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Mises y la inviabilidad del socialismo como sistema económico

By: Guillermo Rodríguez González - Oct 11, 2016, 8:20 pm
(CubanosPorElMundo) Mises
En ausencia de un sistema de precios libres, es decir, de precios formados en el mercado, la información que transmiten esos precios y que permite tomar decisiones económicas racionales acerca de la asignación de los recursos desaparecería. (CubanosPorElMundo)

En 1921 el economista Ludwig von Mises presentó un extenso tratado sobre el socialismo en que por primera vez desarrolló íntegramente su teoría de la inviabilidad económica del sistema socialista. Es importante entender lo que explicó Mises sobre el socialismo.

Resumiendo demasiado podríamos decir que Mises estableció que en ausencia de un sistema de precios libres, es decir, de precios formados en el mercado, la información que transmiten esos precios y que permite tomar decisiones económicas racionales acerca de la asignación de los recursos desaparecería.

Careciendo de tal información acerca del valor económico de los recursos, una autoridad central que intentase planificar en un sistema socialista no dispondría de criterios racionales para decidir qué fines priorizar y qué medios emplear. Simplemente no sabría qué es económico y qué no. Tal es en un muy estrecho resumen el argumento de Mises acerca de la imposibilidad del socialismo, examinándolo paso a paso, veremos que su teoría de la imposibilidad del socialismo tiene tres puntos:

1-  La planificación económica racional indispensable para el funcionamiento de una sociedad compleja es imposible sin la información que permita valorar los medios aplicables a infinidad de fines subjetivamente preferidos por infinidad de individuos diferentes.

2-  Tal información está contenida en los precios monetarios de mercado, que no pueden existir en ausencia de propiedad privada y libertad de mercado, con lo que el sistema socialista al eliminar las instituciones indispensables para generar la información que permite la planificación económica racional la hace imposible y es con ello inviable como sistema económico de una sociedad compleja.

3-  No hay forma alguna de generar información equivalente para solucionar la planificación económica socialista porque el propio sistema socialista elimina los mecanismos por medio de los cuales aquella pudiera crearse.

La información contenida en los precios no está dada, si por dada entendemos que podemos hacer abstracción del mecanismo por medio del cual efectivamente se genera y distribuye esa información, el sistema de precios. Mises entiende precios como relaciones históricas de intercambio que agregan y concentran información dispersa e intransmisible en sí misma, permitiendo a quienes la desconocen tenerla efectivamente por dada en los propios precios. Y se suele afirmar que el economista socialista Oscar Lange refutó la teoría de la inviabilidad del socialismo de Mises. Es falso.

 

Lange se limitó a afirmar que por precio se puede entender la relación en que se nos ofrecen las alternativas, relaciones que conocería la autoridad de planificación en ausencia de propiedad privada. Es cierto, las conocería, pero no podría decidir racionalmente cuál sería la más económica, si tuviera que elegir entre trasladarse de una ciudad a otra en helicóptero o automóvil. Simplemente no tendría forma de saber que en la aeronave sería más costoso, pues únicamente conocería las ventajas y desventajas técnicas de las alternativas.

Precio es lo que emerge de relación histórica de intercambio indirecto entre bienes, la que requiere el dinero de por medio como el bien por el que se cambian todos los demás y por consecuencia en el que se expresan y comparan los precios de los diferentes bienes entre sí, y de los mismos bienes en el tiempo, y eso requiere de propiedad privad y dinero.

¿Cuál es la diferencia entre esto y el llamado precio como “la relación en que se nos ofrecen las alternativas”? Pues que la relación en que se nos ofrecen las alternativas podríamos entenderla simplemente como una serie de posibilidades tecnológicas, como las formas en que se puede transformar un producto en otro.

¿Por qué razón se habría de usar una forma y no otra? Y más importante, ¿por qué razón se habría de transformar un específico producto en otro particular? Es a lo que nos responden los precios monetarios, porque transmiten la información histórica de las preferencias de los individuos –agregada y sintetizada– y la transforman en información que afecta las nuevas escalas de preferencia de los individuos.

Esencialmente es eso lo que nos estaba diciendo Mises y lo que pretenden ignorar los socialistas. Que no puede existir un sistema de precios sin propiedad privada de los medios de producción, y en general sin propiedad privada, y que no puede existir planificación económica racional sin un sistema de precios.

Quienes afirmaron que le habían refutado no se limitaron a considerar la información dada en lo tecnológico, como si las posibilidades técnicas contuvieran en sí mismas los valores económicos que no contienen. También asumieron que las preferencias de los individuos estaban a disposición del organismo de planificación en ausencia de precio y mercado, con lo que es obvio que no sólo no le refutaron, sino que ni siquiera llegaron a comprender realmente su argumento.

Mises y Lange argumentaban como economistas teóricos sobre un socialismo funcionando de manera aislada. En la práctica, el socialismo se impuso partiendo de los precios pre-existentes a su implantación, que en la medida que estuvieran menos distorsionados mejor corresponderían a las preferencias de los individuos.

