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Venezuela: del desenlace a la salida más probable

Por: María Teresa Romero - @mt_romero - May 9, 2017, 10:20 pm
Así, finalmente, después de años de espera y de intentos fallidos, ya iniciamos el necesario proceso de desenlace político.(DemocracyNow)

Estoy convencida que el desenlace a la crisis venezolana ya empezó porque cuando se da tan masiva presencia de un pueblo en las calles en oposición a un Gobierno, éste está técnicamente caído. La historia política mundial lo ha demostrado. Así, finalmente, después de años de espera y de intentos fallidos, ya iniciamos el necesario proceso de desenlace político, sin el cual es casi imposible que se dé una salida definitiva del régimen dictatorial, sea por la vía electoral o no, como analizaré posteriormente.

Ahora, es imposible saber si este proceso, esta etapa de desenlace,  durará mucho o apenas días. Sólo quiero recordarles que, por ejemplo, después de 22 días de permanentes protestas de calle Marcos Pérez Jiménez  salió del poder en Venezuela en 1958; que luego  de 17 días en Rumania y 21 días en Checoslovaquia, en 1989, salieron los dictadores Ceausescu y Husak; que en 2010 el presidente brasileño Fernando de la Rua tuvo que renunciar después de 20 días de manifestaciones cívicas;  que en 2010 Ben Ali de Túnez salió después de 28 días de protesta; que Mubarak de Egipto y Gadafi de Libia salieron después de 18 días  el primero y 9 meses el segundo. De modo que no hay tiempo establecido, imposible preverlo.

Puede durar más o menos, con subidas o bajadas,  pero lo que veo casi imposible es que este proceso de desenlace se paralice o se enfrié totalmente, como quisiera el gobierno de Nicolás Maduro, cuyo  estado de desesperación lo ha llevado a optar por  la descabellada e inconstitucional convocatoria de una Asamblea Nacional Comunal en términos radicalizados con la que sólo busca evitar ir a las elecciones generales que se le exige, además de apelar a la represión brutal, el encarcelamiento, la tortura, la amenaza y también la burla y el querer hacer ver que en el país no pasa nada.

Incluso pareciera que entre más Maduro profundiza el golpe de Estado y reprime de una forma desproporcionada, utilizando presos comunes y milicianos cubanos haciéndose pasar por agentes policiales y militares venezolanos, más se molesta la sociedad y se dispone a luchar en las calles hasta la muerte. Como bien dijo una señora en una de las marchas: “Nosotros no escogimos la guerra, una guerra es siempre la peor de las soluciones, pero tenemos que enfrentarla si queremos sobrevivir”. El hartazgo popular llegó al límite.

La determinación de prácticamente toda la sociedad venezolana –ahora sí de todas las clases sociales y de un 80 % de la población según las últimas encuestas- de movilizarse sin retorno para alcanzar una conclusión final, pareciera firme e indetenible. Tanto es así, que ni siquiera los líderes políticos que hoy encabezan esa lucha de calle, podrían pararla. Así que tarde o temprano, en cualquier momento, la fuerte presión social desencadenará alguna salida, que puede ir desde una renuncia o huida presidencial, una salida electoral  o constitucional previamente consensuada  entre el Gobierno y la oposición, un Gobierno transitorio de unidad nacional, un golpe militar de fuerzas institucionales o chavistas (Diosdado y su gente), hasta una guerra civil prolongada de baja, mediana o alta intensidad.

Ahora bien, en mi opinión, de todas las salidas posibles, la de las elecciones generales consensuada o negociada previamente es la más probable. Y es la más probable, pese a las dudas de muchos dentro y fuera de Venezuela;  a pesar de las declaraciones de los chavistas, como la más reciente de Diosdado Cabello asegurando que “no habrá elecciones generales bajo ninguna circunstancia”; y aunque es obvio que el gobierno,  que es de carácter militar y comunista con fuertes intereses de poder y vínculos narcoterroristas, intentará permanecer en el poder a toda costa, al menos hasta el 2018.

 

La salida de las elecciones generales este año es la más probable por las siguientes razones:

Por una parte, aunque el gobierno aún tiene poder, así como la fuerza militar y de represión, está debilitado  por las divisiones dentro del mismo gobierno  que son fuertes (caso Fiscal Ortega Díaz) y en el partido gubernamental PSUV, y  por el creciente descontento dentro de los cuadros activos del Ejército, la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional. El mismo gobernador de Miranda y líder opositor, Henrique Capriles, ha denunciado que 85 oficiales de las Fuerzas Armadas han sido detenidos por su descontento por la represión que, hasta ahora, ha causado 37 muertos y unos 800 heridos en un mes.

En efecto, una parte del sector militar ya  no quiere pagar el costo de una mayor radicalización, que tienen miedo de las consecuencias de ejercer una matanza generalizada  y por lo que les pueda parar en los tribunales nacionales e internacionales posteriormente. Además, el madurismo no tiene gente suficiente para una salida que requiera de mayor fuerza militar y policial, por más que amenace con incrementar la milicia bolivariana con medio millón más  de efectivos (o paramilitares), entregándole un fusil a cada uno. La verdad es que lo que le queda son colectivos malandros pagados.

En  segundo lugar, en torno a las elecciones generales ya se ha generado un consenso tácito, una matriz de opinión nacional e internacional difícil de revertir. La mayoría de los líderes de la MUD se han pronunciado por ellas y el secretario general de la OEA, Luis Almagro, ha hecho ese lema suyo, así como otros actores internacionales. Ahora más con la pésima decisión del régimen de Maduro de salirse de la OEA. La fuerza popular, que ahora es más popular que nunca, que se ha generado en el país entero, sofocado por unas condiciones económicas y una crisis humanitaria que cada día se hacen más intolerables,  no aceptaría, a estas altura, esperar hasta el 2018 para la celebración de unas elecciones generales, como la establece la Constitución y que quiere el gobierno para ganar tiempo.

Por último, otro factor a tomar en cuenta es que las elecciones generales tienen ahora más sentido en vista de que la MUD está logrando convertirse en una verdadera alternativa democrática  de poder, más creíble  que en el pasado. La  reestructuración de la MUD con vocería compartida, y con la inclusión de los parlamentarios opositores y los líderes de la generación de jóvenes que fueron antes dirigentes estudiantiles, ha sido muy beneficiosa para la relación de la oposición política con la sociedad civil. Hoy hay sintonía y mayor fuerza.

 

María Teresa Romero María Teresa Romero

Periodista con Maestría y Doctorado en Ciencias Políticas, especializada en política internacional. Es profesora titular de la Universidad Central de Venezuela, escritora en varios periódicos venezolanos e internacionales, y autora de varios libros. Síguela en Twitter: @MT_romero.

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