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Capitalismo para todos, un ideal alcanzable

Por: Escritor Invitado - Ene 24, 2017, 8:24 am
(Viagamempauta) capitalismo
El socialismo ya tiene muchos buenos críticos, con muy sólidos argumentos de toda clase, económicos, históricos y morales (Viagamempauta).

Por Alberto Mansueti

“Capitalismo, el ideal desconocido”, tituló Ayn Rand un memorable libro de 1966, con tres grandes méritos: reivindicar el capitalismo, afirmativamente, en lugar de sólo criticar el socialismo, en modo negativo; definirlo como un orden conforme a la realidad objetiva, y por tanto a la razón; y ponerlo sobre fundamentos éticos, no meramente económicos de tipo utilitarista.

El capitalismo es un ideal moral. Claro, es discutible si quitar a Dios de la realidad es una buena premisa para asentar al capitalismo en sus bases ontológicas, racionales y morales; pero eso fue pronto enderezado por buenos autores cristianos como p. ej. el Rev. Edmund Opitz con Religión y Capitalismo: aliados y no enemigos, de 1970. Y le siguieron otros, Michael Novak con El espíritu del capitalismo democrático, de 1982, y Rousas J. Rushdoony, “el pionero de los teócratas libertarios”, con Cristianismo y Estado, de 1986.

Trabajando en modo positivo

En el Centro de Liberalismo Clásico seguimos esas pautas, avanzando el “capitalismo para todos”, tan opuesto al mercantilismo como al “capitalismo de Estado”, que es llana y simplemente el “socialismo real”, el único posible: es lo que resulta como consecuencia natural y lógica de los calamitosos ensayos para “edificar el socialismo”, siempre con engaño y mentira; en algunos casos también con violencia, y en otros sólo con el voto.

Algunos no se atreven a atacar al socialismo de frente por su nombre, y le llaman “populismo”. No obstante, el socialismo ya tiene muchos buenos críticos, con muy sólidos argumentos de toda clase, económicos, históricos y morales.

Por eso nosotros nos embarcamos en la defensa y promoción del capitalismo. Mostramos que no sólo es el sistema económico más eficiente y acorde con la realidad objetiva, sino además un ideal moral, y que los cristianos encontramos sus bases éticas en la Biblia, con independencia de que muchos de sus defensores que no son creyentes las busquen en otras fuentes, no hay problema con eso.

Pero sobre todo nos ocupamos en avanzar “La Gran Devolución”, la vía específica para alcanzar ese ideal del capitalismo en nuestros países, en la práctica. Porque es un ideal practicable, que puede ser concretado en la realidad, con indudables ventajas para todos: orden, seguridad, justicia, paz, libertad y prosperidad. Como en la transición al capitalismo iniciada en China, en 1978.

Las 4 modernizaciones

Tras la muerte de Mao en 1976, Deng Xiao Ping comenzó con esta campaña:

(1) En agricultura: descolectivización del campo. Apertura de los mercados, con el incentivo de la ganancia, sin topes para la propiedad privada rural, hectáreas cultivadas, tonelajes de producción o precios, etc. Para tener alimentos en abundancia. O sea: capitalismo en el campo.

(2) En industria: libertades a la empresa. Para fijar salarios, contratar y despedir trabajadores, etc. Y apertura a la competencia abierta, tirando por la borda las viejas ideas maoístas de autosuficiencia económica y desconfianza ante el extranjero. O sea: capitalismo en la industria, que luego se fue extendiendo al comercio, transporte, seguros y banca; pero primero en las “zonas especiales”.

(3) En la defensa nacional: despolitización y profesionalización. Menos de la “milicia popular” creada por Mao, y más jerarquías y grados militares, que se habían execrado como “burguesas” y abandonado. Por aquí comenzó la modernización del Estado.

(4) Ciencia y tecnología: se introdujeron los bonos friedmanianos, con becas para los estudiantes pobres, en todos los niveles. Los mejores alumnos salieron a estudiar en el exterior.

China nueva y el mundo

En 2016, se cumplieron 40 años desde el comienzo de aquella transición. Pero no es la misma China de 1978; ahora es toda una gran potencia económica, gracias a aquellas reformas.

