¿Busca el Tío Sam apoderarse de Venezuela?

Las sanciones no son las que han hecho miserable la vida de los venezolanos, ni ninguna agresión imaginaria proveniente del Norte

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¿Busca el Tío Sam apoderarse de Venezuela? (Archivo)

Por David Chávez Salazar*

Estoy realmente preocupado por la actitud que han tomado destacadas figuras del libertarismo frente a la crisis venezolana. Al igual que los jerarcas chavistas, gritan a los cuatro vientos que Estados Unidos está detrás del caos que vive Venezuela y que Mr. Trump no ve la hora de enviar una lluvia de marines a Caracas. Me pregunto en qué momento estos libertarios decidieron dar la espalda al pueblo venezolano para posicionarse, por lo menos en el terreno discursivo, del lado de sus victimarios. A continuación, los invito a conocer algunos de sus argumentos.

Las agresiones políticas contra Venezuela: imaginarias y reales.

Ron Paul afirma que hasta el momento la mayor agresión que Estados Unidos ha cometido contra Venezuela ocurrió el 11 de abril de 2002, cuando la CIA en complicidad con grupos opositores venezolanos orquestaron un golpe de Estado contra Hugo Chávez. Tras el fracaso de esta operación (pues el depuesto presidente regresó al poder tres días después), Washington se ha encargado durante todos estos años de manipular los procesos electorales en Venezuela y de anular los resultados cuando no convienen a sus intereses.

El doctor Paul es, sin duda, un pensador brillante y muchos libertarios lo consideramos un maestro. Sin embargo, esta vez el discípulo debe estar en desacuerdo con el maestro. Para empezar, el 11 de abril de 2002 no hubo ningún golpe de Estado en Venezuela. Lo que sucedió fue que Chávez reprimió violentamente unas manifestaciones, dejando decenas de muertos. Ante esta situación, el Alto Mando Militar le exigió la renuncia, la cual él aceptó. Posteriormente, en un acto de solidaridad con su jefe, el entonces vicepresidente se negó a asumir la presidencia, lo cual generó un vacío de poder.

En un clima de incertidumbre, Pedro Carmona, jefe de Fedecámaras (la organización que reúne a las asociaciones industriales de Venezuela) asumió la presidencia y permaneció en el cargo por solo dos días. Lo que sucedió después fue inverosímil, Chávez se arrepintió de haber renunciado y retomó el poder ilegalmente.

Tampoco es cierto que el gobierno estadounidense haya gastado millones de dólares en manipular las elecciones venezolanas o en anular sus resultados. En veinte años de chavismo ha habido un número semejante de elecciones, 21 para ser exactos, de las cuales solo dos las ha ganado la oposición. Por otra parte, la Casa Blanca reconoció los resultados de todas las elecciones presidenciales que ganó Chávez (1998, 2000, 2006 y 2012) y la primera que ganó Maduro (2013), a pesar del evidente fraude.

Un hecho curioso ocurrió en 2006. Ese año, Chávez ganó fácilmente las elecciones después de eliminar todas las garantías a sus contrincantes y de apoderarse de la entidad que organiza las elecciones (el Consejo Nacional Electoral). Durante la campaña, insultó y amenazó al entonces presidente estadounidense George W. Bush. Aún así, Estados Unidos reconoció la victoria fraudulenta de Chávez y prometió el comienzo de una “relación positiva y constructiva con el gobierno democrático de Venezuela”.

Según el Ron Paul Institute, la interferencia más reciente de Estados Unidos en Venezuela fue el «golpe de estado» contra Maduro a principios de 2019 que resultó en la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente de Venezuela. Esta interpretación también es incorrecta. Tampoco hubo golpe en esa ocasión. En 2018, Maduro convocó a elecciones presidenciales, las cuales ganó a través del fraude electoral más descarado que se haya visto jamás en la historia de Venezuela. Tanto así, que ha sido la primera elección presidencial venezolana no reconocida por Estados Unidos.

Según la Constitución, puesto que Maduro asumió la presidencia sin contar con la debida legitimidad, se presentó un vacío de poder (sí, otra vez) que correspondía ser llenado por el jefe del poder legislativo, en este caso, el señor Guaidó. Durante todo este proceso, Estados Unidos se ha mantenido como un simple espectador.

Quienes viven preocupados por las supuestas agresiones estadounidenses contra Venezuela, ignoran completamente que Venezuela ya es un país ocupado y que sufre la interferencia constante de gobiernos como Cuba, China, Rusia, Irán, Siria y, más recientemente, Turquía.

La interferencia de Cuba es la más agresiva de todas. Desde 1999 Venezuela es una auténtica colonia cubana. Gracias a los “pactos de cooperación” firmados por Chávez y los Castro, Venezuela se ve obligada (literalmente) a regalar miles de barriles de petróleo diarios a Cuba. Se estima que para 2020, Venezuela habrá regalado a esa isla 8 mil millones de dólares en crudo. Además de este recurso, Venezuela también otorga onerosos créditos al régimen castrista, entre otras concesiones. Actualmente, una cuarta parte de la economía cubana depende de la “ayuda” proporcionada por el chavismo.

