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Venezolanos cumplen 60 días protestando y no piensan rendirse hasta la salida de Maduro

Por: Orlando Avendaño - @OrlvndoA - May 30, 2017, 10:03 pm
Los venezolanos cumplen 60 días en las calles y, a pesar de la violencia, están decididos a seguir manifestando. (Leo Álvarez)
Los venezolanos cumplen 60 días en las calles y, a pesar de la violencia, están decididos a seguir manifestando. (Leo Álvarez)

Este martes 30 de mayo los venezolanos cumplen 60 días en las calles. Van sesenta días en los que la sociedad civil enfrenta a las fuerzas represoras del régimen chavista, en el intento de arribar a las instituciones del Estado; y en la constante búsqueda de la libertad.

El saldo es trágico: 61 asesinados, más de 1000 heridos, 2.977 arrestos, de los cuales 1.351, siguen encarcelados; 335 civiles han sido juzgados en tribunales militares, y seis personas están desaparecidas. Pero, a pesar de eso, la ciudadanía está decidida a mantenerse en las calles. No hay indicios de lo contrario.

El inicio de la reciente etapa de lucha en Venezuela

Para comprender el movimiento cívico que ha surgido en Venezuela, y que se ha mantenido por 60 días, es importante conocer el origen de la reciente crisis política en Venezuela.

El pasado 3o de marzo el Tribunal Supremo de Justicia, apéndice inquisidor de la tiranía, publicó las sentencias 155 y 156 en las que se atribuyó las facultades del Parlamento venezolano —único poder con legitimidad popular en el país.

La arbitraria acción del Tribunal fue condenada inmediatamente por la comunidad internacional. La Organización de los Estados Americanos (OEA), Alemania, Brasil, Argentina, Canadá, Costa Rica, Francia, Estados Unidos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la Organización de Naciones Unidas (ONU), el MERCOSUR, la Unión Europea, y muchas otras organizaciones y naciones, señalaron la sentencia como un “golpe de Estado” intolerable.

Al día siguiente, el 31 de marzo, la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz —antigua pieza clave y fundamental del chavismo—, denunció la “ruptura del orden constitucional”. Ese viernes vimos como el régimen colapsó: cancelaron ruedas de prensas, y, en la noche, Maduro ordenó al Tribunal revisar la sentencia —orden que fue acatada por la máxima corte.

La oposición venezolana, hasta el momento expectante, no se conformó con el ligero «recule». El gobernador Henrique Capriles aseguró que el “golpe de Estado continuaba”. Ese primero de abril iniciaron focos de protestas en Venezuela. La crisis institucional estaba empezando a derivar en una crisis política que se veía representada en las calles.

Venezolanos llevan 60 días resistiendo la violencia del régimen. (Leo Álvarez)
Venezolanos llevan 60 días resistiendo la violencia del régimen. (Leo Álvarez)

La agresión a los diputados, y cómo se le escaparon a los partidos

Hasta el momento la dirigencia opositora no se organizaba para decidir cómo se iba a avanzar frente a la dilapidación institucional que padeció el país. Ya el referendo revocatorio había sido suprimido y las elecciones de gobernadores aplazadas.

Pero, la oleada de protestas se desataría cuando un grupo de diputados jóvenes se le colaría a los partidos políticos tradicionales y se convertirían en líderes de un movimiento rebelde nacional.

El tres de abril varios parlamentarios, entre ellos Juan Requesen y José Manuel Olivares, acudieron, a espaldas de sus partidos, a la sede de la Defensoría del Pueblo para protestar en contra de las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia. Ahí un grupo de paramilitares del chavismo los agredió. El más afectado fue Requesens, a quien le cortaron brutalmente el rostro.

Las imágenes se difundieron ampliamente. Los venezolanos estaban indignados porque a un diputado elegido a través del voto popular, lo habían intentado asesinar. Fue el régimen, y no había respuesta.

Esa misma tarde Requesens publicó un video en sus redes sociales. Habló al país y pidió a todos los ciudadanos marchar el martes cuatro de abril a la Asamblea Nacional. Estaba iniciando el movimiento cívico en las calles.

El gobernador Henrique Capriles afectado por los efectos de las bombas lacrimógenas. (Leo Álvarez)
El gobernador Henrique Capriles afectado por los efectos de las bombas lacrimógenas. (Leo Álvarez)

La mutación de un movimiento: de electoral a libertario

La primera gran marcha de la oposición se dio el martes cuatro de abril. Y, la intención, era exigir la remoción de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, aquellos que habían ejecutado un golpe de Estado.

