¿Cómo le está yendo a Uruguay con su “experimento” con la marihuana?

Para empezar, no se trata de “liberar” sino de “estatizar”, lo cual es algo completamente diferente

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¿Cómo le está yendo a Uruguay con su “experimento” con la marihuana? (Twitter)

Con gran expectativa internacional y el fervoroso apoyo de la mayoría de los liberales, el 7 de enero de 2014 en Uruguay, entró en vigor la ley No. 19.172, denominada “ley de la marihuana”.

En aquel momento escribimos una serie de artículos señalando que esa norma era mala. Nuestra posición fue criticada por aquellos que están a favor de la liberalización de las drogas.

Esa reacción nos preocupó porque demuestra que se ha aprendido poco de las malas experiencias del pasado. Los que están a favor de liberalizar los mercados, mucha veces parecen obviar que el fin importa pero también los medios. En realidad, lo más relevante son los instrumentos que utilicemos porque de lo contrario, podremos obtener consecuencias diametralmente opuestas a las perseguidas.

Recordemos lo sucedido con las empresas monopólicas estatales en la ex URSS y Argentina. Cuando Mijail Gorbachov y Carlos Saúl Menem, en sus respectivos países, las vendieron al sector privado, recibieron el aplauso del capitalismo occidental. En ese momento poco importó la “forma” en que esas desestatizaciones eran llevadas a cabo. El resultado fue que en Rusia dio origen a un “capitalismo mafioso” y en Argentina se pasó de monopolios estatales a privados.

Corolario: los ciudadanos de esas naciones sufrieron las consecuencias y hoy en día sienten aversión hacia la palabra “liberalización” (que en rigor no era tal) y son más estatistas que nunca.

Carlos Vaz Ferreira en su tratado “Lógica viva”, analiza los modos más comunes en que las personas cometen errores. Realiza “un estudio de la manera como los hombres piensan, discuten, aciertan o se equivocan —sobre todo, de las maneras como se equivocan […] un análisis de las confusiones más comunes, de los paralogismos más frecuentes en la práctica”.

Entre esos sofismas, advierte la diferencia entre “pensar por sistemas” o “pensar por ideas a tener en cuenta”.

Los que razonan de la primera manera, ponen todo en una misma bolsa. Por ejemplo, “los monopolios estatales son malos”. Ergo, cualquier medida que los elimine, es buena. En cambio, aquellos cuya actitud intelectual adhiere a la segunda, defienden ciertas ideas pero simplemente para tenerlas en cuenta: en cada caso particular examinarán si aplicarla producirá buenos o malos resultados. No son dogmáticos.

Obviamente que “pensar por sistemas”, nos lleva a cometer graves errores.

Esa forma de razonar, fue la que adoptaron muchos defensores del liberalismo ante las desestatizaciones de Gorbachov y Menem. Asimismo, frente a la ley de marihuana en Uruguay, impulsada por José Mujica.

En nuestros artículos sobre este tema, expresábamos:

La ley sobre la marihuana que recientemente se aprobó en Uruguay, es una buena idea que se ha materializado de una forma inapropiada. La premisa fundamental sobre la que se asienta, es decir, que la liberalización del mercado de las drogas es el camino adecuado para enfrentar ese flagelo, es correcta. Sin embargo, consideramos que esta ley es mala.

Para empezar, no se trata de “liberar” sino de “estatizar”, lo cual es algo completamente diferente. Funcionarios públicos serán los encargados de “vigilar” el cumplimiento de la ley según los términos allí establecidos y además, van a “dar permisos” para que diferentes empresas privadas operen en este mercado. Es de temer que por ese camino, no sólo el problema se mantenga sino que incluso, la corrupción se expanda considerablemente.

El camino adecuado  – el más eficiente y el único  moralmente justificable- es la libertad. Los gobernantes deben aceptar que los ciudadanos son personas adultas y racionales. En consecuencia, responsables de sus decisiones. Además, la liberalización de las drogas para ser realmente efectiva, debería darse a nivel mundial, empezando por EE.UU. y Europa.