Hace pocos días en el Foro Económico de Davos, el discurso más favorable al libre comercio y contra el proteccionismo fue el del Presidente chino Xi Jing Ping. Y entre los que más aplaudieron estaba el Primer Ministro de Vietnam, Nguyen Xuan Phuc. En cambio, los asistentes de EE. UU. estaban muy preocupados por el eventual proteccionismo de Donald J. Trump y su diatriba contra la globalización; y los europeos estaban asustados ante las próximas elecciones en varios de sus países, temblando por eventuales triunfos de las derechas nacionalistas, estatistas y proteccionistas, algunas neonazis.

“Hay capitalismo en China, pero no democracia”, rezongaban muchos en Davos. Cierto. Pero viendo las tendencias anticapitalistas en eso que alguna vez fue el “mundo occidental”, uno se hace la pregunta: con democracia, ¿habría podido pasar China del comunismo maoísta al capitalismo global, y en menos de 40 años?

Creemos que sí; que el autoritarismo no es condición sine qua non para el capitalismo. Veamos nuestro proyecto, inspirado en aquellas “cuatro modernizaciones”.

Nuestras 5 reformas

Se ven en la Web del Foro Liberal de América Latina. Resumidas:

(1) Política: regreso del Estado a sus funciones propias, de seguridad, justicia, y obras públicas de infraestructura, con drástica reducción de poderes y recursos, y en consecuencia de la burocracia y el gasto. Federalismo y autonomía municipal. Privatización de los partidos, para devolverlos a sus afiliados y simpatizantes, sin dinero “público”, ni intromisión de las autoridades electorales.

(2) Economía: un solo impuesto plano, puede ser indirecto, que llamamos “de las tres U”, o sea único, uniforme y universal. Retorno a la base metálica para la moneda; y a una banca solvente, con crédito anclado firmemente en reservas y depósitos. Privatización de activos y empresas estatales, con desreglamentación en minería y energía, agricultura, industria, comercio, transporte y servicios.

(3) Educación: desestatización de la enseñanza, con libre competencia, y consiguiente diversificación y enriquecimiento de la oferta docente. Abolición de los ministerios y burocracias. Y en el sector hoy estatal, entrega de los institutos a sus maestros y profesores, como dación en pago por obligaciones pendientes. Bonos para educandos necesitados, con carácter transitorio, hasta que puedan salir de la pobreza, gracias a las dos primeras reformas, para ese fin. Los bonos son reembolsables en dinero a las entidades educativas libremente escogidas por sus beneficiarios.

(4) Atención médica: desestatización del ejercicio médico, tal como en la educación, y con sus bonos para los pacientes necesitados, con carácter transitorio.

(5) Jubilaciones y pensiones: desestatización de las entidades previsionales y aseguradoras, como en los dos casos anteriores, con sus bonos para comprar pólizas en las Cajas Administradoras de Fondos.

 

¿Gradualismo sectorial o territorial?

La transición al capitalismo se puede hacer o no gradualmente; y el gradualismo puede ser sectorial o territorial. Es sectorial cuando se escoge un sector, por ej. servicios, telecomunicaciones, o energía, y se procede a privatizar y desregular ese sector, dejando lo demás para “el futuro”.

Así se hizo en los años 90 en América latina, y en ciertos países del exbloque soviético; pero “el futuro” nunca llegó, y la gente tuvo que soportar los altos costos de una transición incompleta y harto deficiente. Las izquierdas se aprovecharon para regresar al poder; y “recargados” con el marxismo cultural. Las parciales y tímidas reformas no tardaron en ser revertidas.

No funcionó, porque las libertades en los distintos sectores de la vida económica y social son más que complementarias: son indivisibles e inseparables. Por eso Deng Xiao Ping siguió la vía del gradualismo territorial: aperturas multisectoriales, pero en zonas especiales, con denominaciones algo similares. Pero no son meras maquiladoras, como se quiere hacer creer en América latina.

Y funcionó; porque lo que sí se puede dividir es capitalismo y socialismo, y asignar territorios separados a cada uno. Es recomendable para contrastar opuestos resultados, y convencer así a los renuentes, a los indecisos, y a los indiferentes.

“Zonas Económicas Especiales” (SEZ) y otros eufemismos

En China hay varias SEZ, ciudades y otras zonas costeras “abiertas” progresivamente, y las “regiones administrativas autónomas”, primeramente en Shenzhen, Zhuhai y Shantou, provincia de Guangdong; y en Xiamen, provincia de Fujian. En agosto de 1980, se aprobó el “Reglamento para la SEZ de la Provincia de Guangdong”, y se designó a Shenzhen como SEZ.

