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¿Casta privilegiada? Los vergonzosos intereses que no se animan a revelar los autores argentinos

Por: Marcelo Duclos - @marceloduclos - Jul 24, 2017, 3:38 pm
El fracaso del programa "Fanny la Fan" generó una patética reacción del sindicato de autores argentinos. (Twitter)
El fracaso del programa “Fanny la Fan” generó una patética reacción del sindicato de autores argentinos. (Twitter)

Ante la prematura cancelación del programa televisivo “Fanny la Fan” por falta de rating, el gremio de Argentores (Sociedad General de Autores de Argentina) emitió un vergonzoso comunicado. Tan lastimoso es el texto que ni siquiera se animan a redactar de su puño y letra los privilegios que solicitan, dejando al lector la interpretación de su embarazosa solicitud.

Utilizando recursos literarios para hacer gráfico el sufrimiento del que son víctimas ante la cancelación de un programa hecho en Argentina, los responsables de Argentores protestan contra los programas extranjeros que la gente libremente escoge.

“Los números de rating y publicidad que gobiernan despiadadamente al mundo de la televisión local, actúan como juez implacable cuya sentencia cumple un brazo ejecutor que no duda ni da lugar a apelaciones: No me funciona, fuera. Así, sin anestesia ni tiempo de espera. Esas son las reglas del juego, dicen todos, y a ellas nos ajustamos los que trabajamos en este medio”, se queja el sindicato en el texto difundido a los medios locales.

El diagnóstico que hacen acerca de cómo llegan o se van los programas de las pantallas televisivas es cierto. Si tiene éxito se queda y si no se va. Pero los mismos ingresos de los empresarios del sector, como de los actores, iluminadores, maquilladores, escenógrafos y directores vienen de la mano de las personas que deciden libremente ver los programas. El ciclo, lógico, comienza con un grupo inversor que cree que una producción puede ser redituable. Se genera una riesgosa inversión, que de tener éxito generará trabajo e ingresos para todos los involucrados.

Sería interesante saber qué es lo que propone Argentores en el caso de que la gente decida no ver un programa, ya que en su comunicado se limitan a la triste descripción de lo que ocurre ante un show fallido.

Ellos advierten la difícil situación que atraviesan las personas que se encuentran trabajando en un programa que se levanta y resaltan los resultados negativos de la cancelación del programa, lo que les resulta inadmisible.

Pero yendo a lo práctico, este reclamo, de existir, tiene pocas propuestas posibles para revertir “la injusticia del control remoto”.

Si ante un fracaso comercial se busca combatir la dictadura “despiadada” del rating y la publicidad, como ellos mismos argumentan, las soluciones concretas que podrían buscarse serían:

1) Obligar a los canales de televisión a mantener los programas en el aire y a los anunciantes a pagar sus avisos comerciales.

2) Obligar a la gente a mirar el programa para que resulte viable para el canal y los anunciantes.

3) Obligar a los contribuyentes a financiar, mediante impuestos, la mantención del programa en pantalla.

Lamentablemente no hay ninguna solución civilizada y todas requieren el uso de la fuerza. Probablemente por esto es que Argentores limita en su proclama a describir la situación sin solicitar una medida en concreta.

 

Otra mentira descarada del texto es la siguiente:

“No pretendemos limosnas ni dádivas, queremos trabajar y poder exhibir nuestros programas, mostrar lo que somos y hacer conocer a nuestra Patria en el mundo tal y como es”.

Exactamente eso es lo que están pidiendo: limosnas y dádivas. Cada uno tiene el derecho a trabajar en lo que se le de la gana. Lo que no existe, o no debería existir, es la obligación a que las otras personas tengan que dedicar su tiempo o recursos a las cosas que no les interesan.

Finalmente el comunicado termina en un paupérrimo intento literario de descalificar novelas extranjeras como “Moisés y los 10 mandamientos”, “El Sultán” o “Las mil y una noches” con las siguientes palabras:

“Queremos ser testigos y a la vez espectadores de nuestra realidad sin tener que asistir pasivamente a la promoción de otros mundos alejados de nosotros hasta el ridículo.  Este país nunca ha tenido sultanes, príncipes o reyes y las mil y una noches que atravesamos son de sufrimiento y espera. Nuestras mujeres no son vendidas en la pubertad  ni usan velo para tapar su cara. No abrimos las aguas ni volteamos murallas. Hablamos en argentino y no en doblaje. Pensamos, escribimos y actuamos en criollo. Y  merecemos verlo”.

Argentores debería comprender que la gente mira lo que se le da la gana. La televisión y cinematografía argentina ha tenido destacados premios y grandes aportes a la cultura. Claro, cuando las personas, en libertad, eligieron esas películas y espectáculos.

En el caso de no aceptar la democracia del control remoto, al menos deberían tener el valor de decir lo que piensan de una manera coherente: culpar a los argentinos por no mirar lo que ellos quieren o pedir abiertamente los privilegios para que sus productos sigan en pantalla. Esto, por más violento que suene, sería más honesto que esta proclama cobarde que hace reclamos y lamentos en abstracto, pero con claras intenciones tan vergonzantes, que ellos mismos no se animan a especificar.

Fuente: Argentores

 

Marcelo Duclos Marcelo Duclos

Nació en Buenos Aires en 1981, estudió periodismo en Taller Escuela Agencia y realizó la maestría de Ciencias Políticas y Economía en Eseade. Es columnista de opinión invitado de Infobae y músico. Síguelo en @marceloduclos