Economía colombiana en tiempos de COVID-19: entre recesión y depresión

El lunes el Ministerio de Salud informó que Colombia pasó de la contención de la pandemia a la mitigación

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Familiares con tapabocas observan este lunes mientras la Brigada 13 del Ejército Nacional de Colombia suministra alimentos y ayudas a personas de bajos ingresos económicos, en el municipio de Soacha (Colombia). (Efe)

Antes del inicio de la pandemia Colombia era el país más estable de la región tras haberle quitado el lugar a Chile, que lo perdió debido a las afectaciones económicas sufridas a raíz de las protestas y desmanes que se presentaron a finales de 2019. El año pasado el país cafetero tuvo el mayor crecimiento en cinco años, del 3,3 %, mientras que Chile solo creció un 1,5 %, un punto por debajo de lo estimado por el Gobierno. Ahora, con el coronavirus (COVID-19), Colombia enfrenta dos grandes retos: minimizar el riesgo de contagio y mantener la economía a flote.

El escenario que enfrenta el Gobierno de Iván Duque no es fácil, pues antes del inicio de la cuarentena, el pasado 24 de marzo, la Dirección de Epidemiología y Demografía del Ministerio de Salud informó que “la población colombiana con mayor riesgo de afectación por la pandemia del nuevo coronavirus —COVID-19— sería de un 34,2 % del total de la población”. Según el Instituto Nacional de Salud, el total de contagiados de esa población de riesgo sería de 3 989 853, de los cuales el 18,5 (738 123) serían críticos y graves. Sin embargo, hay datos más pesimistas que tendrían en alerta al Gobierno.

Colombia cuenta con 5 300 camas en unidades de cuidados intensivos (UCI), lo que es insuficiente para atender los casos más graves. Por esta razón el Gobierno Duque decretó ampliar y adaptar la capacidad actual del sistema de salud y con la claridad de que “las medidas sanitarias resultan en una reducción de los flujos de caja de personas y empresas”, como se afirma en el decreto 417, destinó 15 billones de pesos, lo que significa un golpe para la economía de un país que venía creciendo pausada pero sólidamente, y que ahora enfrenta una situación de emergencia que la tiene a media marcha.

Duque tiene claro que del manejo que le dé a la pandemia depende la estabilidad económica y social de Colombia. Así lo dejó ver este martes 31 de marzo cuando afirmó que las medidas implementadas por su Gobierno tienen como objetivo “mantener nuestra resiliencia social, mantener el empleo y garantizar que nuestra economía tenga una senda de recuperación”.

El presidente tiene la oportunidad de tomar las medidas necesarias que le permitan a la sociedad colombiana enfrentar lo que se viene, así como fortalecer las bases de una economía creciente que sin dudas el COVID-19 dejara tambaleando. Es por esto que una de las propuestas que toma fuerza en el Gobierno para evitar la crisis que significaría una cuarentena más larga para el país y evitar el colapso del sistema de salud, es la del efecto acordeón: implementar siete cuarentenas a lo largo de año y medio para mitigar el impacto de la pandemia.

El hueco que dejará esta cuarentena, sumado a los que se vendrían si el Gobierno se ve en la necesidad de implementar más ciclos de aislamiento, podría dejar a la economía colombiana entre la recesión y la depresión. Para hablar sobre este tema el PanAm Post consultó a Javier Garay, doctor en ciencia política, profesor e investigador de la Universidad Externado, visiting scholar de la Anderson School of Management en UCLA y fellow del Instituto de Ciencia Política.

Se habla de una pérdida superior a los 13 000 millones de dólares en estos 19 días de cuarentena a raíz del COVID-19, cerca del 1,5 % del producto interno bruto, ¿a mediano plazo cómo se reflejará esto en las finanzas del país?

Fuera de las pérdidas inmediatas, estos son cálculos que se hacen a partir de estimaciones de lo que se esperaba vendieran las empresas. Lo realmente importante y grave es la pérdida en términos de riqueza. Estamos hablando sobre la posibilidad de la desaparición real de miles de empresas en Colombia. Ahí es cuando se comienzan a ver reflejados esos efectos desde todo punto de vista, desde el punto de vista del bienestar, de la calidad de vida, de la misma estructura productiva del país y claramente también en términos del recaudo.

¿Podríamos afirmar que Colombia tiene el peligro de entrar en una recesión a causa de la pandemia que enfrentamos?

Esto no va a ser ni siquiera una recesión, sino que podríamos estar hablando realmente de una depresión y no va a ser solo en Colombia, esto es algo global, porque es el tema mismo de cómo opera la economía. La poca o mucha riqueza que se ha creado en el caso de Colombia puede desaparecer, y volver a construir esa riqueza cuesta tiempo, esfuerzo, etcétera. Eso genera problemas serios en términos de contracción de la economía, no solo no crecimiento, sino depresión y todos los efectos asociados: desempleo, incremento de la pobreza, incluso problemas de hambre. Todo esto va a tener un efecto desastroso para toda las economías a nivel global.

