El socialismo busca renacer y arrodillar una vez más a América Latina

López Obrador, en alianza con el futuro gobierno kirchnerista, podría perpetuar a Nicolás Maduro en el poder

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Edición XIII del Foro de Sao Paulo en pleno auge, año 2007. (Efe)

Qué México y Uruguay se hayan puesto del lado de la barbarie en las horas más aciagas de Venezuela no es para nada una casualidad si se tiene en cuenta el perfil ideológico de sus gobernantes. Ha pasado una década desde el apogeo absoluto del Foro de Sao Paulo, aquella congregación de partidos de izquierda convertidos en gobierno en América Latina, financiada en gran medida por los petrodólares de Venezuela bajo el mando de Hugo Chávez, cuyo despilfarro para financiar un proyecto político a escala internacional hoy pagan los venezolanos.

Los fundadores de este foro fueron Lula da Silva y el dictador cubano Fidel Castro en 1990. Este último fue uno de los mayores responsables en fomentar el cáncer socialista en América Latina.

Según las bases fundacionales del foro, este se constituyó para reunir esfuerzos de los partidos y movimientos de izquierda, para “debatir sobre el escenario internacional después de la caída del Muro de Berlín y las consecuencias del neoliberalismo en América Latina y el Caribe”.

Castro, quien empujó a su población a la pobreza, fue el eje fundamental del atentado contra la libertad del continente. Desde hace décadas su Gobierno totalitario financió y asesoró revoluciones guerrilleras armadas en las principales democracias de la región, como es el caso de Colombia, Venezuela y Nicaragua. Fue partícipe incluso de invasiones armadas en países africanos y asiáticos como Argelia, República Democrática del Congo, Siria, Angola y Etiopía. Además, intentó desestabilizar fallidamente a Panamá y a República Dominicana.

Inicios de la revolución cubana con Fidel Castro y el Che Guevara como máximos exponentes. (Archivo)

Tras años de fallidos intentos de intervenciones armadas, Castro encontró en Chávez a su aliado perfecto para financiar y expandir el cáncer socialista en América Latina, tal como se cuenta de manera detallada en el libro de Orlando Avendaño, Días de Sumisión. La llegada de Chávez al poder representó el ascenso del primer Gobierno de izquierda en décadas al continente, cuya cartera económica sirvió para afianzar el auge ideológico en la región y cumplir el sueño de los caudillos de Venezuela y Cuba (unificar América Latina bajo el yugo del socialismo). Producto de esto, en los años siguientes el Foro de Sao Paulo se fue llenando ya no de partidos, sino de Estados con representaciones partidistas.

En 2002 sería electo en Brasil, Lula da Silva (uno de los fundadores del foro), del Partido de los Trabajadores; en 2004 ganaría la presidencia en Uruguay Tabaré Vázquez, del Frente Amplio; seguiría Bolivia en el 2005 con la elección de Evo Morales por el Movimiento al Socialismo en Bolivia; Michelle Bachelet en el 2006, del Partido Socialista de Chile; ese mismo año Rafael Correa (Alianza País) en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua (por segunda vez) (Frente Sandinista de Liberación Nacional) llegarían al poder. En los siguientes años los partidos de gobierno con representación en el Foro de Sao Paulo seguirían creciendo con la elección de Fernando Lugo en Paraguay por la Alianza Patriótica para el Cambio; Mauricio Funes, del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, en El Salvador en 2009, y Ollanta Humala por el Partido Nacionalista de Perú en 2011. A esto se podría sumar el Gobierno argentino presidido por los Kirchner, que si bien no fueron miembros directos del foro, estuvieron alineados ideológica y económicamente con él, en especial con el Gobierno de Chávez y posteriormente con Nicolás Maduro.

