El relato de la izquierda: por Siria sí, pero por Venezuela no

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Las bombas lacrimógenas alcanzaron este miércoles al colegio San Pedro de Caracas justo cuando los niños salían de clase (Estímulo)

Un país con un régimen que lleva varios años en el poder, ya casi dos décadas. Un Ejército que reprime y golpea a los que buscan un cambio. Fuertes relaciones con Irán. Un país en el que caen bombas constantes contra la población. Una población que se exilia en busca de refugio y paz. Narcotráfico y terrorismo. Grupos armados que han tomado las calles en forma de colectivos y aterrorizan a la población, cometiendo asesinatos diarios. Petróleo y un odio compartido hacia los Estados Unidos de América. Muertos en manos de la dictadura que controla la totalidad de los poderes estatales.

¿Siria? ¿Venezuela? Ambas. Esta descripción relata el contexto que viven ambas naciones y los ciudadanos que padecen los atropellos constantes en dichos territorios.

Sin embargo, ¿cuál es el porqué de la postura de los movimientos de izquierda o los partidos socialistas y comunistas en América Latina y el mundo? Esta izquierda está empeñada en difundir en sus redes sociales y comunicados políticos los constantes atropellos en Siria, la guerra civil y los muertos. Sin embargo, ¿por qué de los muertos de Venezuela no dicen nada? ¿Por qué no se pronuncian sobre la situación dictatorial que existe en Venezuela y ellos siguen negando?

¿Hipocresía? ¿Culpa? ¿Vergüenza? Solo ellos lo sabrán. Lo que está claro es que la realidad en Venezuela es innegable: pobreza, muertos en manos del régimen, una inflación estrepitosa, hambre en las calles, represión, inseguridad, enfermedad y escasez. El que diga que en Venezuela no hay nada de eso está, definitivamente, fuera de la realidad e inclusive me tomaría el atrevimiento de sugerirle se saque un boleto de avión a Caracas y vea con sus propios ojos el fracaso del comunismo que tanto defiende.

Estos movimientos de izquierda han sido los grandes aplaudidores del régimen chavista desde la llegada de Hugo Chávez a la arena política venezolana hasta el día de hoy. Hay algunos que no obstante intentan desligarse. De hecho, hace algo no más de un mes, tuve la posibilidad de conversar con el Movimiento Socialista en plena Plaza de Mayo, en Buenos Aires. Me decían que lo que acontece actualmente en Venezuela no es ni comunismo ni socialismo. Que lo que hay hoy, por culpa de Nicolás Maduro, es “capitalismo” y que por eso Venezuela está tan mal. Así, con esas palabras, “capitalismo”. Por supuesto, esta es la característica principal de la izquierda: buscar un chivo expiatorio a quien culpar de sus más tremebundos errores. En este caso, el preferido: el capitalismo.

La ceguera es bastante amplia. Lo que abunda hoy en Venezuela, al igual que en Cuba, es comunismo y punto. Un sistema orquestado por Fidel Castro e implementado por Hugo Chávez, fríamente calculado y sellado con el Foro de Sao Pablo y con los tantos acuerdos entre aquella oleada populista y socialista del siglo XXI que hoy día se mantiene vigente por la fuerza, la toma de los poderes estatales y los órganos de control electoral, porque si por sus pueblos fuera, estos populistas ya estarían fuera del poder. Es que están enquistados, aferrados como una garrapata que succiona y depende de la sangre del pueblo para no morir, para no acabar tras las rejas por las infinitas violaciones a los Derechos Humanos que han cometido y sus crímenes de lesa humanidad.

Pero qué más da. Esto no es una cuestión de definición, esto es cuestión de que ahora, en este preciso momento, hay gente muriendo; de que jóvenes, niños y ancianos están siendo asesinados por la dictadura de Nicolás Maduro y la oposición está presa, exiliada, desaparecida o con orden de captura; de que la democracia desapareció hace ya mucho tiempo, porque eso es lo que sucede siempre y cada vez que se aplica el socialismo y el comunismo a la práctica.

 

En fin, estos movimientos de izquierda se desviven hablando de la situación en Siria, de los padecimientos de la población y las muertes que allí acontecen. No obstante, de los muertos que mata la dictadura acá, muy cerquita nuestro, en Venezuela, no emiten ni una sola palabra, ni un solo posteo en redes sociales, ni una sola lagrima.

Los apoyan. Apoyan dictaduras. Apoyan a una dictadura que asesina y reprime al pueblo. Esa es la verdad que quieren negar. Pero por supuesto, jamás lo reconocerán. No lo reconocerán porque se les caería toda su historia, todo su cuento, todo su relato, toda su victimización que les consigue adeptos a su nefasta causa.

La izquierda llora los muertos de la dictadura de Jorge Rafael Videla en Argentina, levantan banderas con el eslogan de “Nunca Más”, sin embargo son tan hipócritas que hacen la vista gorda cuando de los muertos de la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela se trata.

Para estos movimientos y partidos de izquierda hay algunos derechos humanos que valen y otros que no tanto. Para estos movimientos y partidos de izquierda hay algunas vidas que valen y otras que, definitivamente, no valen nada.

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