Estrategia peronista: vender la idea de “Cristina Kirchner jubilada”

Hace tiempo que el peronismo no tenía un discurso unificado. Hoy, a muy poco de las elecciones que tiene casi ganadas, comienza la unidad del mensaje

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«Aprendió», «delegó el poder» y hasta «ya se retiró». El discurso peronista para asegurar el voto independiente y ganar las elecciones en octubre. (Fotomontaje PanAm Post)

En la Argentina moderna el peronismo, aunque fue el espacio más hegemónico de la política nacional, estuvo casi siempre enfrentado. La última vez que el partido fundado por el General Juan Domingo Perón estuvo del mismo lado fue en el primer mandato de Carlos Saúl Menem, iniciado en 1989. Las ambiciones reeleccionistas del riojano generaron la primera grieta que luego hizo que todo volara por los aires. Eduardo Duhalde, vicepresidente de entonces, pensaba suceder a su compañero de fórmula, pero luego de un pacto con el radicalismo hubo reforma constitucional y «el cabezón» se tuvo que conformar con la gobernación de Buenos Aires.

En 2003 el enfrentamiento ya era explícito: Menem fue por un lado y Duhalde, con su delfín Néstor Kirchner, por otro. Para completar la división el puntano Adolfo Rodríguez Saa fue el tercero en discordia. Durante el principio del kirchnerismo hubo una breve paz en unidad, pero el modelo autoritario de Néstor y Cristina fue demasiado para el peronismo tradicional. Otra vez voló todo por los aires y los K gobernaron con una alianza «transversal», sin la totalidad del Partido Justicialista (PJ).

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Luego de las primarias del 11 de agosto, donde el peronismo se dividió en dos frentes (el de los Fernández y el de Roberto Lavagna), por primera vez en mucho tiempo comenzó a aparecer un denominador común. Por ahora no se trata de un frente político ni de un plan de gobierno. Sin embargo, toma fuerza una idea, que puede ser la primera muestra de unidad que el peronismo da en años: la de Cristina jubilada.

El primer vocero que corrió la bola en los medios de comunicación es el histórico dirigente peronista Julio Bárbaro. Para el exdiputado ella «delegó» el poder en Alberto Fernández. La tesis es que haber convocado a su exfuncionario más crítico, que hasta le plantó la renuncia y salió a confrontarla públicamente, comprueba que Kirchner no tiene más ganas ni de gobernar, ni de imponer un modelo autoritario como el chavista.

Este discurso, de a poco, va permeando en los cuerpos peronistas, que van saliendo a repetir, con más o menos timidez, la teoría en cuestión. Incluso el escritor Martín Caparrós, de fuerte militancia peronista en los setenta y muy leído por la izquierda del PJ, asegura que Alberto Fernández está armando un equipo sólido para mandar a Cristina «a cuidar a los nietos».

«Con cuidado, con esas maneras tan amables que intenta aparentar, porque aún no tiene el poder para enfrentarla. Pero tiene muy claro que lo que necesita es acumular ese poder. Ya está buscando complicidades con los gobernadores, con los medios que se pelearon con Cristina, va a buscar apoyo en ciertos empresarios, en fin. Está armando todo su aparato de poder para no depender de ella y, eventualmente, agradecerle los servicios prestados y mandarla a cuidar a sus nietos», aseguró.

Mientras tanto, desde el kirchnerismo se decidió salir un poco de la cancha. Juan Grabois, que había llamado a promover la reforma agraria a partir del año próximo, hizo silencio y dijo que no pensaba intervenir activamente en la campaña.

Aunque el peronismo tradicional (que en el fondo detesta a Cristina) y el kirchnerismo duro tengan agendas diferentes, hoy en día tienen un objetivo en común: ganar las elecciones el 27 de octubre. Sin embargo, no hay que dejar pasar que este discurso moderado es una necesidad, pero también el principio de una pulseada interna. Dentro del espacio, los peronistas alejados de la expresidente argumentan que esa es la estrategia para que los desencantados de Macri y del kirchnerismo acepten esta necesidad, que es una realidad.

Al día de hoy es un misterio para qué lado se volcará el poder. A priori, los dos espacios tienen un as en la manga: el peronismo clásico tiene a su favor la coyuntura, ya que no hay espacio para hacer locuras en el gobierno. La ortodoxia parece ser una obligación requerida por la supervivencia. Pero, por otro, la boleta de legisladores que acompaña a «Alberto presidente» está diseñada a gusto de la exmandataria, que comenzará su vicepresidencia con poder de sobra para, al menos, discutir de igual a igual dentro del próximo Gobierno.

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