Ledezma, el incorruptible perseguido venezolano que incomodaba a la oposición cómplice

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Antonio Ledezma no solo es incómodo para el régimen; también lo es para parte de la oposición venezolana que ha mostrado un comportamiento cómplice. (Twitter)

Antonio Ledezma huyó de la opresión. No se fugó, sino que consiguió por sus propios medios la libertad que merecía. Aquella que le habían arrebatado. Pero además, lo habían amenazado con profundizar su castigo. El que le habían impuesto por ser incorruptible, por su firmeza y por su incomodidad para el régimen y para la complicidad de la oposición.

Este 17 de noviembre el exalcalde metropolitano de Caracas logró escapar del régimen. Entró a Colombia y ahora anda en un vuelo hacia Madrid. Antes se encontraba en su casa, donde cumplía arresto domiciliario. Estaba secuestrado por la dictadura.

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Enemigo de la tiranía y la complicidad

Luego de ser detenido por la policía política de Maduro en febrero de 2015, por unas presuntas vinculaciones con una operación que pretendía derrocar la dictadura, Ledezma fue enviado a la prisión militar de Ramo Verde. Duró casi un año en el sitio hasta que en febrero de 2016 le otorgan una medida cautelar y es enviado a su residencia en Caracas.

El dirigente pudo disfrutar de las pequeñas concesiones que le había brindado la dictadura hasta que tocó una tecla delicada: el 31 de julio de este año, luego de que el régimen de Maduro lograra imponer la fraudulenta Constituyente, el exalcalde Ledezma envió un mensaje a los venezolanos. En el audiovisual arremetió particularmente contra parte de la oposición venezolana que, según denunció, ha sido cómplice del régimen desde hace meses.

Ledezma no gastó tiempo en politiquería; en cambio, dijo la verdad, con franqueza. Presentó un mensaje que va dirigido a la dirigencia opositora e invitó a apartar todo aquello que estorba —a la complicidad—.

Inmediatamente después de publicar el video desde su hogar, quedó demostrado que Antonio Ledezma acababa de atentar contra una parte esencial de la dictadura. A las horas la policía política lo volvió a secuestrar y lo llevó a la cárcel de Ramo Verde. Trataron de silenciarlo.

La presión se generó. Surgió la condena contra la arbitrariedad con la que pretendían arrodillar al dirigente. Y, a los tres días, Antonio Ledezma volvió a su residencia.

Líder de partido incómodo que no apoyó el diálogo ni canjeó su libertad

Ledezma es líder de la fuerza política Alianza Bravo Pueblo, un partido que cada vez más se aparta de la oposición oficial representada en la Mesa de la Unidad Democrática. Junto a María Corina Machado, otros partidos más pequeños y algunos dirigentes y activistas, conforma una dirigencia opositora mucho más radical y que parece responder adecuadamente a las exigencias de una sociedad hastiada.

Es también líder de la nueva alianza opositora Soy Venezuela, un grupo también conformado por dirigentes, partidos y activistas que disienten de la MUD y unen sus esfuerzos en torno a principios y objetivos (buscar la salida de Nicolás Maduro). Esta alternativa, cuya fuerza se va solidificando con el tiempo, genera incomodidad.

En Venezuela ha surgido un nuevo proceso de diálogo entre la oposición oficial (el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, y el diputado de Voluntad Popular, Luis Florido) y la dictadura. Los encuentros son rechazados por gran parte de la sociedad. Es la cuarta vez que se reúnen y el resultado siempre es el mismo. No obstante, esta vez la dirigencia que disiente ha condenado firmemente estas nuevas negociaciones.

 

María Corina Machado lo hizo; también el diputado Andrés Velásquez; algunos dirigentes de Voluntad Popular y varios activistas políticos. Ledezma los acompañó. Su partido rechazó ampliamente los encuentros, argumentando que los presuntos opositores que se reúnen en República Dominicana no representan a la sociedad civil. Pero además, el diputado de Alianza Bravo Pueblo, Richard Blanco, se desmarcó completamente de la MUD en el Parlamento y decidió conformar una nueva fracción.

«Antonio Ledezma habría tomado la decisión de huir de su arresto domiciliario luego de ser amenazado con ser devuelto a Ramo Verde, si no cedía en su posición sobre el diálogo entre el Gobierno y la oposición», escribió en su cuenta de Twitter la periodista Elyangélica González.

Lo mismo sugirió la dirigente María Corina Machado, al decir: «Yo estaba segura que Antonio Ledezma no permitirían que lo hiciera rehén de la tiranía. Sé que su vida corría peligro por la posición que asumió con firmeza y coherencia ante la pretensión de reeditar el falso diálogo«.

Aparentemente, el chavismo había amenazado a Antonio Ledezma con devolverlo a Ramo Verde si este y su partido no apoyaban al nuevo diálogo que algunos presuntos opositores y el régimen estaban retomando en República Dominicana. El exalcalde no cedió. Tampoco canjeó su libertad, como algunos especulan que pudieron haber hecho otros expresos políticos como Goicochea y Guarate —que apenas fueron liberados se inscribieron como candidatos a las próximas elecciones municipales orquestadas por la dictadura—. En cambio, prefirió buscar la la libertad de cualquier forma. Tomó el riesgo y ahora su valor acaba de aumentar. Si secuestrado era un peligro para el régimen por no respaldar complicidades, en el exilio es el mejor aliado de Venezuela.

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