Venezuela no es solo una colonia en términos económicos, sino también políticos. La Habana ha enviado miles de agentes al país sudamericano para administrar directamente sus estructuras de poder: servicios de inteligencia, fuerzas armadas, planificación económica, sistema de salud y distribución de ayuda social. Todos ellos están en manos de la inteligencia cubana. Por ejemplo, en las Fuerzas Armadas, los oficiales cubanos están por encima de los generales de carrera venezolanos.

Las relaciones con Medio Oriente son aún más turbias. En 2014, el Center for a Free Secure Society reve que el régimen chavista había otorgado al menos 173 pasaportes a yihadistas que buscaban ingresar a Norteamérica. En su momento, Chávez firmó varios acuerdos con Hezbolá para actividades de lavado de dinero, tráfico de armas y despliegue de células terroristas en territorio venezolano. Tareck El Aissami, de origen sirio-libanés y uno de los hombres más poderosos del chavismo, ha emitido personalmente estos pasaportes y otros documentos diplomáticos, tanto a miembros de Hezbolá como a espías iraníes.

Debido a estas alianzas con el terrorismo global, Venezuela se ha convertido en un foco de desestabilización para el continente americano. Un terrorista bien podría tomar un avión en Caracas y llegar a Miami en solo tres horas. A pesar de la amenaza que representa para su seguridad nacional, el gobierno de Estados Unidos ha optado por no intervenir.

Las agresiones económicas: petróleo y sanciones

Maduro y sus aliados afirman que la razón por la que Estados Unidos quiere desestabilizar a Venezuela es porque el chavismo se ha negado a satisfacer los intereses de las grandes compañías estadounidenses. Según Daniel McAdams, del Ron Paul Institute, a Estados Unidos no le importa el pueblo venezolano, sino su petróleo. Una vez que se elimine el obstáculo representado por el chavismo, las transnacionales podrán ingresar a Venezuela para aprovecharse de sus reservas de crudo, que son las más grandes del mundo.

Estas afirmaciones demuestran una total ignorancia de la realidad venezolana. Quizás se sorprenda al saber que el chavismo ha otorgado concesiones a las grandes corporaciones estadounidenses en los sectores petrolífero, gasífero y minero. Las más beneficiadas han sido Chevron, Repsol, Shell y BP America, con quienes el régimen ha establecido una relación de capitalismo de amigotes.

Los hechos hablan por sí solos. En 2010, Chávez otorgó una concesión de 40 años a Chevron para explotar la rica Faja Petrolífera del Orinoco y otras más para explotar importantes campos de gas y desarrollar proyectos de fracking. En 2016, Maduro autorizó a las transnacionales estadounidenses a explotar depósitos de bauxita, coltán, diamantes, oro, hierro, cobre y otros minerales en el Arco Minero del Orinoco.

Por otro lado, a pesar de la retórica antiyanqui del chavismo, Estados Unidos ha sido hasta el día de hoy el principal destino de las exportaciones petroleras de Venezuela, representando el 41% del total de envíos de este producto al exterior. Y ahí no termina la historia… el régimen ha ejercido una importante influencia en la producción nacional petrolera de Estados Unidos. Citgo Petroleum, una compañía que tiene su sede en Houston y que surte a 29 estados, es propiedad del gobierno venezolano. Hasta 2019, Estados Unidos reconoció la autoridad de Maduro sobre la compañía.

Ahora hablemos de las sanciones económicas que Estados Unidos ha impuesto contra Venezuela. Al respecto, Ron Paul dice que si, en realidad, estamos preocupados por la situación de ese país, debemos exigir el fin de esas terribles sanciones que no han hecho más que empeorar la situación y presionar por el libre comercio entre ambos países.

Paul Craig Roberts, un analista conservador muy citado en algunos círculos libertarios, agrega que Washington le ha robado USD $21 mil millones a Venezuela por concepto de las sanciones, en un esfuerzo por arrodillar al legítimo gobierno de Maduro y culpar al socialismo venezolano (que, para Roberts, solo consiste en la nacionalización del petróleo) por “llevar el hambre al pueblo”.

Al analizar el asunto con un poco de sentido común, vemos que las sanciones impuestas sobre Venezuela son de tres tipos: revocación de visas a algunos oficiales del régimen, congelamiento de sus activos en territorio estadounidense y la prohibición a ciudades y compañías estadounidenses de comerciar con los sancionados – sorprendentemente al propio Maduro no se le ha aplicado ninguna sanción –. Es decir, que las “terribles” sanciones de las que hablan Paul y Roberts han afectado únicamente a determinados funcionarios del régimen y no al pueblo venezolano en su conjunto. Nunca hemos visto ni veremos sanciones reales como embargos, boicots a la producción venezolana, o prohibirle a cualquier ciudadano venezolano el ingreso a territorio estadounidense.

Las sanciones no son las que han hecho miserable la vida de los venezolanos, ni ninguna agresión imaginaria proveniente del Norte. Eso solo está en la cabeza de Maduro y de aquellos libertarios que, esperemos haya sido de buena fe, han decidido pensar igual que él. Aunque el señor Roberts lo banalice, el único responsable del caos que vive Venezuela es el socialismo y solo una guerra justa contra él es lo que devolverá la esperanza al bravo pueblo de Venezuela.

*David Chávez Salazar es economista. Actualmente es el editor en jefe de la revista «Estudios Libertarios» y tiene un emprendimiento en el sector de la impresión 3D.  @ndavidchavez

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