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Las cuatro peores objeciones a una dolarización en Venezuela

Por: Guillermo Rodríguez González - Ene 12, 2017, 5:59 pm
(Diario República)
(Diario República)

Pese a la locura diaria del socialismo en que vivimos, en Venezuela se discute, y no poco, la idea de dolarizar formalmente frente a la hiperinflacionaria destrucción del bolívar que la política monetaria y fiscal revolucionaria completó.

Creo que discuten tres tipos de economistas: Quienes sueñan presidir el Banco Central. Quienes aspiran a liquidarlo. Y los que pensamos en un patrón oro soberano con tipo de cambio variable en un mundo de divisas fiduciarias. Sorprende a partidarios de dolarizar ante el fracaso innegable de nuestro banco central, que de las posibles objeciones, sean las cuatro peores las que más escuchan:

1. Para alcanzar estabilidad de precios, la dolarización no es condición suficiente, ni necesaria.

La estabilidad de precios siempre será relativa. Los precios fluctúan sin inflación o deflación. El objetivo realista no es estabilidad de precios, sino razonable estabilidad del poder de compra del dinero en medio de variaciones simultáneas de precios al alza y la baja. Y es indiscutible la menor inflación de economías dolarizadas comparadas consigo mismas mientras sus gobernantes destruían su propia divisa.

2. Venezuela tuvo estabilidad macroeconómica sin dolarización por 49 años, de 1925 a 1974.

Entre 1925 y 1940 no existía banco central en Venezuela. Había cambio fijo por patrón oro y emisión de billetes privados pagaderos al portador en oro. El BCV condicionó la convertibilidad y redujo el respaldo en oro primero a 50 %, luego a 33 %, y finalmente abandonó el patrón cuando lo estatizaron completamente en 1974. Tipos de cambio fijos al dólar –patrón oro divisa de Bretton Woods– caen en el mundo tras abandonar el patrón oro EE.UU. en los 70. En Venezuela sin control de cambios llegan hasta principios de los 80. Tras eso, controles de cambios, altas inflaciones, caída de la economía, sobreendeudamiento y destrucción del bolívar, hasta la hiperinflación actual. El patrón oro clásico impide la política monetaria discrecional, el patrón oro divisa también, un poco menos al emisor de la divisa de reserva que al resto. La caída del patrón oro fue el fracaso de la banca central en el mundo, no su éxito.

Los 49 años de estabilidad macroeconómica, sin y con banca central, se limitan a períodos sin discrecionalidad para la política monetaria con que el Banco Central de Venezuela destruyó el valor del bolívar. Es falaz defender un banco central gubernamental fracasado emitiendo papel de curso legal, argumentando un período sin banco central, y otro con banco central privado limitado por un patrón oro divisa.

 

3. Grecia entró en crisis por adoptar una divisa multinacional emitida por el Banco Europeo en lugar de una divisa nacional emitida por un banco central propio.

Simplemente es mentira. Grecia no entró en crisis por carecer de moneda propia, sino porque sus gobernantes falsificaron las cuentas públicas para ingresar a la UE, manteniendo un gasto elevado imposible para su economía. Paralelamente destruyeron con subsidios populistas a trabajadores y empresas su débil productividad. Integrar la Unión Europea permitió a gobiernos griegos endeudarse a tasas de interés ridículamente bajas para el riesgo real de su deuda soberana. Y a empresas griegas expandirse en una superburbuja oculta en la burbuja del resto de Europa. Con la recesión, la realidad griega resultó peor que la del resto de la UE y su crisis fue más severa. Lo que evitó el que no emitieran divisa propia fue su caída a la hiperinflación. Con la clase política griega un banco central propio no sería más estable que el euro, sería un desastre soberano. Fútiles resultaron las amenazas del Grexit como extorsión al resto de la UE. Grecia fuera de la UE era peor para Grecia y mejor para la UE. Contrario al Reino Unido, cuya libra esterlina no es un dracma.

4. Dolarizar una economía concentrada en la exportación de crudo, como Venezuela, comprometería la capacidad de respuesta a shocks negativos por precios del petróleo.

Suena engañosamente razonable al común y a economistas que no dominan teoría monetaria y teoría del capital. Pero es la peor. Devaluar ante la caída del precio del crudo en tales economías significa transferir la reducción de los ingresos externos del gobernante a la economía interna de la población mediante la pérdida de poder de compra internacional de la moneda. Y ocasionar inflación interna. La alternativa es reducir gasto público, endeudarse para evitarlo, o aumentar abiertamente impuestos. Raro que quienes se creen omniscientes para manejar política monetaria discrecional sin anclaje alguno, no proponen un fondo de estabilización fiscal con ahorro acumulado en períodos de altos precios del crudo. Eso distribuiría la reducción del gasto entre el ahorro de vacas gordas y el déficit financiado de vacas flacas. Suelen recordarlo con una divisa tan inestable como el bolívar actual, pero olvidarlo con otra más estable que sin eliminar las limitaciones prácticas de un fondo de estabilización, incrementaría su viabilidad.

Al final, una dolarización no se decide, la impone la hiperinflación de hecho. La economía Venezolana está dolarizándose de arriba hacia abajo. Lo de alto valor se transa en dólares, pese al control de cambios. Lo de bajo valor en bolívares, y pese al control de precios se calcula en dólares, no a tipos oficiales del racionamiento de divisas vigente, sino a los del mercado negro. La economía venezolana fue dolarizada de hecho por la destrucción del bolívar que completó el socialismo en el poder. Dolarizada de derecho, encontraría ese socialismo revolucionario los límites a su proyecto que la dolarización le impuso a Correa en Ecuador. En una República Liberal prefiero un patrón oro. Pero entre el socialismo en el poder y el socialismo opositor en Venezuela no tendremos la institucionalidad de una República Liberal. Y sin eso es dolarización o hiperinflación, racionamiento y miseria.

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.