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Asalto a la Asamblea Nacional de Venezuela: Maduro tenía que saberlo… ¿o no?

Por: Pedro García Otero - Jul 5, 2017, 8:57 pm
El asalto a la Asamblea Nacional puede convertirse en un momento de inflexión dentro del largo descenso de Venezuela a la dictadura militar formal. (Twitter)

¿Quién gobierna Venezuela? La pregunta no es retórica, especialmente luego de este 5 de Julio de 2017, que pasará a la historia de mi sufrido país como en su momento pasó el 24 de enero de 1848, que rompió con 20 años de convivencia política y abrió las puertas a la Guerra Federal, uno de los momentos más horribles de la vida venezolana. Algunos dicen que casi tan horrible como este.

¿Sigue siendo presidente Nicolás Maduro? ¿Puede Nicolás Maduro haber ordenado algo tan obviamente dañino para sus propios intereses como el asalto a la Asamblea Nacional, apenas el segundo en 206 años de historia republicana que se están conmemorando?

Más allá de que la respuesta obvia, para casi todo el mundo, es “por supuesto”, ¿realmente es Nicolás Maduro tan sanguinario, y aún más, tan zafio como para cometer un error que terminará de aislarlo ante la comunidad internacional y que lo expone, a él y a su grupo, a sanciones más fuertes, incluso a sanciones económicas o políticas internacionales, y que en caso de un resbalón, puede enviarlo a la cárcel para el resto de su vida?

Las imágenes del “grotesco” (el adjetivo es de la Embajada Británica en Caracas) ataque al Parlamento venezolano han conmovido, entre otros, a los presidentes de España, Mariano Rajoy; de México, Enrique Peña Nieto; de Colombia, Juan Manuel Santos; al Gobierno de Panamá; a Mercosur y al Parlamento Europeo; a la Federación Internacional de Abogados; y los que faltan por pronunciarse, que seguramente lo harán hoy. Si a Maduro le quedaba alguna simpatía en el mundo, hoy la perdió.

Sin duda, todo parece indicar que el Gobierno venezolano se desbarrancará por el pozo sin fondo de la dictadura. Un pozo sin fondo que terminará por derrocarla, que la hace cada día más insostenible, pero que Maduro y su grupo piensan podrán defender, principalmente, sentados sobre las bayonetas.

Mientras el mandatario se rodeaba de charreteras para un desfile militar —que nadie vio y que hoy, como nunca en la historia, el pueblo venezolano repudió—, en diversas zonas de Caracas y del país, los mismos “colectivos” paramilitares que asediaron el Parlamento reprimían a la población. Zonas populares, de clase media baja, como Quinta Crespo o El Paraíso, en Caracas.

No es tan bruto como parece

Pero supongamos que Maduro es un hombre inteligente. Que tiene ciertas habilidades que lo han llevado al poder, y que le han permitido mantenerse en él, aún a costa de sacrificar a todo un país. Supongamos —es perfectamente posible—, que, enceguecido, como suelen estar todos los mandatarios, y mucho más los autócratas, piense que la comunidad internacional no importa; que tampoco importa el profundo rechazo que generan dentro del país. Que con la violencia, el petróleo y otras actividades, mucho menos santas, puede sostenerse.  No sería el primer caso de un mandatario que desdeña todo, hasta que siente el frío del acero en el pescuezo. La historia es rica en ejemplos.

Mientras Maduro, como ya dijimos, se sentaba sobre las bayonetas de una fuerza armada que ya parece un ejército de ocupación, se le ocurrió “condenar” lo que ocurría en el Parlamento. Advirtió que “rechazaba la violencia, venga de donde venga” —una fórmula que el chavismo ha popularizado para no condenar la violencia de sus acólitos— y lo matizó diciendo que “donde está la oposición siempre ocurren cosas extrañas”. Ocurrencias las del mandón, según el cual (el resto del chavismo lo secunda en esto), la oposición tiene la mala costumbre de herirse y de suicidarse.

Olvida el mandatario que horas antes había estado en el lugar Tareck El Aissami, y según Venezolana de Televisión, hizo un llamado “al pueblo para que se acerque al Palacio y jure nuevamente la independencia (…) es hora de los pueblos”. El Aissami no solo había estado en el lugar: Lo había tomado, militarmente, con su gabinete de ministros. Convirtió un acto que históricamente ha sido de la presidencia de la República y el del Congreso en solo un acto del Ejecutivo. La razón: “El Parlamento está secuestrado por la oligarquía”. El Parlamento, elegido por 14 millones de venezolanos, contra un grupo de no más de cien que pretenden quedarse con el país contra la voluntad del 90 % de la población.

Recordemos, además, que Maduro dijo en estos días que lo que “no logramos por los votos lo lograríamos por las armas”: Por ejemplo, el Parlamento no lo lograron por los votos. O recordemos uno de los escasos momentos de sinceridad de Diosdado Cabello cuando dijo, poco después de morir Chávez, que este “era el muro de contención de nuestras locuras”. O a Padrino López, (aunque este ministro de la Defensa solo sirve como actor) señalando hace más de un mes que no quería “ver una atrocidad más” de la Guardia Nacional, tras lo cual deben haberle puesto Netflix, o DirecTV, en la oficina…

Maduro tenía que saberlo.

¿O no?

Esa alternativa es sencillamente escalofriante.

¿Y si Maduro por una vez dice la verdad?

Supongamos por un momento que Maduro no lo supiera, que tuviera uno de esos raros momentos de honestidad que les mencionaba en Cabello (aunque con Maduro es más difícil, es un mitómano empedernido).

Si Maduro no lo sabía, y por eso lo condenó en el desfile militar, ¿por qué el asedio duró seis horas más? ¿Por qué ninguna autoridad militar fue a reprimir a los hampones que asediaban la Asamblea?

Si Maduro no lo sabía, ¿supo que El Aissami se fue de madrugada a la Asamblea Nacional a manosear el acta de la Independencia? ¿Por qué no participó él? ¿Fue su ya contumaz agorafobia, o la ratificación de la conseja de que nunca se levanta antes de las 10 de la mañana? ¿O, en otra hipótesis escalofriante, El Aissami lo hizo sin consultarlo?

¿Por qué hoy no salió Diosdado Cabello por ninguna parte? ¿Alguien lo vio en el desfile militar? ¿En lo del acta de la Independencia? ¿Qué pasó hoy con el hombre que aspira dirigir la Asamblea Nacional Constituyente y, cuidado si desde ahí, darle la patada final a Maduro y convertirse sencillamente en un dictador? ¿Es, o no, El Aissami una ficha de Diosdado Cabello? ¿Es verdad que Maduro le había dicho a Jorge Rodríguez que él iba a ser vicepresidente y que de la noche a la mañana “cambió” de opinión, en enero de este año?

¿Realmente gobierna Maduro, o empezamos a ver un escenario en el que hay varios grupos de poder, cada uno comenzando a hacer lo que le da la gana?

Un gran analista político, que me es muy cercano, me dice que esto es lo que está pasando en Venezuela en el anochecer de este 5 de Julio.

Confirmaría que Maduro es un figurón, y que por lo tanto, no hay con quién negociar en el Gobierno.

Graves momentos vive Venezuela.

Toda mi solidaridad con los parlamentarios de la Asamblea Nacional, el único poder legítimo, electo por voluntad mayoritaria del pueblo venezolano, que queda en mi país.

Pedro García Otero Pedro García Otero

Pedro García fue editor del PanAm Post en español. Periodista venezolano con 25 años de experiencia en cobertura de temas económicos, políticos y locales para prensa, radio, TV y web. Síguelo @PedroGarciaO.