El problema es que desde su implementación ya no se formaron precios nuevos que reflejasen otra cosa que la arbitraria voluntad de los planificadores. Las preferencias de los individuos cambian mucho y muy rápidamente, los incentivos para ser productivo desaparecieron, y el socialismo se hizo incapaz no sólo en satisfacer las preferencias de las personas, sino de dotarlas de aquello que el planificador les ordenaba preferir.

El socialismo real colapsó, en la URSS como se predecía aplicando la teoría de Mises, pero no funcionó con el modelo que proponía Lange, de haberlo intentado el colapso hubiera llegado antes. Para precios se limitó al voluntarismo de Lenin, quien cuando otro bolchevique le preguntó ¿de dónde sacarían los precios para el plan cuando tomaran el poder?, respondió: nada más simple camarada, del catálogo de Sears. Y del capitalismo extranjero los copiaron –sin reflejar los fines de su población y la escasez relativa de sus medios– los soviéticos hasta el colapso final.

 

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.

Realismo, las FARC y Colombia

By: Louis Kleyn - Oct 11, 2016, 8:08 pm
(Radio UChile)

La no aprobación del Acuerdo con las FARC debe introducir una importante dosis de realismo en la forma en que el gobierno de Colombia afronta el “problema FARC”. Lo primero, tal vez, es aceptar humildemente que el Acuerdo propuesto es inmensamente impopular.  El NO triunfó en una contienda electoral muy desigual. La pregunta formulada en el plebiscito, “¿Aprueba el Acuerdo para una paz estable y duradera?”, apelando a un valor humano esencial y elemental, estaba redactada para inducir a votar SÍ.  La campaña de “SÍ a la paz” fue avasalladora, incluyendo el apoyo de la práctica totalidad de los medios impresos, la TV y la radio; además de contar con la participación activa de gran parte de la burocracia central y una amplia porción de la local. Lea más: Colombia: las 13 propuestas de Uribe para mejorar el acuerdo con las FARC Lea más: Cabecilla de FARC: acuerdo debe implementarse o nos toca volver a la guerra El gobierno pretendió infundir temor en la población, aduciendo que no sería posible renegociar el Acuerdo, que “no había plan B” y que si el Acuerdo no fuese aprobado las FARC volverían a atacar, incluso en las ciudades.  En estas circunstancias, la victoria del NO constituye un claro rechazo y el gobierno no debe esperar que haciendo algunos pequeños ajustes lo vaya a hacer aceptable.  El Acuerdo actual está muerto y el nuevo tiene que ser muy diferente. Asimismo, el “problema FARC” necesita ser entendido, dimensionado y contextualizado para encontrar su adecuada solución.  En nada contribuye hablar de 52 años de guerra, 220 mil muertos, 6 millones de desplazados.  Aunque lleve 52 años de fundado, las FARC era minúsculo durante los sesenta y setenta y, de cualquier forma, siempre ha sido muy pequeño.  Al final de los noventa llegaron a tener hasta 20 mil hombres en sus filas, y ahora los jefes han revelado que son 5.700. En toda su historia, las FARC habrán causado máximo 15 mil muertes, entre militares, civiles y sus propios combatientes.  A esto se sumarían los secuestros (8 mil) y las extorsiones.  En los últimos años de actividad (2009-2013) causó entre 100 y 200 muertes cada año, dentro de un total de entre 20-30 mil asesinatos anuales.  Este grupo es apenas un factor más en la violencia que se ha vivido en grandes extensiones de Colombia y, por lo tanto, su silenciamiento, aunque deseable, no solucionará por sí solo los problemas de seguridad del país. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   El Acuerdo para desmovilizar a los integrantes de las FARC debe ser sencillo, concreto y fácil de implementar, redactado de forma legible y precisa.  De lo contrario traerá grandes problemas de interpretación en el futuro.  Y debe limitarse al conflicto con las FARC.  No debe legislar sobre política agraria, ni sobre el cultivo de la coca, ni sobre justicia, ni sobre la organización electoral, ni pretender incluir favorabilidades o castigos a otros grupos o individuos. El Acuerdo no debe usurpar los mecanismos de la democracia ni de la Constitución colombiana, ni tampoco les debe dar una representación automática a los miembros de las FARC en ninguna instancia legislativa, gubernamental o judicial.  Podría consistir en dar amnistía inmediata a los guerrilleros rasos y, a los de alto rango, darles una pena cómoda que les restrinja su movilidad y los “saque de circulación” temporalmente; por ejemplo 10 años de exilio.  Después del exilio podrían regresar al país, participar en política y ser elegibles. El Acuerdo final debe estar enmarcado dentro de la correlación de fuerzas de quienes lo están firmando y de su respectiva posición de estatura moral y ética.  Debe considerar que muchos otros grupos de interés con afiliados mucho más numerosos, actuando dentro de la legalidad, van a querer también establecer negociaciones directas con el Ejecutivo para recibir un trato especial y proporcionado al concedido a las FARC.

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