Un año nefasto para la región

América Latina sigue optando por el camino de los modelos fracasados y líderes populistas que ya han dañado a sus países

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Protestas en Chile. (Foto: Flickr)

Por Emmanuel Rondón

El 2019 será recordado como el año en qué se desperdició la oportunidad de derrocar a Maduro y a toda su estructura criminal, el año en el que el peronismo y el kirchnerismo volvieron al poder, el año en el que Evo Morales cometió fraude y todos se callaron; el año en el que las FARC retomó las armas luego de la ficticia paz y el año en el que Chile y Ecuador demostraron por qué Latinoamérica le cuesta tanto evolucionar.

El 2019 tiene muchas probabilidades de ser un punto de inflexión en el panorama político de la región. Hace no mucho tiempo, se celebraba el cambio radical del rojo al azul en el mapa sudamericano, pues, este año hemos visto como ya potencias hemisféricas –México y Argentina– volvieron al rojo.

Sí, cuando más creíamos que el Foro de São Paulo –que ahora lo conoceremos como grupo de Puebla– estaba débil y a punto de caer y dejar a Sudamérica en paz, los ciudadanos de los distintos países junto a los diferentes gobiernos que conforman el hemisferio demostraron no estar a la altura de las circunstancias.

Empezando por la esperanza que emergió en enero de este año, el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, que con su juramentación constitucional abrió una lata donde yacía una oportunidad irrepetible para derrocar a Maduro, destruir su estructura criminal y romper con el statu quo. Pues, falsa alarma. Pasaron ya nueve meses y nada de eso ocurrió. Por contrario, a los pulmones casi inservibles del régimen se les proporcionó todo el oxígeno necesario para afianzarlos más fuertes que nunca.

Luego vino la inservible diplomacia. La misma que en Venezuela lejos de resolver conflictos, los incrementa. La misma que prefiere condenar coaliciones de fuerzas conjuntas para liberar, resguardando las mafias de un régimen sangriento y atroz.

La inacción desde la clase política «opositora» venezolana y la poca contundencia de los aliados del hemisferio, dilapidaron una opción real y oportuna de sacar al mayor de los males de raíz, pero no quisieron. Prefirieron lo políticamente «correcto» antes que lo realmente correcto. Ahora, la región lo sufre.

Es imposible olvidar el pasaje colombiano con el anuncio del retorno a las armas por parte del grupo FARC, noticia que sacudió al mundo y debió tener un impacto mucho mayor al que tuvo.

Para nadie es un secreto que Duque –junto a Trump y Bolsonaro, claramente– ha sido uno de los presidentes más contundentes al momento de declarar con respecto al régimen narcochavista. Pero, a decir verdad, es muy lamentable la poca importancia que se le está dando a las amenazas por parte de los altos mandos del régimen. Específicamente Diosdado Cabello, que aseguró que los misiles pechora rusos están apuntando directamente a los barrios colombianos La Calendaria y El Nogal (más allá de que estos misiles no sirven para atacar objetivos terrestres y a grandes distancias, según se relató en varios portales, son amenazas que pueden aprovecharse para tomar acciones).

No hay que olvidarse que, cuando se desataron las protestas en el Ecuador, Cabello advirtió tajantemente que «lo de Ecuador, va pa’ Colombia». Otra amenaza de los criminales contra el país vecino.

Un criminal admitiendo sus fechorías con total impunidad

El mundo entero fue testigo de la confesión del tirano Nicolás Maduro: «al Foro de San Pablo le puedo decir, desde Venezuela, estamos cumpliendo el plan, va como lo hicimos, va perfecto, ustedes me entienden.Foro de San Pablo, el plan va en pleno desarrollo, victorioso. Todas las metas que nos hemos propuesto en el Foro las estamos cumpliendo una por una», refiriéndose a lo que ocurría en Chile y Ecuador, donde el caos y el desastre –representado en actos vandálicos– se adueñó por varios días del país trasandino y el territorio ecuatoriano.

Estas declaraciones deberían ser motivo para activar las alarmas y empezar a ejecutar acciones contra un grupo de criminales genocidas que tienen secuestrado a todo un país y ha causado el éxodo más grande de la historia latinoamericana. Pero no. Tan solo comunicados y pronunciamientos notoriamente insuficientes bastaron para pasar la página.

Se ha intentado explicar de todas las maneras posibles el peligro que representa el régimen de Maduro para la región, atentando contra la seguridad del hemisferio. ¡Pero de todas las formas, eh! Eso no nos lo pueden negar, y no hay forma de hacer entender, o mejor; de hacer dimensionar lo catastrófico que sería para todo el continente que Maduro siga sumando aliados en el hemisferio. De la misma forma, se dijo que mientras más pase el tiempo, el enemigo más se iba a articular, porque si algo ellos tienen es la capacidad para no quebrarse en los momentos más difíciles. Dicho y hecho, lo van logrando paso a paso.

