El capitalismo de amigos y los riesgos del socialismo

En Argentina, el Estado que contribuyó a pagar salarios durante la cuarentena, ahora quiere adueñarse de parte de las empresas "beneficiadas" con el salvataje

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La diputada kirchnerista Fernanda Vallejos fue la promotora de una iniciativa que prendió todas las alarmas en el sector empresarial argentino. (Twittter)

Una de las imágenes de hoy en Argentina fue la del popular conductor televisivo Marcelo Tinelli en su visita a la Casa Rosada. El hombre grande del espectáculo local se apersonó junto al productor Adrián Suar para entrevistarse con el jefe de Gabinete, el ministro de Salud y otros funcionarios de primera línea con el fin de discutir un tema en concreto: la habilitación para que se pueda realizar el programa Bailando por un Sueño. Es decir, el Dancing with the Stars criollo.

Aunque existen protocolos claros para la realización de programas televisivos, ya sea periodísticos o de espectáculos, nada importante de lo que pasa en Argentina ocurre dentro de marcos institucionales: todo es favor, influencias y contactos políticos. Pero este sistema perverso que produce los peores incentivos es mucho más peligroso que la corruptela y la coima permanente que genera. En el país no hay gran empresa ni poderoso empresario sin el favor del Estado. Desde hace muchas décadas el capitalismo argentino es de amigos del Estado y para estar en las grandes ligas hay que llevarse bien con el Gobierno de turno. Una especie de oficialismo permanente. Este sistema, además de impedir el desarrollo de una economía competitiva, es una amenaza para los mismos empresarios. Muchos de los grandes hombres de negocios en Argentina comienzan endulzados por las mieles de un corporativismo que los perjudica y hasta puede terminar devorándolos.

Cuando Alberto Fernández cerró la economía en nombre de la salud pública, en el marco de la pandemia del coronavirus (COVID-19), los empresarios argentinos, en su mayoría, seteados ya en lo único que conocen y respiraron toda la vida, salieron a pedir la «ayuda» del Estado para pagar los sueldos. No hubo solicitud de baja de impuestos ni reclamos de desregulación laboral. Ya que el Gobierno prohibió despedir empleados, que el Gobierno ayude a pagar los sueldos. No importa si lo hace imprimiendo papelitos de colores. La mentalidad argentina no da para pensar más allá de pasado mañana.

El saber popular tiene de muchos dichos vigentes como «el que se acuesta con niños aparece mojado» o «a caballo regalado no se le mira los dientes». Lamentablemente otros como «el que se quema con leche ve una vaca y llora», parecen no hacer carne lo suficiente. Aunque el Estado argentino «quemó» muchas veces, como la leche hirviendo, la dirigencia empresarial prebendaria a veces no llora a tiempo ante la vaca gubernamental y se mete en problemas seguido.

Probablemente uno de los peores negocios que haya hecho la dirigencia empresaria local en Argentina fue abrazar el salvataje estatal del pago de sueldos durante este período particular. Aunque ni terminó la cuarentena, el kirchnerismo ya hizo de la suyas mediante la diputada cristinista Fernanda Vallejos. La legisladora tuvo la gran idea de que el Estado se convierta en copropietario de las compañías que han sido socorridas en el último mes.

Lógicamente, los empresarios, que hasta hace menos de un mes eran todos albertistas, ahora ponen el grito en el cielo. «Es un absurdo. Debería haberse planteado antes del apoyo», manifestó Claudio Belocopitt de Swiss Medical Group. Martín Rappallini, de la Unión Industrial de la provincia de Buenos Aires y dueño de una empresa de cerámica, manifestó que en realidad no se trató de una «ayuda», ya que las empresas no hicieron dinero y que el programa fue exclusivamente de contención social, debido a que los despidos están prohibidos. Por su parte, el propietario de la gran empresa de aluminio Aluar, Javier Madanes Quintanilla, aclaró que él no tiene «pánico» de que el Estado se involucre, como disculpándose, pero pide que lo haga desde otro lugar. «Activamente y colaborando» lo quiere al Gobierno… pero no demasiado parece. Linda clase empresarial la argentina. Si no fuera porque nos quedaríamos sin bienes y servicios, la mayoría se merece la estatización de sus negocios.

Aunque la propuesta de Vallejos no se puso en funcionamiento, ya se creó un mecanismo para que las empresas «devuelvan» lo que el Estado les dio en las últimas semanas. Más de uno se acogió al «beneficio», atemorizados por un posible manoteo en el paquete accionario.

Definitivamente Argentina necesita otro sistema, que genere otra clase dirigente, sindical, política y empresarial. Del modelo actual, por donde se lo toca sale pus.

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