Frente a este escenario, y teniendo en cuenta que asesores cercanos al presidente Duque le estarían recomendando realizar siete ciclos de cuarentena durante el próximo año y medio para mitigar el contagio y no colapsar el sistema de salud, ¿qué debería hacer el mandatario en este momento para conciliar la parte sanitaria y económica, es decir, mitigar el contagio y mantener la economía a flote?

Para responder esa pregunta uno tendría que tener toda la información de si realmente la decisión de las cuarentenas es la adecuada. He encontrado evidencia que apoya las cuarentenas, es decir, personas que consideran que la cuarentena es la única forma de enfrentar las crisis, de hecho se ha convertido en un consenso global. Pero también hay evidencia que apunta a que no podemos sacar conclusiones a partir de los estudios que se han hecho, y eso se debe a la calidad de las muestras, a la forma como se han hecho los estudios. Hay críticas o dudas sobre los estudios que se han hecho sobre las cuarentenas.

Me parece una decisión intermedia, que durante un tiempo la gente esté confinada en sus casas y después unos días de «normalidad». Porque lo que han dicho los epidemiólogos es que la oleada puede durar incluso dos años. Tenemos que aprender a crear mecanismos de adaptación en esto, para que precisamente no se presente esa hecatombe si se decidiese una cuarentena absoluta durante todo este tiempo. Eso es imposible e indeseable.

Hay que tomar decisiones que impulsen las iniciativas que adelanta el sector privado. Flexibilizar el mercado laboral para que más personas puedan hacer teletrabajo, que existan otras formas de contratación, que se permita, por ejemplo, la utilización de tecnologías en la prestación de los servicios. Eso va a paliar de cierta manera los efectos de la crisis. Las personas van a buscar alternativas, y eso tiene que permitirse no a partir de ayudas directas, sino de una disminución de las regulaciones y las dificultades que existen, porque el problema va a durar mucho tiempo y va a tener algunos efectos negativos indeseables que tendremos que enfrentar.

La alcalde de Bogotá, Claudia López, habla de apagar la economía de la ciudad durante tres meses más para reducir los contagios, teniendo en cuenta que la capital de Colombia representa el 32 % del PIB del país, ¿cómo ve esta propuesta?

Esa es una propuesta absolutamente inviable. Es que la gente cree que la economía es independiente de la sociedad y de las personas. No entienden que cuando hablamos de economía en últimas tiene que ver con las actividades en uno de los ámbitos hacen las personas. Eso es un tema de personas como la alcaldesa que tienen unas visiones específicas, con eso entienden su mundo y no van más allá. No se puede apagar una economía, porque entonces apagamos una parte de la acción humana, eso no es posible.

Quiere que las personas no trabajen, que las empresas no funcionen, pero que se mantengan los empleos. Habría que decirle que si tomamos esa decisión, porque puede que se tome, tenemos que asumir las consecuencias. No es posible pensar que no va a haber consecuencias negativas.

Creo que aquí estamos en mora de hacer un cálculo costo-beneficio. De nuevo, falta la evidencia de si no hay alternativas a las cuarentenas desde el punto de vista técnico, médico, desde el punto de vista epidemiológico. Si no hay alternativas tenemos que tomar una decisión basada en cálculo, porque no se puede apagar la economía. Esa señora no tiene ni idea de lo que está hablando. Lo que pueden hacer es que las personas no vayan al trabajo, que las empresas dejen de funcionar. Eso sí lo pueden hacer. No pueden obligar a que las empresas sigan manteniendo empleados si no están produciendo, porque las empresas desaparecen.

A mediano y largo plazo ¿qué estrategias se deberían implementar para que la economía del país se recupere de este golpe?

Esto tiene que ver con la flexibilidad del mercado y con la capacidad de acción de las personas. Ahí hay un elemento importante y es que toda esta situación va a tener un impacto en la salud mental de muchos en temas de ansiedad, de presión, etcétera, y es necesario que las personas busquen refugio en conocidos, en amigos, online, etcétera, para poder ver esto no como la larga noche, sino que esa larga noche es una oportunidad para que cuando llegue el día podamos enfrentar las nuevas circunstancias de mejor manera.

Esto es un llamado para dejar de pensar que las cosas están dadas, que están por sentadas. La mayoría de cuestiones que teníamos como absolutas y definitivas estamos viendo que no se presentan y lo único que soluciona y que mitiga eso es dar mayor flexibilidad al sector económico, y enfrentar y resistir esos cantos de sirena que ahorita tienen los de siempre para llamar a más Estado, más controles, más regulaciones, etcétera. Eso no funciona. Lo que funciona es permitir que no sabemos quién o quiénes tengan ideas que sean innovadoras y que puedan ayudarnos a enfrentar esta situación. El Gobierno debe tratar de no ser un obstáculo para esa creatividad y permitir el ascenso de diferentes alternativas y soluciones.

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