Y para muestra hay una coincidencia: justo cuando Chile enardecía, en Bolivia, Evo Morales perpetraba fraude en las elecciones presidenciales. Esta es una situación de suma relevancia si recordamos que la candidatura de Evo era ilegítima, y que, de forma clara, hizo todo lo que estuvo a su alcance ilícito para no ir a segunda vuelta en las elecciones presidenciales que, según él, lo dejó como victorioso.

Evo está intentando establecerse definitivamente y completar su fraude. Y tal como parece, tranquilamente lo puede lograr. Total, a nadie le importa lo que haga; ninguna organización internacional le va a sacar el poder o le va a plantar clara con la seriedad que correspondería. Y no porque no puedan; sino por inoperancia y desentendimiento. Sin olvidarnos del business y los intereses, claro.

Gobiernos y ciudadanos que no estuvieron a la altura

Enrique Peña Nieto, Mauricio Macri, Sebastián Piñera y Lenin Moreno son mandatarios que no estuvieron a la altura en los momentos pesados. Cuando más debieron hacer valer su liderazgo, habilidad política y sensatez al momento de tomar de decisiones, más decepcionaron. Quizá nunca lo tuvieron.

Tanto fue así, que los ciudadanos salieron a castigarlos, pero en su afán por ello, no se dieron cuenta que atentaron contra ellos mismos. Los mexicanos se fueron con la opción totalmente radical e inversamente proporcional a lo que debía buscar para resolver sus fuertes problemas económicos y políticos, López Obrador, un político comunista que se esfuerza día a día en parecerse más a Chávez y Fidel.

En Argentina, Macri no tomó decisiones coherentes y consecuentes al momentum en el que se encontraba. No tuvo muñeca para sobrellevar una crisis cantada después de más de una década en constante decadencia. Mucho tuvo que ver su falta de contundencia y poca firmeza en su postura, la que le llevó a triunfar cuatro años atrás en 2015. Argentina lo lamentará.

No obstante, ninguna gestión mala puede justificar la irracionalidad de volver a darle el mandato a Cristina Fernández de Kirchner, una política que pasó de estar en peligro inminente de cárcel a vicepresidenta, con una altísima y peligrosa influencia en el ejecutivo.

Argentina volvió al populismo y a los subsidios que tanto daño le hicieron a su economía, y, sobre todo, a su sociedad. Volvió a las aberraciones económicas que provocaron una debacle que Macri no supo ni tuvo la capacidad de resolver. Pero, ¡no encuentro la lógica! Votan a Macri para sacar a Cristina, y a la siguiente elección votan a Cristina para sacarlo a Macri. ¿Pero qué esperan? ¿Qué les vaya bien? ¿Cómo es posible mejorar algo si cometes los mismos errores cada vez que se te cante? Es un círculo vicioso, el fiel reflejo de la nula capacidad para elegir del latinoamericano.

Antes de ello, Chile y Ecuador, dos países relativamente prósperos –en especial Chile– y estables, con mandatarios aliados a la causa libertaria, optaron por tomar medidas fuertes pero necesarias para sincerarse con el estado económico. El resultado fue calamitoso. En Ecuador, Lenin Moreno decidió quitar el subsidio del combustible, política que rige en dicho país desde hace cuatro décadas. En Chile, Piñera anunció el aumento del pasaje del metro por 30 pesos más.

Estos hechos, en conjunto con un claro descontento social, terminaron en situaciones trágicas detrás de las manifestaciones y protestas: saqueos, destrucción del bien público, muertes en enfrentamientos, mucha violencia, caos y consecuencias que afectarán la calidad de vida del ecuatoriano y chileno de calle.

Protestar por una causa que crees justa, está bien. Es un derecho. Pero, ¿qué sentido tiene levantarte contra la desigualdad y empezar a destruir el bien público? ¿Qué sentido tiene alzarte contra el alza del precio del pasaje y causar daños en 79 estaciones del metro? Sé bien que no son todos los manifestantes y que muchos ejercieron su derecho de forma pacífica, pero no enaltezcan lo que ocurrió en Chile. Esto solo traerá consecuencias dañinas a los chilenos. No solo desde lo económico, sino también en lo social, porque la irracionalidad se acerca más cuando el rencor late en los sentimientos de las masas, y después se ven reflejadas en las urnas. Espero de todo corazón que Chile no sea otro caso similar al de Argentina y lo mismo para el Ecuador.

