es columnista de opinión invitado de Infobae y músico. Síguelo en @marceloduclos