Padrino, Guaidó y el poder según Trump

Guaidó es el presidente interino de Venezuela pero, ¿quién tiene el poder realmente? ¿Y qué significa, en verdad, ser poderoso?

Venezuela
¿Quién tiene el poder en Venezuela? (Foto: Flickr)

“Apoyo a quien sea elegido, y en este momento (Guaidó) parece ser la persona elegida. Pero el sistema es muy malo allá, parece estar perdiendo poder. Queremos a alguien que tenga el apoyo de la gente. Yo apoyo a la gente que tiene el apoyo de la gente”, afirmaba Donald Trump en entrevista con Telemundo el 11 de julio de 2020.

Un estadista debe, si de verdad es un estadista, conocer el poder y saberlo usar. Si lo conoce, está preparado para tomarlo. A veces no lo toma directamente, pero se convierte en un factor sin el cual es imposible que otro lo ejerza.

Por eso, un estadista para ser estadista, de forma a veces instintiva conoce lo que es el poder. Normalmente trata de afinar su puntería con el mismo y entiende que, para el ejercicio del poder, a veces hay que dar dos pasos atrás y uno al costado, para tomar impulso y entrar y llegar al punto deseado por la retaguardia, aunque mal pague.

Siendo así, es necesario decir que si Donald Trump de verdad cree que Guaidó tuvo poder alguna vez, o está siendo cortés con un experimento personal que luce fallido, o simplemente tenemos a un presidente de los Estados Unidos que aún no sabe qué es el poder.

Tener poder es decir «esto se acaba» y que de verdad se acabe. Tener poder, al menos de convocatoria, es decir “vamos” y que por ahí se vaya. Tener poder es decidir y que dichas decisiones tengan efecto y sean realidades tangibles, no mediáticas.

Partiendo de allí, pregunto: ¿cuál es el poder de Guaidó hoy? O más apropiadamente, según las palabras de Trump, preguntemos ¿ha tenido Guaidó poder de verdad, en algún momento?

La respuesta es no. Guaidó es una herramienta ficcional, carente de poder. El diseño de su rol es, precisamente, carente de poder.

El poder es más que un cargo

El cargo es cualquier cosa. Jefes de partido o incluso jefes de grupos económicos, financieros o mediáticos, han tenido poder en todas las sociedades por encima de los jefes políticos reales. De hecho, en más de una ocasión vemos a presidentes rehenes de los intereses económicos de quienes de verdad detentan poder en un país: oligarquías, conglomerados, capos, roscas, etc. Una sociedad sana, además, acepta e impone que haya división de poderes precisamente por eso, porque tener todo el poder en manos de una persona siempre da resultados contra la propia sociedad. Eso, lo sabemos muy bien los venezolanos.

Guaidó requería tener la auctoritas  que le permitiera dirigir un proyecto que desde el inicio no fue suyo. Porque el gobierno interino obviamente a estas alturas luce como un proyecto diseñado en Washington, desde donde se hicieron cálculos sobre una realidad de la cual no se tenían claros los “micros” pero si los “macros”. Y lo que está ocurriendo en Venezuela es más que un experimento, un cambio de herramientas de la política exterior de los Estados Unidos para combatir los regímenes enemigos: ya no más “revoluciones de colores” o “primaveras” con prácticas bellas de Gene Sharp, con manifestantes portando flores en la mano, reivindicando a Gandhi y a Martin Luther King. Ya no más.

Ni invasiones ni primaveras

La herramienta ahora puede ser más efectiva y menos invasiva y sangrienta. Ante el zarpazo de un régimen contra la institucionalidad, se ofrece una respuesta invasiva desde la diplomacia, pero a la yugular: quitarle al pez totalitario el agua de las finanzas, el dinero en el extranjero.

Es sencillo: en vez de promover unas revueltas, una invasión o una guerra interna donde un dictador decide hacer fraude en unas elecciones o dar un golpe de Estado, la acción se orientará al reconocimiento al derrocado o al electo cuyo triunfo se desconoció. Y a esa persona cubierta con algún tipo de mandato popular y legal que lo convierta en mandatario legítimo, se le pone a la disposición el reconocimiento internacional y, adicional a lo simbólico, se le entregan los recursos que en el sistema financiero internacional tenga el Estado del cual se trate.

Sumado a esto, su entrada a los foros multilaterales internacionales y el reconocimiento de embajadores y demás.

Obviamente es una nueva tendencia. Es una nueva estrategia, planteada en Washington por alguien con suficiente influencia y que convenció al estamento político y al propio Trump de la conveniencia de su aplicación.