Historia que se repite

Hay un precedente negativo en todo esto. Ocurrió en 1989 en la capital de Venezuela, Caracas. Las medidas económicas de Carlos Andrés Pérez (por cierto, Acción democrática y Ramos Allup, antes de hablar de CAP, déjenme decirles una cosa: no somos ilusos, ni tontos. También investigamos, sabemos quiénes fueron los que apuñalaron por la espalda a Carlos Andrés, por más que quieran jugar a ser corderos, sabemos bien cuáles de ustedes son lobos traicioneros) en teoría, desataron un estallido social al cual se le denominó «Caracazo». Tiempo después, a vox populi se sabía quiénes estaban detrás de los actos vandálicos perpetrados en la capital. Era nada más y nada menos que la izquierda de la época, la misma que después tomó el poder y dejó a Venezuela en la miseria absoluta.

A vox populi también se sabe que lo que ocurrió en Quito y en Santiago –principalmente– es algo similar. No idéntico, pero sí muy parecido. La desigualdad no provoca daños materiales de más de 300 millones de dólares.

La jornada del domingo fue muy triste. Hablamos de Argentina, pero Colombia también fue protagonista y no para bien exactamente. En la primera prueba de fortaleza para el presidente Duque y su partido, las urnas le dieron un espaldarazo a la oposición izquierdista. En Bogotá, Claudia López será la primera mujer alcalde de la ciudad. En Medellín, Daniel Quintero del se llevó el triunfo en la ciudad que fue bastión del uribismo. Y con esto, podemos parar de contar lo que fue una pésima elección para Duque y Uribe. Una que deja las puertas abiertas para un cambio radical en Colombia con respecto a su color en el ejecutivo.

Latinoamérica ha tenido un 2019 pésimo a nivel político y social. Perú y Paraguay tampoco quedaron exentos de crisis. En Perú, Vizcarra tuvo que lidiar una situación bastante delicada con el congreso, algo que, ciertamente, lo dejó fortalecido con el apoyo de la FAN y de la ciudadanía. En el país guaraní, Mario Abdo Benítez, un claro aliado de Juan Guaidó –de hecho, uno de los primeros mandatarios en reconocer al presidente interino– sufrió una fuerte crisis que casi derivó en un juicio político contra su cargo y el vicepresidente. Esto fue causado gracias al acta bilateral y el acuerdo secreto en el caso Itaipú que estuvo a punto de aprobarse tras la firma entre el Gobierno brasilero de Jair Bolsonaro y la actual administración del gobierno paraguayo.

Se dice que a Mario Abdo le salvó que el expresidente Horacio Cartes, también del partido Colorado, pero de diferentes bancadas (Cartes es de Honor Colorado y Benítez de Añatete) que habría decidido retirar el apoyo al juicio político pedido desde los sectores opositores (Partido Radial Liberal Auténtico y Frente Guasú de izquierda) y evitar así la destitución de Benítez.

Como pueden ver, Latinoamérica está convulsionada y en pleno proceso de metamorfosis. Un cúmulo de todo, desde administraciones que no están a la altura y ciudadanos que aún no están preparados para elegir el camino hacia la prosperidad. Somos un hemisferio de memoria cortoplacista, que se acuerda solo del pasado cuando conviene, al que le encanta el populismo y por eso se da a los líderes corruptos como si estos fueran un mesías.

¿Cuándo será el día en el que Latinoamérica deje su constante necesidad por autodestruirse? Cada vez tengo menos esperanzas que ese día llegue. El progresismo tiene una paradoja en su nombre, porque lejos de ayudar al progreso, es firme aliado de la involución. La prensa progresista y el mundo actual ataca y despelleja a Trump, pero hace la vista gorda con los Maduro, Castro, Evo, Cristina y compañía.

Las sociedades deben conocer bien su pasado para no cometer las mismas equivocaciones históricas que causaron tanto daño. Pero en esta parte del mundo, nos olvidamos de ello. Seguimos enfrascados en tropezarnos con la misma piedra una y otra vez. Estancados en lo políticamente «correcto» –y léanse bien las comillas– sin darnos cuenta que nos hacemos un terrible el daño al alejarnos del camino difícil, que es, al final de cuentas, el que podría cambiar esta trágica realidad autodestructiva.

¿Cuál es ese camino? El de dejar atrás los modelos fracasados, el de dejar de apostar por el líder populista, el de defender a los partidos políticos, el de olvidar al facilismo, el de votar al más corrupto simplemente porque te agrada su ideología, aunque esta te ha arruinado a ti, a tu familia, a tu país y al continente.


Emmanuel Alejandro Rondón es estudiante de periodismo. Redactor y coordinador de fútbol internacional en VAVEL, España, radio y televisión. Twitter: emma_rondn26

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