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Emprender en Cuba, un peligro para tu libertad, propiedad y familia

By: Nelson Rodríguez Chartrand - May 9, 2017, 5:11 pm
Los padres de Omar, el "cuentapropista" castigado por el régimen cubano. (Nelson Chartrand)
Los padres de Omar, el “cuentapropista” castigado por el régimen cubano. (Nelson Chartrand)

El pasado 6 de mayo, funcionarios del régimen cubano asaltaron con extrema violencia la vivienda del ciudadano Omar Rosabal Sotomayor en el municipio de Pilón, en la provincia de Granma, en el oriente del país.

Omar Rosabal Sotomayor se encuentra en prisión desde hace ya más de un año acusado por un delito que no cometió, lo cual quedó evidenciado claramente en la vista del juicio oral y en todas las investigaciones realizadas antes y después del juicio.

El hecho ocurrió unos días después de que un alto funcionario del ministerio del Interior le informara a la familia de Omar que no habían motivos para preocuparse, pues antes del 20 de mayo Omar habría de ser puesto en libertad por falta de pruebas y que solo había que esperar por la sentencia del Tribunal Supremo que resolviera el recurso de apelación interpuesto por el acusado.

“Si me quitan la casa, me voy a suicidar”, gritaba Yanet, la hija menor de Omar ante la presencia de los funcionarios violentos que le arrebataban el hogar que la vio nacer.

“Estos cabrones gobernantes no creen ni en los que les salvaron la vida. Esta casa fue entregada en propiedad a mi padre por el Comandante de la Revolución Ramiro Valdez Menéndez, en agradecimiento por haberles salvado la vida a un grupo de expedicionarios del yate Granma cuando fueron derrotados en el combate de Alegría de Pío, incluyéndolo a él y al Comandante Ernesto Che Guevara. Han destrozado a mi familia y su dignidad”, comentó Onésimo Rosabal Sotomayor, hermano de Omar.

Recalcó: “Omar era un cuentapropista honesto que a base de mucho sacrificio, esfuerzo, dedicación e inteligencia, así como la ayuda económica de sus hermanos residentes en el exterior, pudo sacar adelante tres negocios al mismo tiempo. Por un lado, rentaba la parte superior de su vivienda, fungía como fotógrafo de la comunidad y trabajaba una finca que le reportaba al año grandes dividendos. Todos estos negocios seguían las formalidades exigidas en las leyes vigentes en el país.”

Cuentapropistas” se llaman en Cuba las personas que trabajan por cuenta propia, en otros lugares sé que se les llama autónomos e incluso emprendedores. Estos resurgieron con fuerza a partir del año 2010, cuando el régimen no pudo soportar más las cargas de las plantillas laborales infladas.

 

Así es, el castrismo para mantener una buena imagen ante el mundo, inflaba las plantilla en los centros laborales para dar la idea de que en la sociedad cubana no habían desempleados. Claro está, esto era posible por los subsidios que provenían de los países del exbloque socialista, principalmente de la Unión Soviética.

Pero a partir del derrumbe del socialismo y la desintegración de la URSS, gran número de obreros cubanos fueron despedidos de sus centros de trabajo. Se les dio el nombre de “disponibles” y estos son los que hoy forman las filas del cuentapropismo.

Esto llevó a que algunos cuentapropistas como Omar pudieran tener un sistema de vida superior a la media del pueblo cubano, pero claro está, infinitamente inferior a la que llevan los altos dirigentes del país y sus familiares.

Esto bastó para que alguien, al parecer, se enamorara de la casa de Omar, fabricándose un delito que nunca cometió e imponiéndosele como sanción accesoria el decomiso de todos los bienes, incluyendo la confiscación de su vivienda, a la que también tenían derecho, aparte de sus hijos, sus hermanos, me comentó la madre de Omar.

“No me queda nada para irme a la Plaza de la Revolución y prenderme fuego ante todos estos hijos de p…”, me dijo finalmente la señora.

Así es, señores. Como Omar han sido muchos los cubanos que han prosperado en sus negocios honestamente y han sido despojados arbitrariamente de todos sus bienes y condenados a largos años de prisión, llevando a la ruina a un hombre y a toda su familia por haberse atrevido a crecer en un régimen que limita y por haber producido para no tener que depender de la mísera ración mensual a la mayoría de los cubanos llamada libreta sanitaria.

Nelson Rodríguez Chartrand Nelson Rodríguez Chartrand

Nelson Rodríguez Chartrand es conferencista, cofundador de la Biblioteca Libertaria Benjamín Franklin, y abogado graduado pero impedido de ejercer por el régimen en Cuba.