Si la vemos con cuidado, nos damos cuenta del por qué de muchas cosas. ¿Va a permitir Putin que esa estrategia se valide internacionalmente, se acepte como el “nuevo fast track” y se termine aplicando en países bajo su control, o incluso en la propia Rusia, al producirse algún desliz adicional en el mantenimiento en el poder?

¿Se imaginan una revuelta en Irán contra los ayatolás por alguna disputa electoral, donde termine un candidato laico pro democrático lanzando a la gente a la calle alegando que le robaron el triunfo? ¿Se imaginan a ese candidato, convertido en “presidente interino” de Irán con respaldo internacional y los recursos de Irán en el extranjero puestos a su disposición, con apoyo de Estados Unidos? ¿Se imaginan lo mismo en países satélites o aliados de China, de Turquía y demás?

Por eso, y contra eso, es el férreo apoyo que recibe el chavismo de las dictaduras del mundo y de la izquierda pro hegemonías. Porque si el chavismo cae gracias a esa nueva estrategia, se valida la misma y se afila la guillotina contra todo aquel que se salga del carril democrático occidental.

¿Quién tiene el poder?

“Aquí no va a haber ni golpe de Estado, ni junta de transición ni gobierno de facto. Aquí van a haber elecciones populares, libres para el pueblo de Venezuela y que el pueblo tenga las autoridades que el mismo pueblo se de. Eso es lo que corresponde constitucionalmente y la FANB estará respaldando el llamado de las instituciones correspondientes al sufragio”, afirmó Vladimir Padrino López en su discurso del 24 de junio de 2020, día del Ejército.

“No pasarán. No serán poder político en Venezuela jamás en la vida, mientras exista una fuerza armada como la que hoy tenemos, anti imperialista, revolucionaria, bolivariana, nunca podrán ejercer el poder político en Venezuela. Yo creo que es bueno que lo entiendan” agregó el discurso del 5 de julio de 2020, día de la independencia de Venezuela.

¿Sabrán en Washington quién es Vladimir Padrino López en realidad? ¿Estarán al tanto de qué controla, qué tiene y a qué aspira?

Parece que no lo saben del todo, si se toman en cuenta como detalles, las aseveraciones de Pompeo, Abrams y Bolton después del 30 de abril del 2019, cuando aseguraron que el golpe militar planeado para ese día se había caído porque al final no actuaron los comprometidos Padrino López y Maikel Moreno.

Pareciera que en el gobierno de los Estados Unidos se tiene a Padrino López como alguien capaz de romper al chavismo. Pareciera que en Estados Unidos creen que ese mamotreto que es la FANB pueda definirse contra el chavismo. Ignoran quienes eso piensan, que  constitucionalmente la Fuerza Armada Nacional Bolivariana no existe, pues por ninguna parte del texto se le da la connotación de “bolivariana” a la Fuerza Armada. La FANB no es otra cosa que la milicia chavista anunciada por Chávez desde el mismo momento en que decidió asaltar el poder por la vía electoral, y así lo anunciaba tan tranquilo y sin que muchos le prestaran atención desde 1995, en las conversaciones que tuvo con Agustín Blanco Muñoz, quien lo dejó por escrito en su libro Habla el comandante.

“Estamos ahora en una guerra política y no sabemos si más adelante pasaremos a la guerra armada nuevamente (…) Porque por la vía pacífica no se llega  a otro estadio: Nada que intente superar este modelo puede provenir de elecciones sino de una organización popular que incluya las FAN».

Basados en esto, podemos decir que nada nuevo hay con las declaraciones de Padrino en el fondo, más sí en las formas. Porque estamos hablando de que el militar activo con más poder en el chavismo desde 1999, ha iniciado una campaña de declaraciones a nombre del estamento militar, en las que deja atrás su papel de militar chavista, para asumir el papel de chavista militar. Activo, con mando de tropa, con acólitos y obvio respaldo de factores que van incluso más allá de Venezuela.

Siendo así, cuando hablen de tener o perder poder en Venezuela, en la Casa Blanca deberían evaluar mejor los conceptos, las suposiciones y los planes.

Y sobre todo: hay que entender qué rol juegan los militares en Venezuela desde que la sociedad decidió poner en manos de los hombres de armas la resolución de diatribas políticas en 1830. Eso nos ahorraría chascos, chapuzas y engaños electoralistas sin ningún efecto sobre la realidad.

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