En definitiva, fue Castro quién sembró en Chávez la semilla que cambiaría para siempre las dinámicas políticas del continente, reconduciendo al pasado y al fracaso a varios países de la región. Además, fueron cómplices en organismos internacionales de las aberraciones, fracasos económicos y represiones contra ciudadanos de países que ya han transmutado en tiranías, como es el caso de Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Que el apogeo del foro se haya dado con la llegada de Chávez al poder y que el declive del mismo también se dé justo después de su muerte, no es para nada una casualidad. El comandante supo y pudo cohesionar en la región la bandera socialista debido al exceso de liquidez que le otorgaban las reservas de petróleo más grandes del planeta tierra. Con un barril de petróleo en más de 100 dólares durante casi la mayoría de su mandato, no existieron límites para el financiamiento de medidas populistas dentro y fuera de Venezuela, además de la compra de conciencias en países de América y el Caribe, que siempre supieron retornar favores en silencio cuando en los organismos internacionales se discutía sobre las violaciones contra los derechos humanos por parte de regímenes de izquierda.

Hugo Chávez, fallecido en el 2013, sigue siendo la imagen del PSUV y de la dictadura chavista. (Efe)
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Tras el temprano fallecimiento de Chávez, producto de un cáncer, su legado quedó en manos de Maduro, a quien muchos quieren achacarle por completo la culpa del fracaso revolucionario en Venezuela, para intentar así aliviar de culpas al comandante, pero sobre todo al socialismo. Lo cierto es que cuando Maduro recibió el poder, ya se había ejecutado un quiebre que permitió anular el principio de la separación de los poderes. El estatismo ya había hecho de las suyas apoderándose de la propiedad privada para exprimirla y luego quebrarla, la empresa petrolera ya había sido destruida y saqueada, y todo el dinero recaudado en estas operaciones de saqueo fue repartido en bolsas de comida para la población y en el financiamiento de la extensión ideológica del socialismo en el continente, que lo único que dejó en Venezuela fue hambre, lágrimas, muerte, una economía devastada y ningún tipo de infraestructura.

Para poner en números el fracaso del socialismo en Venezuela, basta con decir que tras la llegada de Chávez al poder en 1998, PDVSA producía 88 barriles diarios por empleado. En la actualidad, produce menos de 6 por trabajador, según datos ofrecidos por el economista José Toro Hardy. Con una nómina mucho menor, en aquel entonces PDVSA producía 3 279 000 barriles diarios, número muy superior a los aproximados 700 000 de hoy en día, de los cuales unos 100 000 son regalados a Cuba. Así, el resultado que arroja el declive de PDVSA se traduce en que en la actualidad la producción anual ronda los 255 500 000 barriles, a diferencia de los 1 196 835 000 barriles anuales de hace 20 años, una pérdida de producción de más del 80 % y billones de dólares.

La destrucción del motor financiero de Venezuela se ha reproducido en el remanente de sectores productivos del país: constructor, automotor, productor de alimentos, agricultor, textil, empresarial, turístico, financiero. Y así sucesivamente en todos los campos en los que la mano estatal ha intervenido quebrando por completo la economía, produciendo una hiperinflación histórica y llevando a Venezuela a convertirse en la mayor catástrofe migratoria de la historia de América Latina.

Dos dictaduras que dieron inicio el siglo pasado también pueden resultarnos útiles para evidenciar las diferencias producidas entre un gobierno socialista y uno capitalista. Al llegar Castro al poder, en 1959, Cuba contaba con condiciones sociales y económicas similares a las chilenas. En 1958 el producto interno bruto (PIB) de Cuba fue de 2 360 millones de dólares para una población de 6 631 000 habitantes y el de Chile fue de 2 580 millones para una población de 7 165 000 habitantes y un PPC de 360. En la actualidad el PIB de Chile se encuentra en 507 939 millones de dólares, en comparación a los 96 851 millones de dólares de Cuba en el 2017, los cuales fueron sus últimos datos oficiales.

Si bien es cierto que el terror a verse en el espejo de Venezuela ha agitado conciencias en el continente y ha permitido el retorno de gobiernos con líneas ideológicas de apoyo al libre mercado y el fortalecimiento de las economías, otra de las naciones más importantes, México, sucumbió ante el comunismo que recién aflora con Andrés Manuel López Obrador al mando, en otro país petrolero con una gran cartera monetaria capaz de financiar el auge del movimiento. Y ya es casi inminente la vuelta de Cristina Kirchner al poder en Argentina, lo que augura un continente que podría volver a teñirse de rojo muy pronto, situación que ayudaría a perpetuar a Maduro en el poder.

