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Las mentiras que nos han dicho los ecologistas del mundo

By: Vanesa Vallejo - @VanesaVallejo3 - Ago 2, 2016, 8:20 pm
(Noticiasnet) ecologistas
El argumento principal de los ecologistas tiene que ver con que, según ellos, el progreso económico guiado por el capitalismo llevará a la destrucción de la humanidad. (Noticiasnet)

Muchas son las cosas que uno calla con la intención de ser prudente y no molestar a otros. A mí, por ejemplo, me hubiera encantado en alguna de las clases ecologistas de mi carrera, haber dicho con voz orgullosa: “Profesor, disculpe, pero creo que usted no ha entendido que los recursos naturales no se agotan”. No lo hice por muchas razones, entre ellas que todo el mundo me miraría raro. Sin embargo, ahora tengo la fortuna de poder explicar aquella idea. Por eso dedicaré esta columna a hablar de la mentira de los movimientos ecologistas.

El argumento principal de los ecologistas tiene que ver con que, según ellos, el progreso económico guiado por el capitalismo llevará a la destrucción de la humanidad en tanto que habrá un inminente agotamiento de los recursos naturales. Según los afiliados a estos grupos, la actividad humana y el modo de vida capitalista agotan los escasos y limitados recursos con los que contamos para vivir. Es sorprendente que después de cientos de demostraciones y años de avances tecnológicos aún haya gente con una visión malthusiana del mundo.

Thomas Malthus afirmaba que la capacidad de crecimiento de la población era mucho mayor que el ritmo al cual podían aumentar los recursos necesarios para la supervivencia de la raza humana. Por lo que de no haber obstáculos para el crecimiento de la población como guerras, pestes, o vicios y libertinaje, el mundo estaría condenado a la miseria. La idea de Malthus se haría cada vez más famosa y sería retomada luego por Keynes en Las consecuencias económicas de la paz, y después inspiraría el famoso libro Population Bomb de Paul Ehrlich que se convirtió en la biblia de diferentes movimientos ecologistas de los años 60.

Lo primero que los seguidores de Malthus parecen no entender es que los recursos naturales no son bienes en sí mismos, es la inteligencia del hombre lo que puede convertir un metal o un mineral en algo útil y deseado. Venezuela, por ejemplo, siempre ha sido territorio rico en petróleo, sin embargo, antes de que los españoles llegaran a esas tierras, los venezolanos lo utilizaban principalmente para fines medicinales, no era nada preciado ni importante. Fue la inteligencia del hombre la que convirtió al petróleo en un bien deseable. Solo hasta mediados del siglo XIX el líquido negro, que se usaba para encender lámparas y para algunos remedios caseros, se convierte en uno de los bienes más preciados de la humanidad y logra desplazar al carbón cuando la inteligencia del hombre descubre la posibilidad de usarlo como combustible.

William Jevons, el famoso economista inglés que contribuyó con sus aportes a la revolución marginalista, afirmaba que el carbón se iba a acabar por el uso indiscriminado que el hombre hacía de él, y lo mismo opinaba acerca del papel. Por lo que en su casa guardaba torres de hojas de papel, esperando volverse millonario algún día. Como todos sabrán, ni el carbón ni el papel son ahora bienes escasos. El hombre, con su inteligencia, logró utilizar otro tipo de combustibles como la gasolina y el gas. Y con respecto al papel, solo los inventores de la memoria USB y los computadores, lograron salvar cientos de árboles. Y tristemente para Jevons, pero afortunadamente para la humanidad, una hoja de papel en la actualidad no vale sino una pequeña fracción de lo que valía en los tiempos del economista.

El punto es que los ecologistas no logran entender que la acción humana y el capitalismo no acaban con los recursos, sino todo lo contrario: la actividad productiva del hombre y su inteligencia aumentan la oferta de recursos. Cuando a un “malvado” empresario capitalista se le ocurre una nueva forma de hacer funcionar vehículos con energía solar, ¿no aumenta la cantidad de petróleo disponible? Por supuesto que sí. Es por eso, que contrario a lo que creía Jevons, el precio del carbón no aumentó sino que disminuyó, alguien se inventó una nueva forma de utilizar petróleo como combustible y ahora el carbón está muy lejos de ser un bien escaso.

