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Abandonando el socialismo en Venezuela: hoja de ruta para una revolución liberal

By: Guillermo Rodríguez González - Dic 6, 2016, 4:20 pm
(Flickr) socialismo
El socialismo es el control de los medios de producción por el Estado. Un Estado que hace negocios, es por naturaleza un Estado socialista. (Flickr)

Decía Winston Churchill que si el vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto de bienes, la virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de miseria. Que ahora intenten presentar la miseria como ideal ecológico no cambia el que miseria es lo que finalmente produce una economía socialista. Acompañada de la mayor destrucción ambiental posible para despertar de los que se crean el cuento del socialismo ecologista.

El socialismo real es realmente el único socialismo

El socialismo es el control de los medios de producción por el Estado. Un Estado que hace negocios, es por naturaleza un Estado socialista. Capitalismo de Estado es una contradicción en términos, si la empresa es de Estado no es capitalista. Y si es capitalista una actividad mercantil no es realizada por el Estado. Un Estado “capitalista” se dedicaría única y exclusivamente a sus funciones básicas y no a actividad mercantil alguna. Pero hay grados de socialismo en cada economía. Ni en la Unión Soviética se llegó al 100% de socialismo, pues ni ahí desapareció por completo toda forma de iniciativa productiva, más o menos, privada.

Quien maneje el Estado tiene dos formas de controlar los medios de producción. Hacerlos de su propiedad por la fuerza como los soviéticos. U ordenarles a los “propietarios” qué, cuándo, cuánto, cómo y para quién, producir, distribuir, comprar, vender; así como a quien contratar y cuanto pagar, como los nacional socialistas alemanes. El común de los socialistas combinó ambos métodos, reservando el soviético para lo que consideran estratégico y el nazi para lo que no.

Venezuela, socialismo y petróleo

En Venezuela la actividad petrolera es la más importante del país en términos de PIB y de ingreso fiscal. Aproximadamente el 80 % de las divisas que ingresan al país son producto, directo o indirecto, de las exportaciones petroleras. El petróleo, como todo lo que está en el subsuelo, es, y ha sido siempre, propiedad exclusiva del Estado venezolano. Tal reserva estatista de recursos es una herencia que la corona española dejó, en la legislación, a su ex capitanía general de Venezuela. Pero una cosa es petróleo, que siempre ha sido del Estado y otra la industria que lo explota, que puede ser privada o estatal, nacional o foránea. Fue primero privada y nacional, luego privada y mayormente foránea, y finalmente desde 1974 a la actualidad es exclusivamente Estatal por Ley.

 

El asunto es que desde que es propietario directo de su monopolio petrolero PDVSA, ha sido socialista en toda regla el Estado venezolano. La principal razón por la que la inmensa mayoría de la población en Venezuela no es consciente de esto, es que los socialistas que gobernaron desde 1958 hasta 1994, no controlaban lo que los marxistas granscianos denominan poder cultural. Eso le fue delegado a la parte desarticulada, aparentemente más izquierdista que había sido derrotada y desplazada primero en el terreno electoral y luego en las guerrillas.  Pero tras casi cuatro décadas el empobrecimiento, corrupción y demás miserias, consubstanciales con el socialismo, en cualquiera de sus variantes, produjeron el inevitable colapso. Y el socialismo del poder cultural llegó al poder político colgado de las charreteras de un grupo de militares golpistas que se habían formado y radicalizado en tal ideología.

La estrategia populista

Puede el socialismo, además de transferir recursos de la población al Estado masivamente, redistribuir los sobrantes de unos a otros, y así lo hizo tanto el socialismo moderado del pasado, como el socialismo radical chavista. El socialismo moderado produjo un empobrecimiento moderado y el socialismo radical una miseria radical. Pero en los dos casos la caída de precios del crudo los sometía a una cada vez más limitada capacidad de redistribuir sobrantes ya no lograba los mismos efectos que con altos precios petroleros. Pero mientras funcionó como sistema de compra populista de apoyo electoral, la clave fue que los beneficiarios no eran los mismos. En el común de los casos, los que antes, poco o nada recibían, fueron la clientela electoral del nuevo socialismo, y por ende los que más sobrantes recibieron directamente. Los que antes vivían de ser clientes del Estado, poco o nada recibieron del cambio de socialistas en el poder en adelante. Y obviamente se odiaron unos a otros con violenta intensidad de delincuentes peleando el mismo botín.

