La salud en Venezuela, más difícil que el Niágara en bicicleta

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(Diario Las Américas) Salud en Venezuela
Hoy la tasa de mortalidad en los recién nacidos venezolanos varía entre 60% y 70%. (Diario Las Américas)

“El Niágara en Bicicleta” es el título del tema musical de Juan Luis Guerra, cantante dominicano. A pesar de que el lanzamiento es del año 1998, pareciera describir la situación actual de la salud en Venezuela en pleno 2016.

La frase “el Niágara en bicicleta” es una expresión utilizada para describir un momento en el que se intenta superar o atravesar una situación difícil. En la canción, Guerra la utiliza para describir lo imposible que se hace conseguir tratamiento médico en un país donde nada funciona.

La canción cuenta la historia de un hombre que comienza a sentirse mal, va a un hospital para chequearse la presión, “pero la sala está ocupada” y “en este hospital no hay luz para un electrocardiograma”.

“No me digan que los médicos se fueron, no me digan que no tienen anestesia, no me digan que el alcohol se lo bebieron y que el hilo de coser fue bordado en un mantel. No me digan que las pinzas se perdieron, que el estetoscopio está de fiesta, que los rayos X se fundieron y que el suero ya se usó para endulzar el café”, canta Guerra, mientras pareciera describir en detalle el destino de cualquier enfermo en el país del nefasto chavismo.

El sistema de salud ha colapsado, no hay vuelta que darle. Según relatos recopilados en The New York Times, en el hospital de Barcelona (Venezuela), aparecen cada día entre dos y cuatro niños que mueren durante la noche.

Las muertes de los pequeños y recién nacidos se deben a que se dan varios cortes de luz, los equipos de respiración artificial fallan y además carecen de las medicinas necesarias para ser tratados.  A su vez, muchas madres también mueren luego de los partos por no poder ser atendidas con los tratos médicos básicos.

Los guantes de látex, el jabón y el papel también faltan, siendo lamentablemente los elementos necesarios para cualquier procedimiento médico o cirugía, que se utilizan para prevenir contagios de enfermedades y bacterias ante el contacto directo.

The New York Times relata cómo en Venezuela, más precisamente en el hospital de la Universidad de los Andes, no queda agua para lavar la sangre de las mesas de operación. Sí, eso mismo, porque también hay interminables cortes de agua y luz.

Los generadores fallan, los pacientes deben recibir respiración artificial y de modo manual, con médicos ocupándose exclusivamente de bombearlos a mano durante horas para que puedan sobrevivir.

¿Se imagina usted que acaba de nacer su hijo, y durante la noche hay un apagón eléctrico que hace que los respiradores de la sala de maternidad dejen de funcionar, provocando la muerte de su pequeño? Bueno, eso sucede en Venezuela. Los bebés mueren todo el tiempo.

La Federación Médica Venezolana denuncia que sólo en el primer trimestre de 2016 fallecieron 97 recién nacidos en el Hospital Antonio Patricio de Alcalá de Cumaná (Sucre), 71 en el Hospital Central de San Cristóbal (Táchira) y 46 en el Hospital Clínico Universitario de Caracas. Hoy la tasa de mortalidad de los recién nacidos venezolanos varía entre 60% y 70%.

Las cirugías se hacen cada vez más complicadas. Recuerdo cuando conversando con un cubano, me contó que en Cuba debían hacer las operaciones sin anestesia, inclusive las de corazón abierto, por el simple hecho de que no se conseguían hace ya largos años. Así y todo, abundan las personas que alaban al sistema de salud cubano, un sistema que en la realidad es claramente paupérrimo e inhumano. Lo mismo sucede en Venezuela, las anestesias tampoco llegan.

Ante los cortes de luz, se han quemado cientas de lamparitas de luz y focos médicos -que aunque los quieran cambiar, tampoco los conseguirán porque ya no quedan en el país. Esto lleva a que los médicos tengan que operar sin la luminosidad necesaria, con linternas e inclusive velas. Usted mismo sacará una conclusión sobre lo que podrá resultar de una cirugía en estos términos.

La mayoría de las máquinas de rayos X, del mismo modo que nos cantaba Juan Luis Guerra, ya se han dañado y fundido ante los incesantes cortes de luz y la ausencia del buen mantenimiento.

Las camillas ya no son suficientes, y el suelo de los pasillos de los hospitales venezolanos se ha convertido en las “nuevas camillas”.

Si a alguien le da cáncer, las medicinas para las quimioterapias casi nunca llegan al país. “Un protocolo de cuatro meses, se alarga hasta ocho y una efectividad de 90% en el tratamiento baja hasta un 50%”, según expresa el periódico El Tiempo.

Los resultados de los pocos estudios que se llegan a realizar, no pueden imprimirse porque no hay papel, así que los mismos llegan a las manos de los médicos a través de las pantallas de celulares, sin clara resolución, lo que lleva a malos diagnósticos y a un aumento en el número de muertes.

De Farmatodo a Farmanada

Asimismo, la Federación Farmacéutica Venezolana reportó en abril que aproximadamente en un 85% de las farmacias venezolanas no se hallan los medicamentos básicos, y que los hospitales cuentan sólo con el 5% de las medicinas e insumos necesarios para poder operar con normalidad.

Hoy faltan más de 872 fármacos esenciales en Venezuela, y cerca de 7 de cada 10 medicamentos no están disponibles en el país, ni siquiera un poco de ibuprofeno.

Mientras tanto, Nicolás Maduro establece convenios con Cuba, donde La Habana se “compromete fielmente a suministrar medicinas a Venezuela” para resolver y ayudar en la escasez provocada, según las mentiras de Maduro y los Castro, por el imperialismo, la derecha y la oposición.

Sinvergüenzas, lo que ha provocado este deterioro tanto en Venezuela como en Cuba es la desgraciada gestión gubernamental y dictatorial de los Castro, Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Veámoslo así: la ayuda tanto alimentaria como de salud de Cuba a Venezuela, equivale a que un muerto quiera hacer reanimación cardiopulmonar a alguien que se encuentra a segundos de su propia muerte. Usted sabrá si esto es posible o no.

Mientras tanto, los venezolanos se las han rebuscado para tener su pasada diaria de desodorante, ya que los productos de necesidad básica y de aseo personal también han desaparecido:

“La fila era de 40 personas, eran más hombres que mujeres, esperaban por su turno para untarse el desodorante a bolilla por 20 bolívares. Cuando lo vi hace dos años en Twitter dije es mentira, pero ahora lo vi y es así”, expresó la periodista venezolana, Nitu Pérez, en Blu Radio.

Pasada de desodorante por 20 bolívares. (Blu Radio)
Pasada de desodorante por 20 bolívares. (Blu Radio)

Es triste, realmente triste. En el caso de que su bebé recién nacido logre superar todas estas barreras y obstáculos producidos exclusivamente por el chavismo, y salga del hospital sano y salvo, la odisea no terminará allí.

Ahora tendrá que hacer filas para conseguir los escasos pañales al igual que la leche. Y, en el caso de que logre soportar todas esas interminables filas y pueda conseguir alimentos e insumos para su hijo durante su crecimiento, la odisea tampoco termina allí.

A continuación tendrá que preocuparse porque cuando su hijo salga a la calle no muera asesinado ante la imperante inseguridad de las calles venezolanas.

Y si usted intentase no traer un hijo a la tierra venezolana ante las tristes penurias por las que el pequeño tendrá que pasar, tampoco le será muy fácil: también hay escasez de profilácticos y pastillas anticonceptivas.

Bienvenidos al Comunismo.

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