Con López Obrador renació la esperanza de la izquierda en América Latina. En sus primeros meses de gestión ha dejado ver muchas similitudes con el fallecido presidente Chávez. (Efe)

En la actualidad, Bolivia, Cuba, Nicaragua, Uruguay, México, Venezuela, Panamá, República Dominicana y Ecuador cuentan con gobiernos de izquierda (aunque las últimas dos naciones han retirado su apoyo a la dictadura de Maduro). Pero el peligro de una nueva ola expansionista de la miseria es latente. Esto tomando en cuenta el acecho del senador Gustavo Petro en Colombia (uno de los fieles seguidores de Chávez); el regreso a las armas de las FARC y el crecimiento exponencial del ELN, protegidos por la dictadura de Maduro; el retorno del kirchnerismo a Argentina y el lamentable escenario venezolano que no solo tiene a Maduro en el poder, sino que además cuenta con la tragedia de una mayoría de partidos opositores abiertamente socialistas, así como lo es también el hoy denominado presidente interino del país, Juan Guaidó, y su partido Voluntad Popular, que junto a Un Nuevo Tiempo y Acción Democrática son los miembros del G4 que hoy controlan la Asamblea Nacional y forman parte de las filas de la Internacional Socialista. El cuarto miembro del G4, Primero Justicia, que es el único partido que se considera de centro, pero cuyos jefes, como es el caso del excandidato presidencial Henrique Capriles, se han declarado admiradores del socialismo de Lula da Silva.

Los países claves que pueden definir los destinos geopolíticos de la región son Venezuela, México, Brasil, Chile, Argentina y Colombia en primer nivel, y podría incluirse a Cuba por su repercusión ideológica y estratégica. Brasil hoy parece estar a salvo, Chile es el único país de la región que ha logrado establecer instituciones lo suficientemente fuertes, que a pesar de gobiernos socialistas, no han podido dinamitar el sistema de economía libre implementado gracias al Gobierno autoritario, pero eficiente de Augusto Pinochet décadas atrás. Sin embargo, la caída de Argentina es inminente, lo que podría ocasionar nuevas alianzas con México para bloquear cualquier salida de la dictadura en Venezuela y jugar a desestabilizar Colombia con el asesoramiento de los cubanos, financiar a los partidos de izquierda en el resto de la región, para una vez más poner de rodillas al continente y resguardarse de presiones internacionales entre sí mismos.

A pesar de las presiones internacionales, hoy Maduro sonríe, pues ha logrado sostenerse en el poder, reprimiendo a su país con una dirigencia “opositora” puesta en entredicho en más de una ocasión, con una línea ideológica de izquierda y acusada por parte de la población venezolana de colaborar con el régimen de Maduro.

Guaidó en una marcha con miembros de su partido Voluntad Popular, inscrito en la Internacional Socialista. Foto: EFE.

El tiempo, para el dictador de Venezuela, es su mayor aliado. Cada día que pasa es oro puro para él y miseria, humillaciones, éxodo y muerte para los venezolanos. El régimen sigue expulsando día a día a venezolanos que se oponen a su Gobierno, lo que facilita su control del país. También se ha denunciado que, siguiendo las tácticas cubanas, ha propiciado el éxodo de delincuentes a los países de la región con el propósito de desestabilizarlos.

En definitiva, el socialismo va a la reconquista de América Latina, con López Obrador, Maduro y Díaz-Canel como punta de lanza, y si nadie los detiene, la crisis en América Latina será de proporciones gigantescas. Estados Unidos habrá perdido por completo el control de la región y ni todos los muros que quiera o pueda construir Donald Trump podrán frenar una estampida migratoria desde Centroamérica hacia un país que le sonríe cada vez más al socialismo instaurado al interior del Partido Demócrata.

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