En 1984 se abrieron 14 ciudades costeras: Dalian, Qinhuangdao, Tianjin, Yantai, Qingdao, Lianyungang, Nantong, Shanghai, Ningbo, Wenzhou, Fuzhou, Guangzhou, Zhanjiang y Beihai. Desde 1988, la apertura se ha extendido a ciertas áreas fronterizas, otras a lo largo del río Yangtze, y aún a regiones más interiores. En 1988 se hizo de la isla de Hainan la mayor SEZ de China continental, y se ampliaron las libertades y los territorios en las otras cuatro.

Luego las zonas abiertas se extendieron en un cinturón por el delta del río Yangtze, Delta del Río Perla, Triángulo Xiamen-Zhangzhou-Quanzhou en el sur de Fujian, península de Shandong, Península Liaodong, Hebei y Guangxi. En 1990 se abrió la nueva zona de Pudong en Shanghai, y otras ciudades del valle del río Yangtze, con la nueva zona de Shanghai Pudong como su “cabeza de dragón”.

Y desde 1992 se han abierto más ciudades fronterizas, y casi todas las capitales de provincia. En ciudades grandes y medianas ya hay 15 “Zonas de Libre Comercio”; hay 32 “áreas de desarrollo económico-tecnológico”; y hay 53 “zonas de desarrollo industrial y alta tecnología”.

Todos estos nombres son eufemismos que los comunistas inventan para disimular la realidad, que es el capitalismo, porque si lo dicen abiertamente, se pondrían a sí mismo en entredicho; eso es todo.

Los 3 federalismos

Nuestros candidatos a elecciones regionales, suscriben un formal y solemne Pacto para promover el federalismo en sus tres versiones históricas, que hoy no existen, o son letra muerta:

(1) “Autonomía” o federalismo legal: recuperar las entidades federales su capacidad para darse leyes propias en actividades económicas, laborales, educativas, o procedimientos judiciales en tribunales. Y para no aplicar leyes nacionales en su jurisdicción, en base a fundadas razones; en países anglosajones esto se llama “derecho de nulificación”. En la vieja tradición hispana, se llamaba “pase foral”, derecho de la autoridad local para dar “pase” a una ley o decreto procedente de la capital, o negarlo, con aquel célebre “se acata, pero no se cumple”.

(2) “Autarquía” o federalismo funcional: recuperar las entidades federales su capacidad para darse gobierno en las tres funciones estatales de seguridad, justicia, e infraestructura física, en carácter de primera instancia, a nivel local. Y para escoger a sus propias autoridades legislativas, ejecutivas y judiciales. ¿Existe hoy esa capacidad? Sí, en el papel, pero muy retaceada: las competencias han sido severamente reducidas, en provecho del Gobierno nacional, llamado “central”, lo que es muy indicativo del centralismo imperante.

Esto no es novedad. No es un invento “teórico” de los “liberales a ultranza”; lo había en la España de las tres culturas, en los cantones suizos, en Holanda y las otras “Provincias Unidas” de los Países Bajos, y en EE. UU. cuando la Independencia. ¡Y funcionaba! Algunos resabios o recuerdos de estas instituciones quedan todavía, aunque muy disminuidas, incluso en países socialistas como Canadá.

(3) Federalismo fiscal: el impuesto único y plano de las tres “U”, en vez de todos los actuales. Para sostener financieramente las tres funciones genuinamente públicas, en los tres niveles de Gobierno. Cobrado por los municipios, y ellos acordarán con los gobiernos regionales, y con el gobierno nacional, sus participaciones en lo recaudado, según los servicios en cada nivel, y las respectivas facultades, responsabilidades y competencias.

Las 8 propuestas municipales

Sólo el Congreso nacional puede derogar las leyes malas, y sólo el Ejecutivo nacional impulsar las reformas para un Gobierno “civil” o político racional, justo, honesto, imparcial, eficiente, económico, y respetuoso de todas las libertades. Sin embargo, desde los Municipios es posible hacer algo, y hacer presión, con fuerza y eficacia, para la derogación de las Leyes Malas y el impulso a las reformas.

En primer término, así como en el orden nacional de entrada hay que derogar las leyes malas, en el orden municipal se puede comenzar derogando las ordenanzas malas, de contenido irracional. Y en algunos casos se les puede “racionalizar”, con enmiendas o derogaciones sólo parciales. Igualmente pueden reducirse impuestos exagerados, multas caprichosas, y otros arbitrarios costos que se les cargan a la gente y a las empresas en las ciudades.

