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Trump sin rumbo en política exterior

By: Carlos Sabino - Abr 21, 2017, 10:07 am
(T13) Trump
Pero cuando Trump, hace unos días, decidió bombardear al ejército sirio después de que este lanzara gases asfixiantes contra su población civil, todo el mundo lo aplaudió. (T13)

Al presidente norteamericano Donald Trump se lo ha criticado por muchos motivos, algunos justificados y otros no, como siempre ocurre. La izquierda lo ataca como un fascista xenófobo (que no lo es) y a los liberales clásicos no nos gustan sus amenazas contra el libre comercio mundial, porque de llevarse a cabo traerían perjuicios para todos, en primer lugar para los Estados Unidos. Pero cuando Trump, hace unos días, decidió bombardear al ejército sirio después de que este lanzara gases asfixiantes contra su población civil, todo el mundo lo aplaudió. Unos porque vieron en esa acción una justa represalia contra un ataque inhumano y brutal, otros porque pensaron que Trump retomaría la línea que, en política exterior, tuvieron los últimos gobiernos de su país. No es este mi caso: no me pareció útil u oportuna la acción de los Estados Unidos, por lo que quiero ofrecer al lector una reflexión personal sobre lo sucedido.

Un ataque con gases contra la población civil es, sin la menor duda, un hecho condenable, bárbaro y brutal; se trata de una acción de la peor especie, no cabe duda alguna. Pero lo que debemos analizar, con la mayor frialdad posible, es la respuesta que se dio a un hecho tan salvaje.

Desde el punto de vista práctico, sin duda, el bombardeo sirvió para muy poco: no tuvo mayor repercusión en el plano militar y, desde luego, para nada ayudó a las víctimas. Fue, en todo caso, un acto simbólico, una expresión del repudio a la utilización de cierto tipo de armas. Pero, aun en este plano, cabe hacer algunas serias objeciones: ¿es la mejor manera de expresar ese rechazo moral el lanzar unas decenas de misiles? ¿Por qué responder así a este acto de barbarie y no del mismo modo, por ejemplo, a los que comete Boko Haram en Nigeria o los que realiza la monarquía absolutista y fanática de la Arabia Saudita? La represalia que analizamos no tenía, en el fondo, ningún objetivo claro, ni militar ni moral.

Pero, al proceder de esta manera, Donald Trump en poco se diferenció de lo que hicieran antes que él Clinton, los Bush u Obama. Porque procedió como una especie de policía mundial, o peor aún, de tutor moral, con jurisdicción sobre toda la humanidad. Y nadie, que yo sepa le ha entregado a los Estados Unidos ese papel.

 

Guiar la política exterior de la principal potencia del planeta por arrebatos de consciencia moral o por efectos mediáticos es un error práctico y constituye, además, un acto de soberbia que puede perjudicar a todos, sin beneficiar para nada a los Estados Unidos. El gobierno de ese país ha hecho perder ya miles de vidas a los soldados estadounidenses que han tratado de cambiar a Irak y a Afganistán sin lograr que estos países avancen ni un paso por la senda de la democracia liberal. Con su intervención militar (que no tiene visos de llegar a su fin) han desatado nuevas guerras y han hecho aparecer la pesadilla del ISIS, el autodenominado Estado Islámico, que persigue abiertamente el terrorismo y los más brutales ataques. ¿Para qué intervenir entonces, si en vez de lograr resultados concretos, solo se pierden vidas y se gastan cifras inmensas de dólares? ¿Tiene algún sentido que la política exterior sea conducida de este modo, tan visceral y tan poco racional?

Lo que hacen los Estados Unidos interesa a todos y a todos nos afecta, por eso entrego al lector esta reflexión. En América Latina hemos visto virajes importantes en su política exterior y, ahora mismo, su conducta está guiada por una defensa de los derechos humanos que en países como Guatemala se percibe como moralmente injusta y dañina: se apoya  y se promueve la persecución de los oficiales del ejército que combatieron hace décadas a la guerrilla marxista, pero se pasan por alto lo que hizo la subversión en su momento. Se insiste en poner en primer lugar, por sobre todo, a la lucha contra la corrupción, pero se atenta para ello a veces contra el propio orden constitucional vigente. Un policía moral actúa, de acuerdo a sus convencimientos y a lo que cree que es justo. Pero, en materia internacional, es muy difícil que entienda las realidades de otros países, su historia, sus costumbres y las circunstancias que viven sus habitantes.

Está bien a nuestro juicio, que Trump quiera hacer renacer otra vez el prestigio y el papel de los Estados Unidos. Es algo positivo, que podría ayudar mucho en las actuales circunstancias. Pero esto no lo logrará interviniendo cuando su presencia no es solicitada o guiándose por consideraciones morales que nunca aplica del mismo modo a todos los países del mundo.

