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¿Adónde apuntan las interminables arremetidas de Nicolás Maduro?

Por: Antón Toursinov - @atoursinov - Mar 11, 2015, 7:00 am

EnglishLos delirios del presidente venezolano Nicolás Maduro, quien ha andado meses con el cadáver de Chavez e incluso durmió sobre su tumba, se han convertido en una costumbre en los últimos años. A esta altura, provocan más pena que gracia, aunque a decir verdad, y poniéndose en los zapatos de los venezolanos, poca gracia ha de provocar este caricaturesco personaje caribeño.

Los últimos días hemos presenciado más ataques de histeria de los habituales. En su afán de tapar el sol con un dedo y manipular a los ingenuos europeos —británicos, principalmente—, Maduro, a través de su embajada en Londres, envió una carta a la cadena BBC, acusando (¡cuándo no!) de mentirosos a periodistas, políticos de la oposición y a medio mundo, alegando que “las afirmaciones tendenciosas e inexactitudes… suponen una injusta y excesivamente negativa representación del Gobierno bolivariano”.

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Maduro ha tenido, en estos días, más ataques de histeria de los habituales. (Noticias de Venezuela)

No sé de los ingleses, si lo han tragado o no, pero a los venezolanos que a diario pasan las penurias “revolucionarias” y para el resto de los que vivimos en la vecindad —en América Latina—, no se nos puede engañar tan fácil con estos mamarrachos epistolares dirigidos a los medios de comunicación europeos.

Podemos dejar a estos diplomáticos “bolivarianos” de pacotilla con su conciencia, pero nadie puede olvidar a los centenares de detenidos por órdenes directas de Maduro, los juicios arbitrarios fuera de cualquier legalidad, y ni hablar de los vestigios de la otrora prosperidad económica venezolana.

Volviendo a las histerias de Maduro: ya a nadie le sorprenden las pataletas del conductor de buses y sus gritos injuriosos hacia los EE.UU. El 28 de febrero pasado su nivel de espumosidad bucal sobrepasó los límites de lo normal cuando anunció que, a partir de ese día, los estadounidenses necesitaban solicitar un visado para ingresar a Venezuela. Aunque Venezuela está en su derecho de imponer las visas a los países que desee e, incluso, prohibir la entrada a quien decida, el griterío de Maduro recordó el ladrido de un chihuahua a un elefante.

En primer lugar —y Maduro, con su séquito diplomático-propagandístico, evita mencionarlo—, los EE.UU. han sido, son y serán a mediano plazo el socio comercial número uno de Venezuela. Mientras, la importancia de este sufrido país caribeño para la economía estadounidense es bastante mísera —por no llamarla insignificante. Venezuela no entra siquiera entre los 10 principales socios comerciales del país norteamericano .

Además existe, en América Latina en general y en Venezuela en particular, sobre todo entre los burócratas y los que por gracia del destino llegan al poder, la práctica de abrir sus cuentas bancarias en los bancos de los tan odiados EE.UU., e invertir en las propiedades de las tan despreciables Miami, Los Ángeles o Nueva York. Seguro, lo hacen con todo el asco del mundo.

Y este “patriotismo financiero y económico” es el talón de Aquiles de la cúpula socialistoide venezolana. Es por eso que Maduro echa espuma por la boca cuando los EE.UU. imponen el embargo y sanciones a los funcionarios venezolanos. La verdad, ¿cómo amar la patria y a Chávez teniendo los millones resguardados en los bancos más seguros del mundo e invertidos en la economía más grande y próspera del mundo? ¡Vaya patriotismo!

Dicho sea de paso, Maduro y sus “revolucionarios” no son los únicos patriotas-baratijas. La presidenta argentina, Cristina Kirchner, íntima de Maduro, educó tan bien a su hija en materia de inversiones que esta se fue por lo seguro: propiedades en Nueva York. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, estudió Economía (¿estudió?) en los EE.UU., y no con recursos propios. Los castristas disfrutan observar la isla cubana desde el cielo, a bordo de sus jets privados.

El anuncio de que los yankees ya no podrán ir de compras a Caracas sin pedir visa provocó carcajadas en los propios Estados Unidos. Exactamente lo mismo sucedió cuando Putin impuso sanciones a los EE.UU. y creó una “lista negra” de los funcionarios gringos a quienes vetó la entrada en Rusia y a sus “paradisíacos” balnearios.

Sin embargo, lejos de las risas, la razón de esta medida de Maduro va más allá. Parece que la verdadera razón no es morder a los estadounidenses —al fin, Maduro y sus asesores tomaron nota de lo ridículo que sería esto—, sino prohibir la entrada a los venezolanos que en su momento migraron al norte. Otra vez, en una acción típica de dictadorzuelo, el gobierno venezolano actúa contra sus propios ciudadanos.

El presidente estadounidense, Barack Obama, acaba de imponer más sanciones a funcionarios venezolanos (pues sí, que guarden su dinero en su amada patria revolucionaria) y declaró a Venezuela como una amenaza para la seguridad nacional. A pesar de que es obvio que son sanciones a unas cuantas personas particulares, a sus cuentas y sus bienes, otra vez Maduro tiembla anunciando que los EE.UU. destruyen la economía de Venezuela. Si recordamos el país del norte es el socio comercial principal de Venezuela, se puede afirmar —y esperar que así sea— que el gobierno de Maduro ahora, de verdad, está en la cuerda floja.

Editado por Adam Dubove.

Antón Toursinov Antón Toursinov

Antón Toursinov es doctor en Filología, coordinador de los posgrados en Lingüística en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Se dedica al análisis del discurso y al estudio de la argumentación y manipulación en el discurso político. Síguelo en Twitter @atoursinov.