Las 5 soluciones

Son medidas para resolver problemas vistos como urgentes según las encuestas, y que pueden tomarse a corto plazo, en cinco áreas claves de la vida municipal.

(1) Vivienda y construcción. Construir, ampliar o reformar una vivienda hoy en día es imposible en muchos casos, y en otros implica un largo y costoso calvario burocrático. Eso puede y debe cambiar.

(2) Negocios formales, centros educativos y médicos, consultorios y oficinas profesionales. Hay muchos reglamentos y normativas para empresas y tiendas, comercios, escuelas y clínicas, estudios jurídicos, de contadores o arquitectos, que no se justifican, y otras que se deben revisar y modificar, rebajando considerablemente los costos implicados.

(3) Comercio informal y ventas ambulantes. La justicia y la policía son inaccesibles hoy día para los pequeños emprendedores, así el valor de la legalidad disminuye; y por otro lado, sus costos aumentan a diario. Por eso esta paradoja: la actividad económica más visible, la que se mira por las calles y avenidas, es clandestina. Y a veces criminalizada. Esto también puede y debe cambiar.

(4) Transporte público. Las licencias para autobuses y taxis, así como reglamentos, impuestos, tasas y multas, en muchos casos pueden y deben ser flexibilizadas, en beneficio de transportistas y usuarios.

(5) Tránsito vehicular y peatonal. El desorden de ahora tiene que dar paso al orden; y eso es posible racionalizando, clarificando y simplificando la normativa existente.

En segundo término, hay otros tres elementos, pero no son tareas que se pueden hacer de inmediato, requieren algo más de tiempo.

Los 3 servicios básicos

En el orden nacional, las cinco reformas ponen a los Gobiernos a cargo de sus tres funciones propias, seguridad, justicia e infraestructura física; pero en el orden municipal también se pueden establecer, corregir o componer esas mismas tres funciones.

(1) Seguridad. Las policías y fuerzas de vigilancia y seguridad pueden y deben ser expurgadas de elementos indeseables, profesionalizadas, equipadas y entrenadas, así como los bomberos.

(2) Justicia. La “justicia de paz”, o “de equidad”, de carácter conciliatorio, centrada en la víctima, y en la debida restitución o compensación por el daño, tiene su ámbito propio en el orden municipal.

(3) Y por fin la infraestructura, como marco general de todo lo anterior: trazado y construcción de nuevas calles y avenidas, ordenamiento territorial, pavimentación, señalización, dotación y mejoras en energía y agua potable, así como en aguas servidas y alcantarillado, el aseo urbano y los residuos, los espacios públicos, arborización, parques y paseos, etc. Mucho puede y debe hacerse, comenzando por las auditorías y controles, a fin de prevenir y castigar la corrupción en licitaciones y contratos.

China sigue avanzando hacia el capitalismo, como otros países y regiones en Asia: Taiwan, Hong-Kong, Corea del Sur y Singapur. En el pasado, los “milagros económicos” de Italia, Alemania y Japón, tras la Segunda Guerra Mundial, se lograron con el capitalismo; e igualmente la recuperación de Inglaterra, EE. UU. y Suecia, cuando Margareth Thacher, Ronald Reagan y Karl Bildt.

El capitalismo no es un ideal “inalcanzable”, como a veces se dice del socialismo. El socialismo es perfectamente alcanzable: se puede poner todo el capital de la economía en manos del Gobierno nacional; eso en la práctica es un “capitalismo de Estado” y se puede hacer. Así se puede igualar a todo el mundo hacia abajo excepto la Nomenclatura.

Eso se ha hecho muchas veces, como en Cuba, Corea del Norte y Zimbabwe, y se hace en Venezuela. Y también se puede imponer a martillazos la “política correcta” dictada por el marxismo cultural, como en Europa Occidental, EE. UU. y Canadá.

Pero no es un “ideal”. Ideal es el capitalismo liberal, ya no tan “desconocido”. Y se puede alcanzar.

 

Alberto Mansueti es abogado, licenciado en Ciencias Políticas y maestro bíblico cristiano. Nació y creció en Argentina y ha sido profesor en universidades de Perú, Guatemala y Venezuela. Autor de varios libros, es presidente del Centro de Liberalismo Clásico para América Latina y secretario ejecutivo del Foro de Cochabamba. Lo pueden seguir en Twitter bajo @MansuetiAlberto.