Los ecologistas, al igual que los marxistas con la riqueza, ven los recursos naturales como una tarta fija que se va acabando cada vez que alguien toma un pedazo. Resulta que tanto la riqueza como la cantidad de recursos disponibles aumenta con el actuar y la inteligencia del hombre. Contrario a lo que planteaba la teoría malthusiana, es claro que la humanidad en la actualidad vive muchísimo mejor que en épocas anteriores. Por supuesto que hay pobreza, pero gracias a la función empresarial y al capitalismo se ha reducido como nunca antes. En cambio, no sé qué sería de nosotros si les hubiéramos hecho caso a los ecologistas extremos que afirman que todo cambio es malo y que el capitalismo nos llevará a la destrucción total.

Y en este punto es válido preguntarse ¿por qué estos ecologistas extremos solo protestan contra el capitalismo? Es decir, no conozco a ningún grupo ecologista que dentro de sus reclamos saque a la luz lo ocurrido en Chernóbil, por ejemplo. O que hable de cómo el mar Aral se convirtió en un desierto tras la gestión de la Unión Soviética. La respuesta es sencilla y espero desarrollarla en una próxima columna, los ecologistas radicales no buscan la conservación del medio ambiente, sino la instauración de un nuevo modelo económico. No quieren cuidar la naturaleza, ríos y bosques, no, su verdadero objetivo es atacar al capitalismo presentándolo como un modelo económico que destruirá a la humanidad.

Los hechos son claros, el capitalismo ha logrado aumentar los recursos naturales que antes se consideraban escasos como el carbón, e inventos como los de la compañía Tesla, con sus carros eléctricos logrados gracias al capitalismo, hacen mucho más por el medio ambiente y por la humanidad que ideas absurdas como proponer frenar el avance tecnológico y vivir en un mudo hippie sin capitalismo. Mientras veo cómo “malvados” empresarios capitalistas inventan nuevos métodos para convertir el CO2 en acetato, seguiré esperando las protestas ecologistas por los desastres ambientales ocurridos en países socialistas.

 

 

Vanesa Vallejo Vanesa Vallejo

Vanesa Vallejo es economista de la Universidad del Valle. Liberal, escritora de opinión, influenciadora en redes sociales. Miembro del Movimiento Libertario Colombiano. Síguela @VanesaVallejo3.

