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La alianza patilla para la presidencia de Colombia: Verdes por fuera, rojos por dentro

Por: Daniel Raisbeck - @DanielRaisbeck - Oct 1, 2017, 12:40 pm
Watermelons
La “alianza patilla” para la presidencia de Colombia: verdes por fuera, rojos por dentro. (Twitter)

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Hace unos años, el periodista inglés James Delingpole publicó un libro titulado Watermelons (Patillas o Sandías) cuya tesis principal es que, detrás de la fachada ecologista de muchos partidos verdes, ONG’s y grupos de presión que abogan por más y más regulación estatal para combatir el cambio climático está la vieja izquierda anti-capitalista, la cual tuvo que adaptar su mensaje en contra del libre mercado tras la caída del Muro de Berlín y el innegable fracaso del comunismo soviético.

Independiente de los argumentos de Delingpole acerca del ecologismo, su término es perfecto para describir la nueva alianza que surge en Colombia entre Sergio Fajardo, Claudia López y Jorge Enrique Robledo para las elecciones del 2018. Pese a los intentos de sus integrantes por presentar esta coalición ante el público como una alianza de centro, un frente contra la corrupción o una unión pragmática y post-ideológica, la realidad es que se trata de una alianza patilla: verde por fuera, roja por dentro.

En la superficie verde están Fajardo y López, el primero habiendo sido el candidato a vicepresidente de la Ola Verde en 2010 y luego gobernador de Antioquia por la Alianza Verde, de por sí una unión entre el viejo Partido Verde y el movimiento Progresistas de Gustavo Petro (ex M-19, ex Polo Democrático, muy cercano a Hugo Chávez y a Nicolás Maduro).

Desde el inicio de su carrera política, Fajardo ha intentado proyectar una imagen de centrista— la del académico anti-político que no es ni de izquierda ni de derecha,— y de hecho llegó al inicio de esta campaña presidencial así posicionado. Más allá de ciertas políticas estatistas como el gasto burocrático descontrolado (durante su gobernación en Antioquia) y de su apoyo irrestricto al acuerdo Santos-FARC, Fajardo no tenía por qué ser asociado con la izquierda necesariamente. De hecho, su decisión de presentarse a la presidencia por Compromiso Ciudadano, el movimiento independiente que lo llevó a la alcaldía de Medellín, sugería que se distanciaba de una Alianza Verde con un fuerte elemento a favor del “progresismo” estatista, especialmente en el Congreso.

Pero Fajardo pronto empezó a girar hacia la izquierda radical al acercarse al Polo Democrático, apareciendo en varias fotografías junto a Jorge Enrique Robledo, candidato presidencial del partido de Samuel Moreno y líder del maoísta Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (MOIR). El Polo Democrático luego anunció que ayudaría a Fajardo a recolectar las firmas que necesita para inscribir su candidatura independiente a la presidencia. Esto condujo al anuncio formal de la unión entre Fajardo, López y Robledo, quien representa el interior rojo de la alianza patilla.

Como explicamos en el PanAm Post la semana pasada, el MOIR que lidera Robledo es una organización política de ideología marxista-leninista que “destaca como modelos políticos y económicos la China de Mao Zedong y la Albania socialista”.

Hasta hace pocos meses, el MOIR declaraba abiertamente en su página web que su objetivo fundamental era

dirigir la lucha de clases del proletariado colombiano por su emancipación definitiva, instaurar el socialismo en Colombia y realizar el comunismo.

Como reportó el PanAm Post en octubre del 2016, los encargados de la página web del MOIR decidieron retirar su proclama a favor de la lucha de clases y del comunismo justo cuando Robledo anunció que sería candidato presidencial. ¿Fue un repentino abandono del marxismo-leninismo por parte del MOIR, o la primera etapa de una estrategia de comunicación que busca presentar a Robledo como un político moderado en época electoral?

