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Terrorismo en Colombia: el pasado que nos acecha

By: Jorge Enrique Gómez Pardo - @jegomezpardo - Jun 21, 2017, 2:08 pm
Centro Comerial Andino Bogotá
Estamos volviendo a la época de Pablo Escobar (Twitter)

El infame acto terrorista perpetrado el sábado pasado en el centro comercial Andino de la ciudad de Bogotá fue la más reciente noticia de al menos tres que hemos leído en las últimas semanas y que nos recuerdan un pasado que creíamos, al fin, haber dejado atrás.

En efecto, tal vez desde las épocas de Pablo Escobar hace 25 años y desde cuando las FARC aún tenían una capacidad criminal relevante a principios de la administración Uribe, Bogotá no era atacada de esa forma. Terrorismo como el ocurrido mediante una bomba en el baño de mujeres del centro comercial más representativo de la capital, conllevando a la muerte de tres jóvenes inocentes, es algo que creíamos haber dejado atrás. Desde los tiempos de las bombas de Escobar, solamente las FARC habían aterrorizado a Bogotá en forma comparable con la bomba que pusieron en el Club El Nogal. Aunque aún no se sabe quiénes fueron los responsables de la bomba al Andino, el hecho cierto es que Bogotá vuelve a ser víctima del terrorismo.

La segunda noticia parece más bien propia de hace 20 años cuando el gobierno colombiano era despreciado en Washington. Así, el PanAm Post y después los medios colombianos hicieron eco de un artículo publicado en el medio estadounidense Político el cual básicamente decía que el gobierno Santos, presionado por “su aliado” Cuba, se había prestado para amenazar a la administración Trump.

El artículo señaló que el gobierno Santos habría amenazado con boicotear una cumbre de seguridad latinoamericana si Trump anunciaba el viernes su nueva política frente al régimen de Raúl Castro. Agrega la publicación que el influyente senador por la Florida, Marco Rubio, aconsejó a la Casa Blanca enviar un mensaje al gobierno Santos en el sentido que tales acciones estaban poniendo en peligro el apoyo de 450 millones de dólares al país.

 

Lo absurdo que suena leer que Santos -el presidente más impopular de la historia de Colombia desde que existen encuestas- esté presionando a Trump -un presidente sobre quien hasta Castro y Maduro han procurado abstenerse a referirse porque saben que habla en serio- no oculta lo preocupante de la noticia. Por supuesto el tema no es de agradar por agradar al gobierno norteamericano o que a Santos lo quieran o no en los nuevos altos círculos de poder del ejecutivo estadounidense. El asunto es que esos jueguitos de poder bajo quien sabe que presiones de Cuba pueden afectar al pueblo colombiano. Difícil recordar una alianza más beneficiosa para nuestro país que la que hemos tenido con los Estados Unidos iniciada bajo la administración Pastrana y que tuvo su pico más alto durante el gobierno Uribe.

Así, bajo valores compartidos y el interés de ambos países, dicha alianza fue decisiva para que nuestro país recobrara su seguridad física –con todos los efectos que ello trajo en el derecho a la vida y las libertades humanas- y para que pudiera reactivar su economía. Como lo analizó en su reciente libro sobre la historia económica de Colombia el primer ministro de Hacienda de la administración Uribe, Roberto Junguito Bonnet, la historia demuestra que para la prosperidad de nuestro país no hay buen manejo económico que pueda compensar la falta de seguridad física.

Finalmente, la tercera noticia que nos recuerda épocas que ya parecían superadas tiene que ver precisamente con el frente económico. La semana pasada el gobierno bajó las proyecciones del crecimiento de la economía a un 2,3 %. Para expertos como Junguito, un crecimiento incluso del 2 % como el que estima el Banco de la República, similar al registrado en 2016, es “muy optimista”. Con excepción del crecimiento del 1,7 % registrado en 2009 con motivo de la crisis mundial -año en el que las economías de Estados Unidos, la Unión Europea, Brasil, Chile o México decrecieron- Colombia no tenía tasas de crecimiento tan bajas desde hace 15 años cuando en influyentes escenarios era considerado como un Estado Fallido (en 2001 el crecimiento fue del 1,7 % y en 2002 del 2,5 %). En esa época, el país apenas comenzaba a salir de la Crisis Económica de Fin de Siglo, la cual, según el profesor Junguito, fue “posiblemente la peor de las crisis económicas”, la cual “no tenía precedentes desde la Gran Depresión” de 1929.

La situación descrita no es el resultado de la mala suerte. Es el resultado de decisiones políticas equivocadas. Aunque pueda sonar de Perogrullo, las buenas políticas dan buenos resultados y las malas dan malos.

Sin embargo, no son pocos los políticos y analistas que dicen que “los uribistas” están llenos de “odio” y quieren llevarnos al “pasado”. Pero esos políticos y analistas subestiman la inteligencia y el más elemental sentido común y de supervivencia de los colombianos.

La mayoría sabemos que en 2010 (que no fue hace mucho para ya nos parece una eternidad) Colombia era una nación unida, optimista, y cada vez más libre, segura, próspera y cohesionada socialmente.

