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De cómo las transiciones cubanas son diseñadas en Washington DC

Por: Orlando Luis Pardo Lazo - @OLPL - Ago 24, 2015, 10:02 am
El plan de sucesión cubano ya tiene la bendición del "mundo libre" que prefiere mantener el statu quo a aventurarse con algo desconocido. (Maduradas)
El plan de sucesión cubano ya tiene la bendición del “mundo libre” que prefiere mantener el statu quo a aventurarse con algo desconocido. (Open Letters Monthly)

EnglishPobrecitos los incapaces cubanos: todo tuvo que ser pensado antes por nosotros. Hasta el último detalle de nuestro destino nacional tuvo que ser concebido antes por la academia norteamericana, un cuarto de siglo atrás, a inicios de los años 90. Fue una tesis que hoy debería ser sólo arqueología, pero que se ha convertido ahora en nuestro futuro fósil, en tanto nación a la desbandada.

En efecto, el tema “Cuba” se piensa con mayor lucidez no en la Universidad de La Habana, sino desde la distancia de Georgetown University, por ejemplo. Allí, en el corazón conceptual de Washington DC, en 1993 se dibujó el boceto de la transición cubana del totalitarismo marxista al capitalismo de Estado, en un vuelo directo de la dictadura a la dictacracia, sin necesidad de hacer ni una sola escala técnica en la democracia. ¡Pobrecitos los ingobernables cubanos, que no sabríamos qué hacer con la libertad!

Todavía hoy lo pueden comprobar por ustedes mismos en Amazon.com. Se trata de Cuba in Transition, Options for U.S. Policy, de Gillian Gunn, por entonces directora del Cuba Project, quien más tarde sería acusada sin consecuencias legales por Chris Simmons —oficial de Inteligencia ya retirado— de haber sido una agente de influencia del castrismo, lo cual ella tildó de ser un “sinsentido” (preposterous).

En cualquier caso, la lógica del Tío Sam no podía ser más discriminatoria: ¿para qué otra sub-democracia tercermundista en el traspatio de la híper-democracia imperial? ¿Para mayor corrupción latino-administrativa y aún más violencia caribeño-continental? ¿Para otro fallido estado de derecho entre el buen salvaje y el buen revolucionario?, ¿No estaba ya el pueblo cubano acostumbrado a décadas de disciplina despótica y sin protestar?

Es evidente que, desde la invasión militar yanqui de 1898 a la Isla, entre pseudo-repúblicas y súper-revoluciones locales, los pobrecitos cubanos no merecemos mucho más de cara a los Estados Unidos de América. “Todos somos americanos”, sí, como pronunció Barack Obama en su español de escuela elemental el 17 de diciembre pasado en la Casa Blanca. Pero “algunos son más americanos que otros”, como diría George Orwell de haber conocido ese discurso presidencial.

La verdad de la verdad es que, lo que sería intolerable para el último de los ciudadanos norteamericanos, de pronto ha de ser tolerado por 12 millones de cubanos en la Isla y otros 3 millones en nuestro exilio planetario: el castrismo es el criterio de la verdad; la Revolución es una fuente infalible de derecho a perpetuidad; nuestra soberanía no depende de la participación popular, sino de una élite corporativa-militar.

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Y este es un mensaje peligrosísimo que se le envía al resto del hemisferio desde Washington DC. La ley del más fuerte se impone pragmáticamente por encima de cualquier injusticia histórica y sistema inmoral. El derecho es propiedad privada de los que prevalecen (por eso en la constitución cubana aún se consagra el monopolio del Partido Comunista con impunidad).

El apartheid migratorio, impuesto a un cuarto del pueblo cubano que no puede residir permanentemente en su propio país, es un factor que garantiza la estabilidad regional. Y mucho peor: los cadáveres cubanos carecen de prestigio internacional. Por eso, las Naciones Unidas se desentienden de los niños asesinados en el Estrecho de la Florida por órdenes de La Habana; por eso el atentado mortal contra Oswaldo Payá en julio 2012 no rompió el pacto secreto-diplomático entre Cuba-Estados Unidos-Unión Europea: porque el poder apoya siempre al poder, más allá de etiquetas ideológicas.

Y este es un mensaje peligrosísimo también para el propio Washington DC: sus aliados hoy por hoy son sus antípodas. La democracia norteamericana siente culpa y se siente cobarde de fomentar la democratización. Están abandonando a su suerte a las víctimas, mientras se abrazan en cámara con el violador.

Y en esta ecuación sin ética, Cuba no tendría por qué ser la excepción. En especial, cuando los destinos de la post-revolución cubana fueron concebidos con suficiente antelación desde la academia de Washington DC.

En una línea análoga, Glenn Alexander Crowther publicó su folleto Security Requirements For Post-Transition Cuba en 2007, en este caso sobre la solución norteamericana al militarismo del clan Castro. Y aquí también, como en tantos otros analistas ejemplares de la cubanología Made in USA, todo luce tan nítido, tan balanceado, tan racional, tan políticamente impecable… Como si no estuvieran lidiando en Cuba con una mafia con vocación de muerte masiva con tal de perpetuarse en el poder, dispuestos incluso al holocausto de su propio pueblo, como quedó aterradoramente claro durante la Crisis de los Misiles Nucleares en octubre de 1962.

Los últimos meses del presidente Barack Obama podrán ser más o menos decisivos para mi país, Cuba. Pero esos mismos últimos meses del dictador cubano Raúl Castro, paradójicamente no significarán nada. Su espúrea promesa de dejar todos sus cargos en 2018 no cambia en absoluto la esencia obscena del castrismo. Pues ya no se trata de un “Cambio Fraude”, como lo denunciara en vida el mártir Oswaldo Payá, sino de un “Fraude Incambiable”. Y al concierto de las naciones libres del mundo —Estados Unidos incluido— no parece importarle en lo más mínimo.

De ahí que los cubanos libres que vamos quedando nos preguntemos si no será precisamente al revés: que al concierto de las naciones libres del mundo —Estados Unidos incluido— lo que les importa es conservar el statu quo cubano, al estilo de ese slogan cínico de que “es mejor un castrismo conocido que otros criminales por conocer”.

Orlando Luis Pardo Lazo Orlando Luis Pardo Lazo

Orlando Luis Pardo Lazo es un escritor y fotógrafo cubano, miembro visitante del Proyecto Internacional de Escritores, y profesor adjunto de la Universidad Brown. Sígalo en Twitter: @OLPL, y su blog Lunes de Post-Revolución.