Sin duda alguna, Fajardo y su equipo reconocen el problema que enfrentan a la hora de presentar ante el público su alianza con un movimiento que, como reportamos, “no ha denunciado el maoísmo ni se ha desligado del marxismo-leninismo”. Como escribió el PanAm Post, Robledo insiste en que “el gran aporte de Mao a la transformación de China fue unir al empresariado chino en su propuesta” nacionalista.

Lo que no menciona Robledo es que, durante el Gran Salto Adelante que lanzó Mao en 1958, la orden del gobierno central de que la mayor parte de la población, incluyendo campesinos y habitantes de aldeas remotas, debía dedicarse a la producción de acero (Mao pensaba que la cantidad de acero producida determinaba por sí sola la potencia de un país) condujo a una masiva escasez de alimentos y a una hambruna colosal que, junto con la brutal represión de un régimen que torturaba y repartía comida según los méritos que les asignaba a los trabajadores, dejó 45 millones de muertos en sólo cuatro años.


El Gran Salto Adelante resultó ser una masacre que el historiador holandés Frank Dikötter califica como “uno de los tres eventos más grandes del siglo XX junto a los gulags (soviéticos) y al Holocausto… Fue como el genocidio que cometió (el dictador comunista de Camboya) Pol Pot multiplicado por veinte”. Robledo y sus camaradas del MOIR, sin embargo, prefieren celebrar esta barbarie: “A nosotros nos gustaba la experiencia de Mao Tse-Tung”, le dijo Robledo a un incauto periodista de El Tiempo, “leíamos sus textos y decíamos: ‘Aquí hay una experiencia interesante’”.

Sin la menor duda, los medios colombianos desatarían (con toda razón) un épico escándalo si algún político dijera en una entrevista que había encontrado una “experiencia interesante” al leer los textos de Hitler, otro verdugo nacionalista / socialista del siglo XX. Pero como hay carte blanche para alabar al comunismo sin reproche moral alguno, Robledo puede glorificar a un dictador que dejó un número de víctimas más de siete veces mayor a las del holocausto bajo el Tercer Reich sin que periodista alguno se inmute.

Robledo seguramente reconoce que no hay mucha demanda por el comunismo entre el público colombiano. Por lo tanto su discurso oficial es el del nacionalismo económico y del “anti-imperialismo” (sin criticar al imperialismo soviético o al chavista, por supuesto). Curiosamente, como los extremos del estatismo terminan siendo indistinguibles sin importar su origen ideológico, el ultranacionalismo económico de Robledo es muy similar al proteccionismo del actual presidente de Estados Unidos. De hecho, un autor libertario ha criticado la obsesión de Trump con la producción nacional de acero refiriéndose a su similitud con las políticas de Mao.

Como otros nacionalistas, Robledo y el MOIR buscan eliminar el libre intercambio con actores económicos de otros países para asegurarse de que toda la producción de la industria sea nacional y “autárquica”. Pero este sería únicamente el primer paso hacia su meta final de “instaurar el socialismo en Colombia y realizar el comunismo”, como solían proclamar abiertamente en su página web antes de que fuera políticamente inconveniente hacerlo. Si toda la producción de la industria es nacional, su expropiación por parte de una dictadura del proletariado (“por su emancipación definitiva”) se facilita considerablemente.

Tanto Fajardo como Compromiso Ciudadano y Claudia López saben muy bien que la mayor parte del electorado no está de humor para socialismos ni comunismos dado que Colombia está viviendo las terribles consecuencias de su implementación en Venezuela. Por ende se han esforzado por presentar su unión con Robledo, la cual incluye una lista conjunta al congreso, como una alianza no de izquierda sino “contra la corrupción”.

 

Ciertos seguidores de Fajardo inclusive han argumentado que Robledo se comprometió a respetar el libre comercio al firmar el acuerdo que formalizó la alianza patilla la semana pasada. No obstante, creer esto requiere un acto de fe de proporciones galácticas, empezando por la suposición de que Robledo, por el simple hecho de firmar un pedazo de papel, abandonó los pilares ideológicos del MOIR tras promoverlos ad nauseam durante décadas. Esto resulta fantasioso porque no hay ninguna evidencia de que Robledo haya experimentado una conversión en el camino a Damasco en términos ideológicos durante los últimos meses.

