A ello hay que agregar la negativa de su gobierno de dar apoyo fiscal a las empresas, empujando a miles de ellas a la quiebra, el clientelismo oficial en el reparto de apoyos económicos para enfrentar la cuarentena, la caída de sectores enteros en la insolvencia, como las compañías aéreas, frente a la inacción gubernamental, por no hablar de que México es el último lugar de los países de la OCDE en pruebas de COVID-19 por cada mil personas: El país libra su más dura batalla con los ojos vendados y las manos esposadas. 

Así, la pandemia ha exhibido la incapacidad del gobierno mexicano, aún cuando lo más grave todavía está por llegar.

Pero hay un fenómeno sobre el que conviene detenerse un poco: mientras el gobierno de López Obrador da un paso atrás, los grupos del crimen organizado ocupan su lugar. Así, desde hace un mes aparecen cada vez con mayor insistencia, en redes sociales y medios de comunicación, fotografías y videos de grupos de narcotraficantes entregando dinero, comida y despensas a población vulnerable, en medio de la cuarentena obligada por el propio gobierno, que ha causado hambre y pobreza. El mensaje de esos grupos parece ser «si el Estado te abandona, nosotros sí te respaldamos».

Se ha documentado la entrega en varios estados del país, principalmente en Tamaulipas, Chihuahua, Jalisco, Michoacán, San Luis Potosí, Colima, Guanajuato, Veracruz y Guerrero. Estos grupos criminales exhiben las imágenes en redes sociales, exhibiendo las narcodespensas con pegatinas con los nombres de los carteles criminales, o imágenes del Chapo Guzmán, los jefes criminales de la zona y hasta de Osama Bin Laden. Mas la tarea de estos grupos no se limita solo a la entrega de narcodespensas: también actúan pidiendo que la gente no salga de casa y obligando al cumplimiento de la cuarentena, amenazando con su poder de fuego. Cuarentena o plomo.

Parecería que la publicidad de estos apoyos, aparentemente caritativos, cumple varios objetivos. Primero, advertir a otros grupos criminales que ellos son los dueños de la plaza. También, evitar que su base de apoyo los abandone, ahora que la producción, el trasiego y el comercio de drogas se encuentran supuestamente paralizados, como toda la economía del país. Y finalmente, lograr un apoyo en las comunidades para construirse un “escudo social” que proteja sus actividades, les advierta de peligros y sirva como base para el reclutamiento de nuevos integrantes.

Esto se da un contexto de creciente violencia en el país, por parte de los mismos grupos criminales: en abril pasado, por ejemplo, hubo 2,492 homicidios dolosos en el país, es decir, un promedio de 83 homicidios por día, más de un homicidio cada 20 minutos, uno de los registros más altos, no solo del gobierno de López Obrador, sino en la historia del país. Hoy, más gente llora en México por la violencia y la inseguridad pública que por la crisis de coronavirus.

Así, mientras mucha de la fuerza pública está ocupada en la vigilancia de hospitales y buscando que la población acate la cuarentena y el distanciamiento social, los carteles de la droga y del robo de combustibles aprovechan ese repliegue para seguir disputándose territorios e incrementando sus operaciones.

México vive bajo el acoso de dos pandemias: la del coronavirus y la de los grupos del crimen organizado. Frente a ambas, el gobierno de López Obrador ni tiene respuestas, ni estrategias, ni preparación, ni resultados. Y ambas durarán aún bastante tiempo más, desangrando al país.

El Estado mexicano se revela frente a ellas como una torpe ficción, una mala broma, muy cara. El rey está desnudo.