Y también sabemos que para no volver a ese pasado triste y doloroso que creíamos estaba sepultado en los libros de historia deberemos volver a las políticas del pasado reciente que nos sacaron del Estado fallido

Por ejemplo, políticas firmes en la seguridad y sin complacencias con el terrorismo. De estabilidad jurídica, impuestos y regulaciones razonables que atrajeron la inversión y, por lo tanto, los empleos y los recursos para financiar la política social. De austeridad en el gasto público y bajo endeudamiento. Y de alianza y trabajo conjunto con los países amigos de la libertad, cuyos valores e intereses coinciden con los del pueblo colombiano y no con la tiranía castrochavista, el Socialismo del Siglo XXI y el terrorismo.

Así las cosas, para volver a mirar con optimismo el presente y el futuro debemos volver a las políticas que está probado nos sacaron del Estado fallido y nos permitieron volver a soñar, sobre bases y hechos reales, con un mejor país y una mejor vida para nosotros y nuestras familias.

Jorge Enrique Gómez Pardo Jorge Enrique Gómez Pardo

Jorge Enrique Gómez Pardo es colombiano, abogado con opción en administración de empresas de la Universidad de los Andes y LL.M. en derecho penal internacional de la Universidad de Utrecht, Holanda. Ha sido activista político desde hace más de 15 años, lo cual ha combinado con su ejercicio profesional. Síguelo en @jegomezpardo

El viacrucis de viajar en Venezuela, el país que está a punto de quedarse sin aerolíneas

By: Sabrina Martín - @SabrinaMartinR - Jun 21, 2017, 1:31 pm
aerolineas - venezuela

Venezuela corre el riesgo de quedarse sin aerolíneas tras la grave situación que enfrentan dichas empresas y sus viajeros en el país suramericano. Según el portal de noticias KonZapata, la aerolínea Conviasa se está quedando sin presupuesto, tanto así que solo le alcanzaría hasta el mes de agosto. Aeropostal enfrenta una situación parecida. Lea más: Aerolíneas se unen para no abandonar Venezuela y recuperar su dinero Lea más: United Airlines, la octava aerolínea que se va de Venezuela Las líneas aéreas cada vez más reducen sus vuelos desde y hacia ese país, y muchos de los pasajeros han quedado varados en los diferentes aeropuertos. A principios del mes de junio se conoció que United Airlines dejará de volar en el país suramericano, convirtiéndose así en la octava aerolínea que abandona el territorio venezolano. United Airlines se suma a las decisiones tomadas por Air Canada, Alitalia, GOL, Tiara Air, Lufthansa, Latam y Aeroméxico. United aseguró que dejará de volar desde y hacia Venezuela el próximo primero de julio porque la ruta Houston-Caracas no estaba cumpliendo con las expectativas financieras. Y es que viajar por avión dentro y fuera del país suramericano se ha convertido en una odisea. La pasada semana la aerolínea Rutaca suspendió vuelos nacionales de Puerto Ordaz (al sur de Venezuela) hasta Caracas. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   Decenas de pasajeros se encontraron con la sorpresa de la interrupción al llegar dos horas antes a chequear sus boletos. La presunta razón es que los aviones de la aerolínea están dañados. A inicios del mes de junio algo parecido surgió con la aerolínea Conviasa; la empresa dejó a 122 pasajeros varados en el aeropuerto Simón Bolívar de Maiquertía. Las personas esperaban viajar a Buenos Aires y a Madrid; pero ante la suspensión, los viajeros decidieron "acampar" en las instalaciones del aeropuerto como medida de presión y protesta. “Las autoridades del aeropuerto no hacen nada, no dicen absolutamente nada. Este problema ocurriera con una aerolínea privada y ya hubiesen hecho una bulla enorme, nos hubiesen respondido que es lo que queremos. Nos han dicho que el gobierno argentino no nos quiere, que nos van a deportar, que no hay aviones, que no hay gasolina, que una aeromoza resultó herida en una de las manifestaciones y todo ha sido mentira tras mentira, y no nos terminan de resolver absolutamente nada”, aseveró en dicha oportunidad una persona afectada. Desde Miami también hay problemas para viajar hacia Venezuela. Pasajeros de Avior Airlines CA, Santa Bárbara Airlines, Insel Air y Aruba Airlines presentaron demandas colectivas en Miami contra esas empresas por cobrarles cargos adicionales supuestamente ilegales. De acuerdo con El Nuevo Herald, las cuatro aerolíneas han sido acusadas de “incumplimiento de contrato” por un cargo extra de 80 dólares exigido a los pasajeros que vuelan a Venezuela desde el Aeropuerto Internacional de Miami. Vuelos y ventas de pasajes en caída libre La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés) informó que las ventas internacionales para el primer trimestre de 2017,  fueron de 55,17 millones de dólares; lo que representó 96 % menos que en el primer trimestre de 2016. IATA ha advertido en reiteradas ocasiones que operar en el país es muy difícil por las trabas que tienen las empresas para repatriar sus divisas. De acuerdo con cifras de la industria, la deuda que mantiene el gobierno con las empresas del sector asciende a 3,8 millardos de dólares.

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