 

Carlos Sabino Carlos Sabino

Sociólogo, escritor y profesor universitario, Sabino es director de programas de máster y doctorado en Historia de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Siguelo @Sabino2324

Francia elige: ¿un liberal-conservador, un socialdemócrata, una nacionalista o un comunista?

By: Diego Sánchez de la Cruz - Abr 21, 2017, 9:57 am
(Madriddia)

Imaginemos por un momento que la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas arroja como vencedores a Emmanuel Macron y François Fillon. De suceder algo así, estaríamos hablando del desempate más interesante en décadas, con dos candidatos reformistas que apuestan por liberalizar la economía gala. El independiente Macron, que proviene del sector financiero y ha sido ministro de Finanzas con el Partido Socialista, defiende un programa socio-liberal basado en flexibilizar el Estado de Bienestar francés. Su programa incluye rebajas fiscales moderadas, volcadas en reducir el peso de las cotizaciones sociales y en rebajar el Impuesto de Sociedades del 33 al 25 %. Además, habla de liberalizar el mercado de trabajo, retocar el sistema de pensiones y mejorar el funcionamiento de la pesada burocracia francesa. Pero Macron también cotiza al alza entre los votantes de izquierda moderada, de manera que su manifiesto electoral también incluye un “plan de inversión pública” volcado en la industria, la energía, el transporte y la agricultura. Lea más: Elecciones cruciales en Francia: todo lo que hay que saber Lea más: Tercera cadena perpetua para terrorista venezolano"El Chacal"en Francia googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   Por otro lado Fillon aboga por un programa liberal de corte más radical. El candidato de Los Republicanos ha anunciado que reducirá la plantilla de funcionarios en 500.000 personas y también ha prometido rebajar el peso del gasto público del 57 al 49 por ciento del PIB. Además, su programa comprende una reducción de impuestos valorada en 50.000 millones y centrada en recortar las tasas que pagan las empresas. Por último, Fillon pide el fin de la jornada laboral de 35 horas semanales y apuesta por regresar hasta los niveles anteriores. La candidatura de Macron no ha parado de ganar adeptos entre los votantes franceses. Amplios segmentos del electorado le ven como un candidato joven, fresco e innovador, capaz de transformar la anquilosada economía francesa. Más difícil lo tiene Fillon. Su candidatura sorprendió en las primarias de la derecha hasta el punto de que, aún partiendo como el aspirante con menos opciones, acabó imponiéndose al ex primer ministro Alain Juppé y al expresidente Nicolás Sarkozy. Pero en los últimos meses, Fillon se ha visto salpicado por un escándalo que amenaza con descarrilar su candidatura. Y es que, desde marzo de 2017, la Justicia le investiga por presunto desvío de fondos públicos y apropiación indebida. Según la Fiscalía, Fillon habría contratado ilegalmente a su mujer como asistente parlamentaria. A priori, elegir entre Macron o Fillon parece, cuando menos, interesante. El problema es que las encuestas no presentan una situación igualada entre estos dos candidatos, sino que arrojan un cuádruple empate técnico, con un póker de aspirantes que se mueven entre el 20 y el 25 %. Hablamos de Macron y de Fillon, pero también de la populista antiinmigración Marine Le Pen y del comunista Jean-Luc Mélenchon. La candidatura de Marine Le Pen promete todo tipo de medidas antiinmigración. Además, se posiciona a favor de mantener la jornada de 35 horas semanales y defiende la salida de Francia de la Eurozona. El discurso de la lideresa del Frente Nacional también defiende el proteccionismo y se muestra a favor de que el Estado controle directa o indirectamente determinadas empresas y sectores. En resumen, un amplio abanico de medidas intervencionistas que convertiría a Francia en la economía desarrollada más socialista del mundo. Algo similar es lo que defiende el comunista Jean-Luc Mélenchon, que abandonó el Partido Socialista hace una década y poco a poco se ha convertido en un referente de la extrema izquierda gala. Nacido en Tánger, ha anunciado que su primera decisión como presidente sería "hacer desfilar al Ejército por los Campos Elíseos para dejar claro a las empresas y los inversores que el Estado es el que manda…" Mélenchon también ha afirmado que está a favor de dejar de devolver la deuda pública. De hecho, ha anunciado que no dudaría en amenazar con la bomba atómica si fuese necesario para añadir más presión a favor del impago. Por otro lado, su programa contempla un claro refuerzo del intervencionismo económico, como cabría esperar por parte de un aspirante comunista. De manera que la primera vuelta va a enfrentar a dos candidatos moderados (Macron y Fillon) con dos candidatos radicales (Le Pen y Mélenchon), un peligroso juego del que pueden surgir todo tipo de combinaciones de cara a la votación de segunda ronda. Esperemos, por el bien de Francia y Europa, que el resultado final no sea hostil a los principios de la democracia y la economía liberal.

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