El camino de regreso

El socialismo es como el veneno. A mayor grado, mayor daño, y puede llegar a ser mortal. Para transformar una sociedad capitalista en socialista, se requiere quitar a las personas el control de sus propiedades a fin de concentrar el control de los medios de producción el Estado. Para pasar del socialismo al capitalismo, se requiere seguir la vía contraria. Hay que quitarle al Estado todos los activos que no están dedicados a sus funciones naturales y dárselos a las personas.  Y como el socialismo empezó con el control directo de los sectores estratégicos por el Estado, y se profundizó con el control indirecto del resto. Transformarlo en capitalismo exige transferir la propiedad de los sectores estratégicos del Estado a la población de la forma más amplia y menos fiscalista posible. Y eliminar el control indirecto mediante una apertura de mercado interna y externa.

Así empieza la hoja de ruta para ir del socialismo al capitalismo. Muchos otros detalles dependen de las circunstancias peculiares, pero lo que llamamos Estado de Derecho es el marco indispensable de una economía de mercado. No obstante, debemos admitir que no se construirá una economía de mercado ni se impondrá un Estado de Derecho mientras se mantengan controles directos e indirectos del Estado sobre los medios de producción. Entre otras cosas más complejas, por la más simple y obvia, que no se puede ser Juez y parte.

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.

Merkel revisa política migratoria de Alemania y pide prohibir el velo islámico

By: Orlando Avendaño - @OrlvndoA - Dic 6, 2016, 4:05 pm
Velo islámico

Este martes 6 de diciembre la canciller federal de Alemania, Angela Merkel, hizo un llamado a la prohibición del velo islámico burqa y, además, prometió que nunca repetiría el error de la política de "puertas abiertas para los refugiados" que implantó el año pasado; esto en el marco de un intento para obtener una histórica cuarta victoria como canciller. "No queremos sociedades paralelas y en donde existan debemos abordarlas. Nuestras leyes están hechas para preservar nuestros valores tradicionales y las reglas de la familia, eso sobre la ley Sharia. Eso tiene que quedar muy claro", dijo la canciller. "Eso además significa que en las relaciones entre humanos, las cuales juegan un rol especial acá, nosotros mostramos las caras. Es por esta razón que el velo completo no es apropiado y debería estar, dentro de nuestras posibilidades, fuera de la ley. Eso no nos pertenece", apuntó Merkel. Lea más: Terrorismo islámico: llamemos las cosas por su nombre Lea más: Por qué Bélgica es el epicentro del terrorismo islámico en Europa El discurso lo dio frente en la conferencia anual del partido Unión Demócrata Cristiana de Alemania (la fuerza política a la que ella pertenece), y el cual pretende representar para las elecciones generales del próximo año. Asimismo, Angela Merkel pidió defender la unión de Europa y condenó la ineficiencia de Occidente en tratar la guerra civil en Siria. No obstante, en un partido que desde hace meses viene haciendo propuestas similares a las mencionadas, fue su llamado a la prohibición del burqa el que recibió los aplausos más fuertes. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   Frente a sus políticas migratorias, las cuales han generado un fuerte impacto demográfico y una baja de su popularidad, Merkel dijo: "Lo hemos dicho una y otra vez, una situación como la del verano de 2015 no puede y no debe repetirse". Aseguró que, de los más de un millón de inmigrantes que entraron a Alemania el año pasado, no todos se quedarán y, los que lo hagan, tendrán "que integrarse a la sociedad germana". Fuente: The Telegraph 

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