Colombia: La religiosidad del ELN no le impide matar en masa

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ELN
Cascos de 61 militares asesinados por el ELN hallados por un campesino en el departamento de Boyacá, donde habían sido dejados. (Semana)

Los rostros patibularios de alias «Antonio García» y bobalicón de alias “Pablo Beltrán”, manifiestan una de las fases más oscuras del ELN: su ideología filo-mística y esa alegre proclividad al abandono monástico, que no tendría nada de malo, si quien lo adopta no empuñara un fusil. ¿Cómo un grupo de estudiantes santandereanos, con la bendición del inefable Fidel Castrointentaron convertirse en el nuevo hombre colombiano y terminaron transformándose en una banda de secuestradores, homicidas, extorsionadores y contaminadores, sin esperanza ni vergüenza?

El cinismo del que hacen gala los septuagenarios elenos, tiene su explicación en esa mentalidad fundamentalista que, por ejemplo, permitió que los Predicadores Dominicos en el siglo XIII fueran los Domini Canes, Los Perros de Dios, los ejecutores del Santo Oficio quienes, mientras producían obras de Teología y Filosofía, desmembraran, mutilaran vivas, quemaran, ahogaran y sofocaran particularmente a mujeres condenadas por La Inquisición, la de Torquemada, Dominico él mismo.

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El ELN, parido en Cuba, fue formateado en Colombia por sacerdotes españoles embebidos en la Teología de la Liberación, que parece renacer por estos días, quienes predicaron el compromiso social cristiano mientras asesinaban soldados y campesinos “soplones” y liquidaban a sus propios compañeros “desviacionistas”.

La estupidez del radicalismo es inabordable y mucho más si está entintada de religión. Mírese a Al Qaeda o a ISIS. Recuérdese la ejecución de Monseñor Jaramillo y la masacre de Machuca. Obsérvese cómo se quiere exhumar la osamenta y exaltar la memoria de un cura majadero como Camilo Torres, flanqueado por otros mentecatos como el Che y Abimael.

En esos vericuetos se retuercen los catequistas-verdugos del COCE. Ahí están caripelados, promulgando sin rubor necedades que amplifican tontos con y sin sotana, predicando un nuevo país justo y equitativo, eso sí, bajo su mando inquisitorial en donde se fusilará a quien no esté de acuerdo con un modelo al estilo de la pauperizada Cuba o al de la vergonzante Venezuela. En el entretanto, siguen asesinando policías y soldados.

Sus antiguos camaradas, ahora convertidos en actores de reparto de la farándula criolla, dicen que han abandonado las armas pero no al ELN, y están enquistados en universidades, el Gobierno, “centros de pensamiento”, colectivos de investigación y empresas privadas. Cumplen tareas de desinformación y de deformación de la verdad histórica, mientras usufructúan el dinero de nuestros impuestos o de ingenuas ONG europeas.

A pesar de su exigüidad física y moral, se mantienen en la lucha sostenidos por su odio en una precariedad cuasi santona, que los asemeja a las organizaciones extremistas islámicas.

Como las FARC, se aprovecharán del condescendiente Gobierno actual, del pequeñoburgués negociador, para instalar Santos Oficios en donde las primeras víctimas serán los soldados que les impidieron llegar al poder por las armas.

Artículo originalmente publicado en el diario El Colombiano.

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