Virales

Newsletter

Tres claves para entender el derrumbe del Partido Socialista español

By: Diego Sánchez de la Cruz - Oct 10, 2016, 11:38 am
bandera_espa_a_crisis
A pesar del “pinchazo” de la burbuja inmobiliaria y de la brusca caída del PIB, el entonces presidente Rodríguez Zapatero se negó a admitir que España iba camino a una crisis. (España)

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ha sido durante décadas una de las dos grandes formaciones políticas del país, alternándose en el poder con el Partido Popular (PP) y manteniendo altas cotas de poder a nivel nacional, regional y local. Sin embargo, en la España de 2016 nos encontramos con que las encuestas ya sitúan al PSOE en el tercer puesto de las encuestas, por detrás de Podemos. ¿Por qué se ha hundido el PSOE? Hay tres claves que explican esta caída.

1. Zapatero: desastroso manejo de la crisis

A pesar del “pinchazo” de la burbuja inmobiliaria y de la brusca caída del PIB, el entonces presidente Rodríguez Zapatero se negó a admitir que España iba camino a una crisis. El mandatario socialista miró hacia otro lado y, en vez de afrontar la Gran Recesión con un plan concreto de reformas, se limitó a repetir una y otra vez que España estaba “a salvo de la crisis financiera”. Zapatero anunció incluso que “en menos de cuatro años, se logrará el objetivo del pleno empleo, con carácter definitivo”. Y, peor aún, el gobierno no ahorró calificativos contra quienes advertían de la crisis que llegaba, denunciando la “visión apocalíptica”, el “catastrofismo” y el “alarmismo injustificado” de quienes no compartían su ciego optimismo.

Ni que decir tiene que el desempleo se disparó entre 2008 y 2012, pasando de menos de dos millones a más de seis millones de personas. El sector financiero entró en barrena, con el hundimiento de las entidades semipúblicas conocidas como cajas de ahorros. Las cuentas públicas  pasaron de un superávit del 2 % del PIB en 2007 a un déficit del 11 % en 2009. El mismo PSOE que negaba la crisis y hablaba de pleno empleo acabó entregando un país que se había convertido en el enfermo de Europa.

2. El chavismo llega a España: irrupción de Podemos

En mayo 2008 el Ministerio del Poder Popular del régimen chavista venezolano envió 8,1 millones de dólares (7,2 millones de euros) a la Fundación CEPS, con el objetivo de “crear en España cambios políticos afines al gobierno bolivariano”. Algo similar persigue el CELAG, un centro con sede en Ecuador que maneja un presupuesto de 4,8 millones de dólares (4,3 millones de euros). El denominador común de ambos organismos es que entre sus dirigentes nos encontramos con las figuras más destacadas de Podemos: Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón…

 

Al calor de estos importantes recursos, la carrera política de este grupo de politólogos ha sido imparable. Todo empezó en los medios de comunicación, donde Iglesias popularizó su mensaje populista y antisistema. Luego llegaron las Elecciones al Parlamento Europeo de 2014, en las que Podemos logró un resultado del 8 % y dio el primer paso para su despegue político.

3. Guerra civil: la fractura del PSOE

Las malas perspectivas electorales que enfrentaba el PSOE en las Elecciones Generales de 2011 empujaron a Rodríguez Zapatero a renunciar al liderazgo de su partido. El candidato elegido, Alfredo Pérez Rubalcaba, apenas se mantuvo algunos años al frente de la formación de izquierdas, cumpliendo un rol de transición hasta la celebración de unas primarias marcadas por el bajo perfil de todos los candidatos. El vencedor del proceso, celebrado durante el verano de 2014, fue Pedro Sánchez, un auténtico desconocido para la opinión pública.

Sánchez apostó por pactar con Podemos en las elecciones regionales y locales de mayo de 2015. Lejos de frenar al populismo, esta estrategia acabó igualando a ambos partidos, que ahora se mueven en niveles similares de apoyo. Esto ha motivado una rebelión interna que ha terminado desalojando del liderazgo del partido a Pedro Sánchez. La crisis interna del PSOE ha contribuido a debilitar más aún a los socialistas, de manera que en las últimas encuestas publicadas ya se sitúan por debajo de Podemos en intención de voto.

Diego Sánchez de la Cruz Diego Sánchez de la Cruz

Diego Sánchez de la Cruz es analista político y económico en medios de comunicación españoles y profesor en IE University. Síguelo en Twitter: @DiegoDeLaCruz.