La respuesta de la sociedad civil fue adecuada. Y, la manifestación fue reprimida en la Avenida Libertador de Caracas. Ahí la Policía Nacional Bolivariana y la Guardia Nacional Bolivariana impidió el transcurso de la marcha. María Corina Machado, Freddy Guevara, Henry Ramos Allup, Jorge Millán, Miguel Pizarro y José Manuel Olivares encabezaron la protesta.

Se dieron los enfrentamientos, pero fueron leves. La manifestación, ya a la una y media de la tarde, se había dispersado completamente. La ciudadanía que había acudido a las calles, pacíficamente, se encontraron con perdigones y bombas lacrimógenas. La gente no resistió.

La dirigencia, ese día, convocó a una protesta para el jueves seis de abril. La “Tranca contra el golpe” se denominó la manifestación cuyo objetivo era salir de siete puntos de la capital (haciendo referencia a los magistrados) e ir a la principal arteria vial de la ciudad. Luego, irían a la Defensoría del Pueblo, en el centro.

A la altura de Bello Monte, en la autopista Francisco Fajardo, la concentración fue reprimida. Pero ese día hubo dos imágenes que trascendieron y que marcaron la continuación del movimiento cívico en las calles.

Primero, el primer vicepresidente del Parlamento y líder opositor, Freddy Guevara, salvó a un manifestante de ser detenido. Guevara, en medio de la represión, impidió que la Guardia Nacional se llevara a un joven que protestaba.

Asimismo, ese día, las cámaras retrataron al diputado Carlos Paparoni respondiendo a la desmedida represión del régimen chavista. El parlamentario devolvió una bomba lacrimógena que había sido arrojada a la multitud.

Son imágenes poderosísimas que marcan un hito en la historia de resistencia cívica en Venezuela.

A partir de ese seis de abril, todo se fue acentuando. Los venezolanos, al ver a sus diputados salir a las calles y ubicarse en primera línea, empezaron a responder masivamente a los llamados de la dirigencia. Una dirigencia, que se había transformado en liderazgo.

Ese día, también, se dio el primer asesinato. Un joven que se encontraba protestando en Carrizal, estado Miranda, recibió un disparo en el pecho por parte de la Policía Nacional Bolivariana. Murió Jairo Ortiz.

La protesta, siendo predecible, se fortaleció. Además, se extendió por todo el país. Ya Lara y Carabobo se habían sumado, y cada vez eran más comunes las escaramuzas y las arbitrariedades.

Los objetivos, al principio, eran banales. Primero se empezó por exigir la realización de elecciones. Algunos dirigentes se atrevían a sugerir el camino del diálogo entre el régimen y la oposición para resolver la crisis. Se enfrentaban, inmediatamente, a la condena colectiva. Ya la ciudadanía no estaba dispuesta a tolerar acuerdos y complicidades. Tampoco se iban a conformar con demandas fútiles.

Asimismo, cada vez eran más comunes los muertos. Después de Ortiz vinieron Daniel Queliz, Miguel Colmenares, Brayan Principal y Tony Calderón. Todos por disparos (o perdigones) provenientes de las fuerzas del Estado.

Para el 19 de abril la dirigencia opositora convocó a la “Mamá de todas las marchas”. Ese día, con relevancia histórica en Venezuela, cientos de miles de venezolanos acudieron a las calles de todo el país para manifestarse en contra del régimen de Nicolás Maduro. El objetivo era ir a la Defensoría del Pueblo para exigir la restitución del hilo Constitucional.

Ese día, que se esperaba fuese determinante, la represión fue brutal. Los manifestantes padecieron la violencia desmedida de la Guardia Nacional Bolivariana. Algunos, incluso, para escapar de las bombas lacrimógenas, saltaron al río contaminado Guaire.

Desde el Gobierno el desespero se hacía cada vez más evidente. Maduro denunciaba constantemente el intento de un golpe de Estado por parte de la oposición venezolana. Además, desde la OEA, el secretario general Luis Almagro venía encabezando una ofensiva que se materializaba en reuniones intermitentes entre los embajadores para discutir la situación en el país latinoamericano.

El 19 de abril hubo dos muertos. Primero, Carlos José Moreno, de 17 años, fue asesinado en San Bernardino, Caracas. Se presume que los responsables son paramilitares del Estado. Luego, en San Cristobal, Paola Ramírez de 23 recibió un disparo. En los videos del momento se evidencia cómo fue asesinada por paramilitares chavistas.