Si acaso, Robledo fortaleció su discurso nacionalista / MOIRista en las semanas recientes al proponer que el Estado debía imponer un control sobre los precios de las tiendas D1 y Justo&Bueno, lo cual encarecería el costo de alimentos y otros productos básicos para cientos de miles de consumidores, golpeando especialmente a los más pobres. Inclusive después de formalizar la alianza patilla, Robledo impulsó una “Movilización Agropecuaria Nacional” para oponerse a la importación de alimentos a Colombia, lo cual también encarecería el precio de la comida para los más pobres.

Las posturas recientes de Robledo, aunque han dejado perplejos a los fajardistas que creyeron la teoría de que el senador se estaba moderando al unirse a López y Fajardo, no deberían sorprender a nadie. La ideología del MOIR, por anacrónica y tenebrosa que sea, es consistente y tiene una trayectoria extensa. Por otro lado, en términos ideológicos Fajardo sólo ha presentado una visión superficial, difusa y maleable que va bien con su imagen de anti-político, pero que no tiene mayor solidez ni coherencia.

De hecho, tal es la blandura conceptual de Compromiso Ciudadano frente al MOIR que Fajardo ya empezó a adoptar posturas insignes de Robledo como la necesidad de renegociar los Tratados de Libre Comercio que ya ha firmado Colombia.

Ya que, sólo para llevar a cabo su recolección de firmas, Fajardo tuvo que apoyarse en la estructura política nacional del Polo Democrático— estructura de la cual carece Compromiso Ciudadano,— es evidente que su alianza con Robledo surge de la conveniencia electoral. Supongo que, según Fajardo y sus asesores, el partido de Robledo le aportaría buena parte de los 1.958.000 votos que obtuvo en la primera vuelta presidencial del 2014.

Las alianzas electorales como la coalición patilla son completamente válidas, pero su creación tiene consecuencias políticas. En este caso, Fajardo no puede pretender que su unión con Robledo no es una alianza con la izquierda dura (aquella que busca “instaurar el comunismo”) que lo aleja considerablemente del centro que ha buscado ocupar durante toda su carrera política. Por ende la retórica oficial de Compromiso Ciudadano de que tener a Robledo dentro de su triunvirato no mueve a la coalición patilla de manera drástica hacia la izquierda consiste en insultar la inteligencia de los votantes.

Lo mismo aplica al argumento de que implementar las ideas de Robledo desde el gobierno representaría algún tipo de progreso para Colombia; el caso es el opuesto. Como explicó el economista Luis Guillermo Vélez, Robledo

detesta el libre comercio y nos propone retroceder –eso es ser reaccionario,– a la época abolida del proteccionismo industrial con sus cuotas de importación, sus licencias previas y sus elevados aranceles que hacían posible que solo los muy ricos tuvieran acceso a bienes importados mientras que los demás tenían que conformarse con los bienes de producción local, costosos y de baja calidad; al tiempo que garantizaban a los productores nacionales, libres de toda competencia, una elevada rentabilidad.

Desde cualquier punto de vista, un voto por Robledo o cualquier coalición de la cual haga parte es un voto no sólo por retroceder a la época en que Colombia era un país tan cerrado al resto del mundo que Alfonso López Michelsen lo llamó “el Tíbet de Suramérica”. También es un voto a favor de la lucha de clases que libra el MOIR y de su intento por “instaurar el socialismo en Colombia y realizar el comunismo”.

Es esencial que los votantes conozcan la verdadera naturaleza de la alianza patilla— no sólo su superficie verde,— antes de decidir si es la opción que realmente necesita Colombia.

Daniel Raisbeck Daniel Raisbeck

Daniel Raisbeck es el editor del PanAm Post. Fue candidato independiente a la Alcaldía de Bogotá en el 2015. Síguelo en Twitter: @DanielRaisbeck.