Con simbología comunista Maduro se oficializa como candidato presidencial

El dictador, audaz, en su intento de emular una de las más grandes máquinas de matar de la humanidad

3.142
Nicolás Maduro oficializó su candidatura en el teatro de sus presidenciales. Lo hace, como si no supiese ya que va a “triunfar”. (Prensa presidencial)

Maduro oficializó su candidatura para el fraude del 22 de abril y lo hizo en torno a una campaña cuya imagen principal recuerda la bandera de la Unión Soviética comunista que contenía los rostros de Lenin y Iósif Stalin.

Temprano en la tarde, el dictador entregó a la presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, “el documento de aceptación de la candidatura presidencial para el período 2019-2025”. En la portada de la otra carpeta, el supuesto “Plan de la Patria 2025”, se veía su rostro acompañado por el de Hugo Chávez.

“Es la profundización del camino y el legado del comandante Hugo Chávez”, dijo Nicolás Maduro a Lucena, mientras sostenía la carpeta con la fachada de su campaña.

Luego, Maduro se movilizó a la tarima desde donde hablaría a sus simpatizantes. El vehículo en el que andaba, un TIUNA, era manejado por el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, en un intento de expedir homogeneidad en el chavismo.

Todo el teatro, de rojo, y atestado de propaganda comunista, socialista y chauvinista. Finalmente en tarima, Maduro, acompañado de su esposa, Cilia Flores, habló. Sobre él sobresalía una gigantesca pancarta: nuevamente, la imagen que abanderaba al “Plan de la Patria 2025”; pero ahora se distinguía mejor.

Inquietante, en un enorme cartel se leía “Juntos todo es posible”, como lema. Del lado izquierdo estaba, primero, el rostro de Hugo Chávez —de perfil—. Le seguía, —detrás, también de perfil—, el de Nicolás Maduro. Y frente a sus ojos, una estrella.

El periodista y editor de la Revista Clímax, Víctor Maya, lo destacó en su cuenta de Twitter: “Ya decía yo que esa iconografía que encabeza el acto de Maduro hoy me lucía conocida…”.

Casi idéntica, sin ninguna vergüenza, a las banderas que se veían con regularidad durante la existencia de la Unión Soviética, en la que estaban las cabezas de Stalin y Lenin juntas. A veces, también las de Marx y Engels.

Maduro, audaz, en su intento de emular una de las más grandes máquinas de matar de la humanidad.

En el acto, Nicolás Maduro agradeció a su pueblo, el grupo de simpatizantes, aquellos agónicos menesterosos que, aparentemente, continúan brindado respaldo a la Revolución en decadencia. “Les pido a ustedes que oren por mí y me den sus bendiciones diariamente. Le pido a nuestro señor Jesucristo los bendiga con su sangre bendita”, dijo.

También, en un momento, dedicó una canción a la oposición venezolana:

El dictador también insistió, frente al grupo de simpatizantes, en que su estado de salud es óptimo. “Estoy preparado físicamente. A mí sí me funciona el motor y me funciona bien duro. Yo sí tengo un motor”, dijo. Tal vez, haciendo referencia a su único soporte ideológico y político, Hugo Chávez, quien en 2012 inició una campaña para ser reelecto mientras sufría del cáncer que luego le quitó la vida.

Por ahora, solo en la contienda

Dice que ganará, como si alguien lo dudase. Dice, también, que logrará diez millones de votos, como si no pudiese inventarlos. Es su juego y son sus reglas. Por ello, el teatro de este 27 de febrero, en el que aparenta inscribirse y mantener una campaña, no es verosímil.

Nicolás Maduro nuevamente intentará ser parte de un fraude electoral que, espera, le brinde cierta legitimidad democrática para seguir manteniendo su Estado totalitario —ese que se impuso el pasado 30 de julio de 2017 con la derogación de la República y la imposición de la Asamblea Nacional Constituyente—.

Afortunadamente por ahora será un fraude al que irá sin contrincante serio, únicamente acompañado por unos supuestos candidatos, que no son sino «sus» candidatos.

Ya Henri Falcón, el líder de Avanzada Progresista —partido supuestamente de oposición que forma parte de la Mesa de la Unidad Democrática— inscribió su candidatura para asociarse al delito del 22 de abril. Lo hace a pesar de que la MUD y otros movimientos opositores disidentes, como la alianza Soy Venezuela, habían decidido abstenerse de participar en las fraudulentas presidenciales, como lo exige la mayor parte de la sociedad.

Aparte de Falcón, solo hay otros candidatos fantasmas. Extraños que nadie conoce; o, como el pastor evangélico millonario Javier Bertucci, corruptos, mentirosos y tristes.

 

Comentarios