Farc sigue masacrando a jóvenes colombianos

Una invitación a llamar a las cosas por su nombre. Farc no se disolvió, sigue delinquiendo, las masacres de jóvenes son una muestra más de ello

Los territorios en los que han sido asesinados decenas de jóvenes en los últimos días son los mismos en los que las Farc viene consolidado su presencia desde antes de la firma del acuerdo. (Efe)

Sí, es la guerrilla Farc la que está sistemáticamente asesinando a jóvenes colombianos. Que quede claro, Farc y no como algunos políticos de dudosa reputación quieren que le llamemos: disidencias, grupos remanentes, bandas criminales, carteles. La guerrilla que por más de medio siglo robó, masacró, secuestró, reclutó y desapareció a inocentes colombianos sigue viva, en el monte, recibiendo órdenes de quienes utilizan la paz como plataforma política para acceder al poder y con una caja menor ilimitada que solo puede proporcionar el narcoterrorismo.

Es precisamente por esa caja menor, por los cientos de contactos que tiene esta guerrilla alrededor del mundo o por una simple disonancia cognitiva que algunos de esos líderes políticos y de opinión hoy buscan distraer el foco de lo que realmente está ocurriendo en Colombia: las Farc, esa que en 2016 firmó un cuestionado acuerdo de paz, es la misma que hoy está masacrando a jóvenes colombianos para mantener el control de territorios que históricamente han sido suyos.

Más allá de eso, las Farc planearon, antes de la firma del acuerdo, no entregar los principales territorios que alimentaban económicamente su lucha. Esto fue denunciado a las Fuerzas Armadas por reinsertados. ¿Por qué lo hicieron? Porque su verdadero objetivo no era desarmarse, fue algo que decenas de analistas alertaron una y otra vez. Su verdadero objetivo era ampliar su lucha al plano “legal” ocupando curules en el Congreso por medio de su partido político, ese mismo que respaldó a quienes hoy coordinan masacres sistemáticas de colombianos… y venezolanos. Así lo afirmó hace un par de años un experto en seguridad y defensa:

«Las Farc dejaron montado eso que eufemísticamente llaman disidencias o grupos residuales. Que no es otra cosa que una guardia estratégica de las Farc, con un brazo político y un brazo armado. Es decir, es la misma historia de todas las combinaciones de las formas de lucha».

Los territorios en los que han sido asesinados decenas de jóvenes en los últimos días son los mismos en los que las Farc viene consolidado su presencia desde antes de la firma del acuerdo o de los que perdió momentáneamente el control y ahora lucha por retomarlo. Sin embargo, en las Farc también hay una aparente disputa interna por tener el control total del grupo armado estratégico, que tiene presencia en más de 138 municipios de Colombia y en donde ya militan más de 4 600 criminales, 2 800 respaldando del lado de Gentil Duarte y menos de 1 800 del lado de Iván Márquez y Jesús Santrich. Pero detrás de esos rostros hay otros, voces desde Bogotá —¿desde su bancada del Congreso?, ¿desde su partido político también llamado Farc?— e indudablemente desde tiranías consolidadas desde donde deben estar recibiendo instrucciones.

Hoy el rechazo de muchos de los que condenan las recientes masacres prefiere perderse en culpar a quien no dio la orden de apretar el gatillo, pese a que parte de los posibles culpables, los que sí dieron la orden, la respaldaron o sabían de ella y callaron, están en el Congreso, ocupando unas curules que aplomo y sangre se ganaron; en las dirigencias de un partido que hoy pretenden vendernos como desligados del bloque armado o en Caracas planeando el siguiente golpe, la siguiente víctima a ser utilizada. Mientras tanto, los círculos políticos colombianos siguen aceptando el juego de no llamar por su nombre a quienes desde hace más de medio siglo, en nombre de la justicia social, vienen masacrando a los colombianos: las Farc.

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