El papel de las autoridades debería estar limitado, a realizar una profusa compaña pública de concientización de los males que provocan.

Por tanto, vemos que se corrompe hasta el lenguaje, porque se insiste en denominar “liberalización” lo de Uruguay, cuando en realidad fue una “estatización”.

También es oportuno recordar el origen de esa iniciativa. Por cierto, bien al “estilo Mujica”. Cuando era presidente, la situación estaba caldeada debido al inédito aumento de la delincuencia  y la inoperancia estatal para controlarla. Había frecuentes manifestaciones callejeras por ese asunto.

La prensa le pidió a Mujica su opinión sobre ese tema; declaró lo primero que le vino a la mente, para desviar la atención popular hacia otro lado. Fue así que comenzó el tema de la “liberalización” de la marihuana,  que ligó como “solución” a la inseguridad porque le iba quitar mercado a los narcotraficantes. Tan sorprendente fue su anuncio, que hasta los legisladores de su propio partido le pidieron que lo explicara porque nunca lo había mencionado.

Por consiguiente, improvisación total.

Ese proyecto fue rechazado por la amplia mayoría de los uruguayos. No obstante, viendo la popularidad internacional que le brindaba, Mujica lo impuso contra viento y marea. Encima declaró, que “este es un experimento. Como todo experimento naturalmente tiene riesgo y tenemos que tener la inteligencia de que si nos supera y nos pasa por arriba ponemos la marcha atrás”.

En consecuencia, esta ley es inmoral porque es un “experimento” que no cuenta con el consentimiento de los uruguayos. Un principio fundamental de derecho señala, que nadie puede ser obligado por la fuerza legal a ser partícipe de algo a lo que se niega rotundamente.

Pues bien, veamos ahora cuáles han sido los resultados de este “experimento”, tras solo cuatro años y medio de estar en funcionamiento:

Los enfrentamientos entre narcotraficantes asolan a Montevideo y ciudades del interior, anteriormente pacíficas. La violencia de los grupos criminales aumentó. Bandas de narcos están expulsando a familias de los barrios más pobres para quedarse con sus hogares; a otras, las obligan a pagar para poder permanecer en sus casas.

Según datos oficiales, seis de cada diez homicidios están vinculados al tráfico de drogas, que aumentó en vez de disminuir; en 2012 -antes de la aprobación de la susodicha ley- la cifra era de tres de cada diez.

Casi la mitad de los consumidores de marihuana, la adquiere fuera del mercado controlado por el Estado. Los narcos se adaptaron a la nueva realidad y diversificaron su oferta, lo que ha llevado a que disminuya el consumo de marihuana pero aumentado el de pasta base y principalmente, el de cocaína.

Los gobernantes han estado omisos en realizar campañas públicas advirtiendo sobre los nefastos efectos de consumir drogas.

La situación de violencia criminal ha llegado a tales extremos que Mario Layera –Jefe de Policía de Montevideo- manifestó que cada vez se hace más difícil combatir al delito. Alertó que si la situación no mejora, Uruguay va a terminar como Guatemala o El Salvador, donde “el Estado disminuirá su poder ante organizaciones pandilleras que vivan de los demás cobrando peaje para todo”.

En consecuencia, comprobamos que el “experimento” de Mujica con la marihuana, engrosa el grupo de las experiencias fallidas, erróneamente  catalogadas como “liberalizadoras”.

El “Pepe” había dicho muy suelto de cuerpo que si la prueba “los supera”, había que tener la “inteligencia” de “dar marcha atrás”.

Pero, ¿será tan fácil revertir los efectos perniciosos provocados? O más bien, ¿lo “inteligente”  hubiera sido planificar con cuidado para prevenir estos males?

Asimismo, debería ser un llamado de atención a los amantes de lo libertad, para que sigan el consejo de Vaz Ferreira: evitar “pensar por sistemas”…

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