Las protestas se acentuaron en todo el país. Ya los hechos aislados en la provincia se hacían cada vez más comunes y los sectores populares se iban sumando. Se dieron situaciones anormales en varios barrios de Caracas.

El 22 de abril se convocó a una “Marcha del silencio”. Protesta pacífica encabezada por líderes religiosos y políticos que logró llegar, por primera vez, a su destino: la Conferencia Episcopal Venezolana ubicada en Montalbán. Luego, el 24, se ejecutó un “Plantón Nacional”.

Ya la manifestación había mutado. Los dirigentes, que en un principio exigían un calendario electoral, empezaron a cambiar su discurso para adaptarse a las peticiones de la ciudadanía que se arriesgaba en las calles. El movimiento dejó de ser electoral para empezar a convertirse en un movimiento libertario. Cada vez más las consignas empezaban a exigir libertad y la salida de Nicolás Maduro.

Aunado a ello, se empezaron a dar las escisiones en el chavismo. El primer gran golpe inesperado lo dio un joven que, aunque no representaba al chavismo, daba estocada letal a una figura imprescindible del régimen.

El 26 de abril, luego de que la Guardia asesinara al estudiante Juan Pernalete con una bomba lacrimógena, el hijo del defensor del pueblo, Yibram Saab, publicó un mensaje en las redes sociales en el que pidió a su padre detener la violencia.

“Papá, en este momento tienes el poder de poner fin a la injusticia que hundido al país. Te pido como hijo, y en nombre de Venezuela, que reflexiones y hagas lo que debes hacer. No es fácil, pero es lo correcto”, dice Yibram Saab en el video.

Joven de la resistencia devuelve bomba lacrimógena. (Leo Álvarez)
Joven de la resistencia devuelve bomba lacrimógena. (Leo Álvarez)

El surgimiento de los guerreros de La Resistencia

Era imposible perpetuar el carácter dócil y extremadamente pacífico frente a la violencia desmedida e irracional del Estado. Durante los primeros días de las manifestaciones, los ciudadanos acudían a las calles utilizando franelas blancas y esgrimiendo carteles con mensajes. Eso se ha alterado en el transcurso de los días. El desarrollo de la violencia obligó a los manifestantes a prepararse cada vez más. Ahora ni uno solo sale de su casa sin protección, al menos, para los gases lacrimógenos.

Pero no solo la sociedad civil se ha transformado con cascos y máscaras antigás. También ha surgido un grupo, en su mayoría de jóvenes, que se ha convertido en baluarte y columna vertebral de la resistencia. Sin ellos el movimiento se hubiese desvanecido.

Se hacen llamar La Resistencia y brotaron de la excesiva violencia del régimen. No existían en un principio, pero ya para el primero de mayo estaban organizados.

Con escudos, cascos, máscaras y guantes. Todo surgió como una respuesta necesaria a la represión. Y, por supuesto, todos andan equipados con material para responder a la Guardia Nacional Bolivariana: botellas, piedras, excrementos, fuegos artificiales y pintura.

El movimiento se adecuaba cada vez más. En la manifestación del primero de mayo, que fue altamente reprimida, estaban presentes. En la avenida Victoria hubo un grupo más reducido de La Resistencia; pero, en la autopista Francisco Fajardo, ya había una cantidad importante de jóvenes con escudos y encapuchados.

Se han alzado, también, gracias a la sociedad civil. En cada concentración los ciudadanos colaboran con ellos. Les dan comida, cascos, máscaras y guantes. Además, los aplauden y presentan como «héroes» de Venezuela.

Jóvenes de la resistencia enfrentan la represión del régimen de Maduro (Leo Álvarez)
Jóvenes de la resistencia enfrentan la represión del régimen de Maduro (Leo Álvarez)

Maduro intenta imponer la agenda

El primero de mayo, durante una concentración chavista por el Día del trabajador, Nicolás Maduro anunció la propuesta de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. Esa Constituyente se acoplaría a unos principios ilegales.

La dirigencia opositora rechazó completamente la propuesta de Maduro. Según señalaron la mayoría, sería una transformación del Estado venezolano para terminar de instaurar, por completo, un régimen totalitario.

Inmediatamente las protestas se empezaron a enfocar en rechazar la Asamblea Nacional Constituyente “Comunal” de Nicolás Maduro.

El tres de mayo la ciudadanía regresó a las calles. Ese miércoles la represión no tuvo precedentes. Es el día, hasta ahora, que más heridos ha habido. A nivel nacional hubo más de 300 y, solo en Caracas, 180. El régimen atropelló a varios jóvenes de la resistencia. Otro ardió en llamas, y, por último, el joven músico de 18 años, Andrés Cañizales, fue asesinado por los perdigones de la Guardia Nacional Bolivariana.