¿Por qué el capitalismo es tan odiado? Mitos que no mueren

By: Priscila Guinovart - @PrisUY - Oct 10, 2016, 11:21 am
capitalismo

La mala reputación del capitalismo se ha extendido por el tiempo y el espacio, probablemente desde la publicación de El Capital de Karl Marx en 1867. Al menos, fue precisamente el filósofo alemán quien dio al capitalismo su nombre, porque la economía de mercado es casi tan antigua como la civilización misma. Sobran en el mundo ejemplos en el que el socialismo y el comunismo han fracaso sistemáticamente, causando pobreza, hambre, represión, persecución, censura, muerte y todo tipo de miserias, tanto intelectuales como físicas. Una mirada a, por exponer casos recientes,  Corea del Norte, Alemania Oriental, la Unión Soviética, Cuba y Venezuela bastaría para el ojo imparcial. Lea más: El fin de la pobreza podría estar cerca gracias al capitalismo global Lea más: Autoestima + Razón: Receta imbatible a favor del capitalismo Sin embargo, el término “capitalismo” sigue sonando altamente antipático para detractores e incluso algunos simpatizantes.  Las asociaciones que suele suscitar el sustantivo son por demás negativas, desde “explotación” a “imperialismo”, pasando por una serie de desatinos y errores conceptuales, no pareciera haber atenuantes a la hora de declararse un firme defensor del capitalismo. Se podría encontrar alguna explicación a tal reacción en los dudosos embajadores involuntarios que el capitalismo ha tenido y tiene, o quizás el gran embajador, Estados Unidos. O al menos el Estados Unidos reciente, de los últimos 80 años. El intervencionista, el tantas veces belicoso, el fabricante de armas, el invasor, el manipulador. ¿Quién querría al capitalismo cuando su máximo representante es así? Dos puntos merecen ser estudiados sobre el país más poderoso del mundo: primero, no es así siempre ni fue siempre así (que no es lo mismo) y segundo, pero quizás mucho más sorprendente, es que Estados Unidos no es capitalista. No, no entre en shock. Desde un punto de vista estricto, no lo es. Lea más: Blog en vivo: Trump versus Clinton, segunda ronda Estados Unidos es un país con un altísimo nivel de consumo (este punto será atendido más adelante) pero no es absolutamente capitalista. El capitalismo tiene como pilar máximo la libertad de mercado, y en Estados Unidos, no hay nada más regulado que el mercado.  Si un país reniega de la piedra fundamental que sostiene a una ideología, no es coherente que sea abanderado de la misma. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   De hecho, Estados Unidos cuenta con leyes de regulación que rozan lo absurdo. Por ejemplo, es ilegal comprar leche recién ordeñada, que no haya pasado por el proceso de un tambo. O, si usted desea, por ejemplo, tener un blog, debe tener una licencia. Algo tan inocente como recolectar agua de lluvia, también es ilegal. Un país que se entromete de tal manera en el mercado y en la vida de sus ciudadanos, no puede ser llamado capitalista. El capitalismo y el socialismo/comunismo, tienen algo en común: no son sólo teorías económicas, sino que también tienen postulados filosóficos que los respaldan. Al capitalismo lo respalda la libertad, una libertad que es inherente al ser humano y que sólo termina cuando se violenta la libertad del otro. El capitalismo cree en el mutuo acuerdo entre partes consensuales (principio de consensualidad) y esos acuerdos están por fuera de cualquier regulación, o deberían estarlo. Para poner un ejemplo cotidiano, imaginemos que usted vende manzanas. Como desea prosperar en su negocio, decide venderlas a un precio competitivo: un dólar el kilogramo. Es el precio más barato del barrio, por lo que usted hace dinero y el cliente se lo ahorra. Un día le llega a usted una notificación y citación, pues resulta que el Sindicato de Vendedores de Manzanas lo ha denunciado por competencia desleal y tuvo justo la suerte de encontrar dos manzanas podridas en todos los kilogramos que usted  vendió. El Estado le dice entonces que podrá seguir vendiendo manzanas, pero con los precios pautados por el Sindicato (dos dólares el kilogramo) y con las condiciones que el primero marque. Eso no es capitalismo, así de sencillo. Otro de los motivos por el que el capitalismo no tiene muchos amigos, es la derecha.  Como la izquierda representa al socialismo (en teoría) se ha sostenido que la derecha representa al capitalismo.  Esto tampoco es cierto. La derecha de todo el mundo puede que haya tomado (y que tome) medidas medianamente liberales en lo económico, como exención de impuestos a empresas multinacionales a efectos que se radiquen en un país y creen puestos de trabajo. Lea más: Inmigrantes indocumentados en EE.UU. pagan US$12 mil millones de impuestos al año Pero, en términos generales, la derecha no hace honor a las pautas del capitalismo. La derecha suele ser conservadora en términos sociales, lo que se contradice con el principio de libertad. Asimismo, la derecha se ha dedicado en varios puntos del globo a hacer salvatajes de bancos. Un capitalista puro se espanta ante tal horror. Para el capitalismo, un banco es exactamente igual a cualquier otra empresa: si da pérdida, debe cerrar. El capitalismo no cree en la intervención. En muchas ocasiones se puede leer como los términos “capitalismo” y “consumismo” se usan indistintamente, cual sinónimos. Nada más lejos de la realidad. Hay quienes creen que el capitalismo necesita del consumismo para subsistir, y no es así. El capitalismo necesita del libre mercado, que dista del consumismo. El libre mercado se maneja con principios de oferta y demanda y en libertad de consumo (por ejemplo, la capacidad de poder elegir entre UBER y un taxi) y nada tiene que ver con comprar tres modelos de celular por año – dicho sea de paso, el capitalismo cree en su libertad de hacerlo, pero no se lo impone, que es bien diferente. Quizás el más grande de los mitos sea la explotación al trabajador. En un mercado libre, el capitalismo no sólo puede brindar más fuentes de empleo, sino que el trabajador tiene más libertades a la hora de elegir cuánto trabaja, por cuánto y en qué condiciones. Tristemente, estas medidas hoy en día son tomadas por el Estado, fijando mínimos que impiden a las empresas crear más empleo e impidiendo, a quien así le parezca pertinente, trabajar por cuanto le parezca conveniente. Sin importar los enemigos que el capitalismo pueda tener, al final del día nos quedan los números. El mundo está lejos de ser perfecto, pero desde la aparición del capitalismo y su fortalecimiento luego de la Revolución  Industrial, e incluso a pesar de todas las regulaciones e intervenciones estatales,  somos más saludables, vivimos más tiempo y sí, tenemos más dinero.

Boletín electrónico

¡Recibe lo último de PanAm Post por correo electrónico!

Nunca compartiremos tu correo electrónico con nadie.