Sistema estatal de pensiones en Colombia: solución rápida de corto plazo

Los sistemas estatales de pensiones comprometen el dinero de todos los contribuyentes.

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Los mayores ingresos del sistema estatal no son sino una ilusión, una mentira. (Flickr)

En Colombia se capturó a un grupo de delincuentes que estafaba a ciudadanos para hacerles el cambio del sistema de pensiones privado al estatal, así no cumplieran los requisitos. Incluso la actual ministra de Trabajo forma parte de los estafados.

Si bien, esto nos podría dar la excusa de abordar la cantidad de delitos que se cometen cuando de recursos estatales se trata (algunos de los integrantes de la banda eran funcionarios) o de reflexionar sobre el sistema de prima media (estatal), este hecho deja entrever algo más interesante y grave.

Hace no mucho tiempo mi papá me regañó al enterarse de que yo no aporto en el sistema “público” (como se le mal-llama) de pensiones, sino en un fondo privado. Su molestia –y confusión– creció cuando le expliqué que el sistema estatal es una ilusión y que, además, por principios no aportaría a algo semejante.

¿Por qué el regaño? ¿Por qué la gente resulta estafada para ingresar al sistema estatal? Es conocido que las personas creen que el sistema “público” tiene, al menos, tres ventajas sobre los fondos privados. Primero, y la que más me mencionan, es que la pensión es mayor. En los fondos privados los resultados son mucho menores. Segundo, las personas piensan que el sistema estatal nunca se va a quebrar. Tercero, similar al anterior, las personas piensan que su dinero está más protegido si el que la administra es el Estado. Ante un privado, consideran que su dinero será manejado de manera irresponsable y con altos niveles de riesgo.

No obstante, estas tres supuestas ventajas están completamente equivocadas. Comienzo por la segunda: las reformas a los sistemas estatales de pensiones en el mundo se hicieron, al contrario de lo que se piensa, porque estos estaban en camino de quebrarse. Es más, los que aún persisten cada vez más demuestran evidencia en ese sentido. Por su misma naturaleza, esos sistemas están destinados a la quiebra.

Sobre la tercera supuesta ventaja, no entiende uno por qué las personas siguen depositando su absoluta confianza en el Estado: ese cuyos funcionarios tiene cada nada escándalos de corrupción, ese que es incapaz de cumplir con sus funciones básicas, ese que se ve envuelto en casos de abusos de poder, represión y demás excesos. ¿Qué me perdí para pensar que ese mismo Estado sí va a ser cuidadoso en la administración de recursos de los trabajadores?

Pero, además, no entiende uno por qué se piensa que si esos recursos los administra un fondo privado los incentivos llevarán al despilfarro y la irresponsabilidad. Lo mismo me sucede cuando me dicen que los privados no deben prestar servicios de educación o salud que porque así disminuye la calidad. Es como si se pensara que, si mi interés es hacerme rico, la mejor forma de lograrlo es prestando un pésimo servicio, robándome la plata y engañando a mis clientes. Absurdo, pero eso es lo que parecen pensar.

Lo más interesante es lo que está detrás de la primera supuesta ventaja: pensiones más altas. Esta vez no me quiero concentrar en los datos para corroborar que si esa creencia es cierta o no. Asumamos que eso es cierto. El problema está en otro lado y explica el juego de incentivos perversos de un sistema de pensiones basado en una supuesta solidaridad, que no es sino que unos disfrutan hoy de los que los otros están trabajando. Esto, además, puede explicar muchas de las opciones que la gente prefiere en materia política.

A pocos parece importarle por qué los fondos privados obtienen menores resultados financieros. ¿Falta de experticia? ¿De conocimiento? Podría ser. No obstante, habría que ver por qué los más expertos trabajan en el sistema estatal y no se desplazan al privado en el que, uno esperaría, reciban mayores salarios. Como esta causa es difícil de creer en la práctica, los diferenciales deben ser resultado de otras variables.

Si se analiza el contexto, la principal diferencia se encuentra en la forma de hacer los pagos en cada sistema. Mientras en el privado las cuentas son individuales y sus resultados dependen de las decisiones de quién está ahorrando, así como de las regulaciones que facilitan o impiden en qué mercados se pueden hacer las inversiones de lo ahorrado, en el estatal las cuentas son colectivas y lo que reciben los pensionados de hoy es igual a lo ahorrado por los trabajadores de hoy, más lo que sea que se decida políticamente.

Así, esos mayores ingresos del sistema estatal no son sino una ilusión, una mentira. Es el peor ejemplo de la creación de riqueza de manera artificial, por decisiones políticas.

Pero ¿por qué las personas se apresuran a preferir un sistema, basado en mentiras? Cuatro causas se me ocurren. Primero, porque los individuos prefieren las soluciones rápidas y mágicas, no las dolorosas… y más cercanas a la realidad. Quisiéramos evadir la realidad: sucede en el entretenimiento, en la política y los ingresos futuros no podían ser la excepción.

Segundo, y relacionado con lo anterior, las expectativas están basadas en lo que se desea y no en los resultados del trabajo. Por eso son tan atractivos los planteamientos de teóricos como J.M. Keynes: nos prometen que una sociedad puede enriquecerse sin hacer sacrificios, sin ahorrar; solo disfrutando. El mercado es aburrido porque lo que usted obtiene depende de su trabajo (no de su mérito, ni de sus cualidades, y muchas veces sí de su suerte) y del entorno. Y ese entorno, la mayoría de las veces, es precavido, austero. En términos generales, enriquecerse de forma rápida y extraordinaria no es sino una ilusión.

Tercero, a las personas suele no importarnos el futuro. Creemos que si hoy pagan más, en el futuro será igual. De hecho, podría señalarse que la decisión de participar en el sistema estatal de pensiones no solo demuestra un desdén por el futuro, sino un egoísmo de los padres para con sus hijos, nietos y demás descendencia. Esto porque ellos son los que tendrán que asumir los pagos de las pensiones de los trabajadores de hoy. Pero, además, sus padres lo saben y nos les importa dejarles un sistema con serios problemas de sostenibilidad.

Cuarto, la preferencia por el sistema de pensiones estatal también demuestra lo peor del “sálvese quien pueda”. Nos inventaron que es un sistema solidario, pero en realidad es un sistema que promueve, no la individualidad, sino el egoísmo. Con las futuras generaciones, como ya lo señalé, pero también con los demás ciudadanos. Los que reciben pensiones son pocos porque los que aportan son pocos. Primera exclusión. Como si fuera poco, las decisiones políticas que inflan las pensiones que se pagan hoy se financian con recursos que pagamos todos. Segunda exclusión. Por ello, hoy en Colombia, por ejemplo, en pensiones –en altísimas pensiones– se destina más de un tercio de los recursos de subsidios del país. ¿Habrá una peor transferencia de riqueza de la sociedad a una minoría privilegiada?

Hasta que las personas no se den cuenta de las implicaciones de sus preferencias, seguirán existiendo mafias que engañen y estafen, porque el principal engaño, el de las pensiones públicas, seguirá pasándose como necesario y solidario.

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