La importancia de luchar la batalla de las ideas

By: Rafael Ruiz Velasco - Ago 2, 2016, 7:56 pm
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Contrario a lo que muchos creen, las ideas juegan un papel de vital importancia en nuestra vida diaria. Algunos creen que son solo las acciones, las decisiones o los hechos los que definen nuestro destino dejando totalmente fuera de juego a las ideas. Miles de personas reducen el término “filosofía” a una materia aburrida o a una carrera que solo los muy aficionados (o los que no le temen al hambre) estudiarían. Esto es un grave error. Lea más: PanAm Podcast: ¿Por qué siguen siendo tan populares las ideas socialistas? Lea más: Socialismo del Siglo XXI: El problema son las ideas Todos los días de nuestras vidas se conforman por acciones, pensamientos, decisiones sobre qué vestir, qué comer, qué hacer y cómo conducirnos de acuerdo a nuestra escala de prioridades y de valores que son resultado de nuestra filosofía de vida y en consecuencia, de nuestras ideas. Cuando no definimos claramente cuál es nuestra filosofía, cuando no nos detenemos por un momento a pensar el por qué nos conducimos como lo hacemos y por qué actuamos de determinada manera entonces alguien más lo está decidiendo por nosotros; incluso sin que nos demos cuenta o ese alguien más lo sepa. Esa pequeña gran diferencia entre definir nuestras ideas libre y voluntariamente y no hacerlo, es la misma que existe entre una oveja, que pasta y camina como todos los demás lo hacen; y un tigre, que decide explorar, cazar y valerse por sus propios medios para sobrevivir y ser independiente. Si llevamos este concepto al terreno político-económico tenemos que la mayoría de las personas ven a nuestros gobernantes y funcionarios públicos como líderes de opinión, capaces de mover masas y de definir si uno u otro camino es el mejor para sus gobernados. No nos detenemos a pensar que los políticos no son líderes sino seguidores, y están condicionados por las ideas de los individuos que juntos conformamos la sociedad. Es decir, si lo que la gente pide es “pan y circo” ellos tendrán que dar “pan y circo” para mantenerse en el poder y ser populares en las elecciones, ¿qué pasaría si la gente pidiera, por ejemplo, menos impuestos y más libertad en lugar de más cosas gratis? Es necesario precisar que este concepto de la batalla de las ideas está muy bien entendido y dominado por grupos colectivistas y socialistas alrededor del mundo. América Latina no es la excepción; ellos han entendido que conquistando el mundo de las ideas es más fácil llegar y mantenerse en el poder. De ahí que no sorprende el hecho de que casi la totalidad de los países en la región, en mayor o menor medida, tengan gobiernos socialistas o “progresistas”. // Nos han hecho creer que el capitalismo es malo y opresor, que el Che es símbolo de la libertad, que Robin Hood era socialista (en realidad era liberal ya que no robaba a los ricos sino que recuperaba dinero robado por el gobierno a través de impuestos), que la educación pública es la única poseedora de la verdad, que la historia oficial es real o mito según su conveniencia y que absolutamente todos los fracasos del socialismo son productos de una mala implementación o de la avaricia de sus líderes y no de lo perverso de sus raíces filosóficas: la envidia, el robo y la promesa utópica del cielo en la Tierra. Se han apoderado de símbolos populares como la careta de Guy Fawkes del afamado cómic “V for Vendetta”, haciéndolo símbolo de una ideología de izquierda colectivista, cuando en realidad él estaba a favor de la libertad individual en un marco mucho más cercano al anarquismo. Vamos, hasta el mismo concepto de libertad lo han disfrazado y manipulado confundiéndolo con temas como “soberanía nacional”, “independencia del imperio yanqui”, “no dependencia de bienes materiales”, “amor a la pobreza” y otras miles de falacias peligrosas y muy dañinas para la construcción de una sociedad libre y próspera. No es coincidencia pues, ver a filósofos, escritores, músicos y artistas en general sosteniendo las banderas del “socialismo, igualdad, justicia y revolución”, todos términos muy ambiguos y utilizados para manipular masas sedientas de algo en qué creer y sentir que están haciendo algo por este mundo. Enfrentémoslo: la izquierda y el mito del colectivismo tienen ganada la batalla de las ideas, son maestros en el arte de convencer y propagar su mensaje. Como creyentes de la libertad tenemos que igualar las circunstancias, tenemos que generar que cada vez haya más artistas, filósofos, profesores y escritores que hablen sobre la libertad y la responsabilidad bien entendidas. Es importantísimo pensar por nosotros mismos, reflexionar sobre cuál es nuestra misión en la vida, qué es lo que nos mueve, qué es en realidad lo que más nos conviene como individuos y como sociedad y dejar de depositar nuestra confianza en líderes mesiánicos, promesas insostenibles y discursos políticos ambiguos. Sin la libertad todo falta. Denunciemos lo que ha salido mal una y otra vez, el único camino para un desarrollo pleno es la toma de decisiones libres, la cooperación voluntaria y el fortalecimiento de la sociedad civil. Todo lo demás es demagogia. Recordemos que si no tenemos claro qué es lo que nos mueve y cuáles son nuestras motivaciones en la vida, alguien más lo estará decidiendo por nosotros, y vaya peligro que eso representa. Una mala idea puede tener consecuencias fatales, basta con ver las ideas de Karl Marx y la miseria que trajo a los millones de individuos que vivieron o viven en las sociedades que decidieron abrazar sus premisas. Las atrocidades más grandes en la historia de la humanidad y las vidas más tristemente desperdiciadas son aquellas que no tuvieron el valor de definir y defender sus ideas. Pongámonos juntos la armadura de la libertad y luchemos en esta interminable pero necesaria batalla de las ideas, llamada vida.

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