No a políticos mesiánicos: la libertad es nuestra mejor arma para mejorar el mundo

By: Rafael Ruiz Velasco - May 9, 2017, 4:51 pm
(Ytimg)

Michelangelo Buonarroti, mejor conocido en español simplemente como Miguel Ángel, es quizás uno de los artistas más influyentes en la historia. Célebre por obras como La Piedad o la Bóveda de la Capilla Sixtina, este personaje marcó la historia de la pintura, la escultura y el arte en general, quizá como nadie más lo ha hecho desde entonces Lea más: Que no se imponga el sonido del silencio: nuevos retos para la libertad de prensa en el siglo XXI Lea más: No pidamos elecciones, ¡busquemos libertad! Su obra más célebre nos muestra a una persona con la mirada de un guerrero decidido y con los músculos tensos previo al momento más importante de su vida: un joven llamado David que a la postre sería rey, a punto de iniciar la batalla decisiva contra un rival que parecía infinitamente más fuerte a él llamado Goliat. Sin embargo, quizá no son las grandes y famosas obras de Miguel Ángel las que más nos pueden enseñar y hacer reflexionar sobre la importancia de tener una vida plena y en libertad, sino los «quattro prigioni» o «los cuatro prisioneros» (curiosamente también conocidos como esclavos). Las esculturas de Miguel Ángel no son obras producto de la casualidad o de un trabajo tomado a la ligera de unos cuantos días. Son miles de decisiones traducidas en golpes de cincel, en detalles, en cortes y en texturas las que, al final, nos permiten ver el resultado de la evolución de un simple bloque de piedra o mármol en una obra de arte que ha trascendido generaciones. Los cuatro prisioneros son esculturas que no llegaron a ser ésas majestuosas obras de arte que inicialmente pretendían ser, debido a su belleza o perfección, por una simple y sencilla razón: nunca fueron terminadas. El esclavo atlante, el prisionero joven, el prisionero barbudo y el esclavo despertándose parecen indicarnos, sin hablar y con su sola existencia, que darían lo que fuera por poder terminar con su eterna condena de vivir prisioneros en su jaula de mármol, que no es solo su jaula sino también su cuerpo. Así tenemos que nuestra vida es nuestra obra maestra. Cada decisión que tomamos, cada buena acción, cada día desperdiciado o aprovechado de cara a nuestras metas, cada misión emprendida, cada proyecto iniciado, cada reto que se nos presenta y la actitud con la que lo enfrentamos son pequeños golpes que vamos dando cotidianamente, aunque a veces lo hagamos sin siquiera reparar en ello. Entonces la vida es nuestro bloque de piedra. ¿Y nuestro cincel?, ¿cuál es nuestra herramienta de trabajo? ¿Qué nos permite dar forma a aquella obra de arte o aquél nuevo esclavo que estamos construyendo? La respuesta es una sola: la libertad. La libertad es la herramienta de trabajo de aquellos hombres responsables que han decidido enfrentar la vida de frente y sin miedo, así como lo es el cincel para el artista; y cuando alguien amenaza al artista de despojarlo de su herramienta automáticamente repela y se resiste, porque sabe que sin ella su obra está condenada al olvido, o bien, a la eterna mediocridad, a la desesperación de no saber qué es lo que pudo haber sido. La libertad por tanto lo es todo, es la herramienta que permite moldear una simple roca, indistinta a cualquier otra, en la más notable obra de arte. Para el artista es preferible una obra terminada que una obra inconclusa, así como es preferible también una obra como él la concibió y trabajó a como alguien más le impuso o forzó a realizarla. El escultor sin el cincel no es escultor, así como la vida sin libertad no es vida. Trabajemos cada día en nuestra obra de arte llamada “vida”, no permitamos que nadie nos imponga su voluntad en nuestro trabajo y mucho menos nos arrebate la herramienta que nos permite moldearla. Vivimos en un mundo en el que nuestra libertad se ve constantemente amenazada; supuestos líderes alrededor del mundo nos venden supuestos beneficios disfrazados con banderas como “corrección política” “patriotismo”, “seguridad”, “bienestar social” y “apoyos gubernamentales” al alto precio de ceder nuestras capacidades de pensar, de expresarnos, de emprender y comerciar con nuestros semejantes libremente. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   Es necesario señalar todas estas tendencias colectivistas y estatistas (nacionalismo, socialismo, proteccionismo etc.) disfrazadas de buenas intenciones pero que en la realidad tienen resultados catastróficos. No existe ninguna minoría más importante que el individuo y comprometer los intereses de algunos a los de terceros a través del uso de la fuerza (ya sea estatal o no) nunca será una solución viable para nada. Contrario a lo que muchos parecen creer, el hecho de que una persona sea exitosa no implica necesariamente que otra no lo sea. Por el contrario, cuando a una persona le va bien generalmente su entorno mejora y busca ayudar e inspirar a otros a mejorar, por lo que crear condiciones que empoderen al individuo termina por abonar a la construcción de un mundo mejor también en lo colectivo. Confiar a terceros cuestiones tan trascendentales en nuestras vidas como nuestra educación, salud o nuestro porvenir económico no debe ser visto como una opción viable en el proceso de construir una sociedad verdaderamente libre y próspera. Digamos no a políticos mesiánicos y a la idea de que los Estados gigantescos son benéficos y comencemos a mirar al voluntarismo y la sociedad civil como la única alternativa real para poder construir nuestras vidas en libertad. Para entender la importancia que estas ideas deberían tener en nuestro día a día basta con reflexionar sobre el hecho de que Miguel Ángel nunca vivirá otra vez para terminar sus obras, y sus cuatro esclavos siempre serán esclavos del mármol, y eso es indiscutible e inmutable. Nosotros tampoco viviremos otra vez, solo tenemos una roca; hoy y sólo hoy tenemos la oportunidad única de terminar lo que algún día comenzamos con nuestro primer golpe y con nuestro primer respiro en este mundo, defendamos pues nuestra capacidad de permanecer así: libres.

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