Toda Venezuela se estremeció por la dantesca represión de ese día. Jamás había sido así, pero eso era solo el preludio de lo que vendría.

La oposición, luego, convocó a manifestaciones particulares. El seis de mayo salieron las mujeres y, después, los ancianos.

El miércoles 10 de mayo regresó la represión desmedida que se había ausentado unos días. Ese día, con “la Constitución como escudo”, el estudiante Miguel Castillo fue asesinado en Las Mercedes, Caracas. La dirigencia empezó a hacer llamados a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

El quince de mayo se convocó a otro “Plantón”, que fue criticado por la sociedad civil. La protesta se había acentuado y la sociedad civil ya no estaba tolerando delicadezas contra el régimen.

La protesta continuó el 18 de mayo. Ese día la represión inició temprano en Caracas —más de lo normal—. Fue rápida, pero la tragedia se dio en el estado Zulia: un joven estudiante de 25 años, Paúl Moreno, fue arrollado por un vehículo sin placa. Moreno era miembro de la Cruz Verde y su muerte entristeció aún más al país.

Dos días después la ciudadanía respondió heroicamente a la convocatoria “Somos millones”. Lo que al principio se esbozaba como una concentración frente a una tarima, terminó con un sorpresivo giro. A última hora el líder opositor, Henrique Capriles, anunció que la multitudinaria concentración se iba a dirigir a la sede del Ministerio de Interior y Justicia. Como se esperaba, no pudo llegar debido a la represión.

Las protestas en Venezuela continúan. El miércoles 24 de mayo y el lunes 29, la ciudadanía siguió saliendo masivamente a las calles. Ya la sociedad civil parece llevar la batuta del movimiento y, a ellos, se les ha plegado la dirigencia. Una dirigencia que, con muestras de heroicismo, ha dado la cara.

El lunes, al cumplirse 59 días de lucha, el diputado Carlos Paparoni fue agredido brutalmente. El chorro de «la ballena» lo tumbó e hizo que golpeara la cabeza con el pavimento. Después, al líder opositor y dos veces candidato presidencial, Henrique Capriles, lo agredieron brutalmente.

Manifestantes siguen acudiendo a las calles a pesar de la violencia del régimen. (Leo Álvarez)
Manifestantes siguen acudiendo a las calles a pesar de la violencia del régimen. (Leo Álvarez)

Un proceso sin precedente y que derivará en la libertad

Este proceso, asimismo, ha estado marcado por deserciones y cismas en el chavismo. Además de la fiscal, dos magistrados, la ex defensora del pueblo, un diputado y antiguos ministros, han expresado su rechazo a la idea de modificar la Constitución de Venezuela. Se han denunciado, además, deserciones dentro de la Guardia Nacional Bolivariana.

La ciudadanía cumple 60 días en la calle este martes 30 de mayo con una convocatoria del Movimiento Estudiantil. Son 60 días en los que la gente ha sido cruelmente reprimida. Ha sido detenida, humillada, agredida y asesinada. Pero no está dispuesta a ceder.

El grito que se esgrime en la calle es el de seguir. Los ciudadanos salen preparados para ser reprimidos y agredidos, pero continúan asumiendo su deber cívico. En las calles ya no es solo un grupo el que hace presencia; ahora las clases sociales, los gremios y las generaciones se mezclan para expresar su repudio al régimen de Maduro.

La violencia, además, ha estado marcada por arbitrariedades dantescas. Sobre el desarrollo de los hechos se han denunciado la utilización de privados de libertad para reprimir; así como la utilización de francotiradores, balas y metras. Todo ello parece que, en cambio, debilita al chavismo.

Por el lado de la ciudadanía nada parece mitigarse. Crece, en cambio.

El liderazgo ha entendido cómo responder a la gente en las calles y se ha, igualmente, radicalizado. Los antiguos moderados han dejado de serlo al enfrentarse a la cruel realidad de un régimen perverso. Pero todo ello solo ha derivado en una alineación de las piezas que terminarán, inevitablemente, con el mismo fin: el rescate de la libertad.

Los venezolanos cumplen sesenta días en las calles y, no hay duda, no piensan rendirse hasta lograr la salida de Nicolás Maduro.

Orlando Avendaño Orlando Avendaño

Orlando Avendaño reside en Caracas, Venezuela, y estudia Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello. Síguelo @OrlvndoA.