Haití, país condenado a la crisis

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“No sé qué haremos, pero no podemos vivir aquí”. (el boletín)

Haití parece estar condenado a sufrir una crisis eterna. Corrupción, crisis política, miseria, infraestructura y fenómenos naturales son apenas algunos de los problemas que debe afrontar este país.

La inestabilidad política en Haití juega un papel importante a la hora de hacerle frente a todos los problemas y, por supuesto, al analizar la decadencia constante de la isla.

Haití fue gobernado casi por tres décadas por dos dictadores, y en un ránking de Transparencia Internacional sobre corrupción, ocupa el lugar 158 de 167 países.

Sin embargo, analistas haitianos creen que la primera grave carencia en Haití es la excesiva dependencia económica del exterior. Inclusive para la adquisición de alimentos básicos como el arroz, el aceite para cocinar, el azúcar y hasta el petróleo, con lo que ahora Venezuela colabora poniendo “precios políticos”.

Asimismo, el éxodo masivo de profesionales haitianos hacia otros países no permite que el país surja. La fuga de talentos y cerebros deja cada vez a menos personas capaces de levantar la constante crisis haitiana.

Además de todos los problemas internos pareciera que los fenómenos naturales se hubiesen ensañado con este pequeño país.

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Según la ONU, Haití es el país con mayor número de víctima en tragedias naturales. (panorama)

Primero fue el devastador terremoto del 2010, luego una epidemia de malaria; el terrible huracán Matthew que dejo más de 1000 muertos y horribles destrozos, y ahora la Organización Mundial de la Salud (OMS) vuelve a alertar sobre la precariedad de los servicios de salud tras la evidente epidemia de cólera.

“La prioridad tiene que ser el acceso a agua apta para el consumo, ya que es la única manera de controlar el cólera”, dijo el jefe del Departamento de Enfermedades Pandémicas y Epidémicas de la OMS, Dominique Legros.

Cerca de 10.000 personas han muerto y cientos de miles han enfermado desde que el cólera apareció por primera vez a finales de 2010.

Ahora que la enfermedad se ha vuelto a extender por la nación, sobre todo en las áreas afectadas por el huracán y lugares donde el agua limpia ya era difícil de encontrar; el pueblo deja de lado la preocupación por los terribles destrozos y los paisajes apocalípticos, y le da prioridad a la enfermedad que pone a todos en riesgo.

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el pueblo deja de lado la preocupación por los terribles destrozos, los paisajes apocalípticos y le dan prioridad a la enfermedad que pone a todos en riesgo (panorama)

El pueblo de Rendel y sus alrededores, que está a cuatro horas del camino pavimentado más cercano, y que alguna vez acogió a 25.000 personas, son el epicentro de un desastre potencial. “Todos estamos en riesgo”, afirmó el magistrado Pierre Cenel.

Miles de personas han tenido que irse caminando, llevando solo bolsas rotas de ropa y ganado pequeño, atravesando un río que llega a la cintura de las personas y se desvía tan a menudo que requiere nueve cruces a lo largo del camino.

“No sé qué haremos, pero no podemos vivir aquí”, dijo Donald Agustin, de 37 años, padre de familia, mientras mecía un maletín negro por encima de la cabeza. “La gente está muriendo de cólera”.

En Rendel la única señal de vida está en una clínica improvisada que recibe cientos de presuntos casos de cólera, y solo unas pocas enfermeras son las que se encargan de atender una multitud de pacientes que llegan cada hora, donde, además, la única fuente de luz para que las enfermeras trabajen es una linterna.

“El noventa por ciento de nuestra aldea desapareció”, dijo un sacerdote de la parroquia católica que dirige la clínica y la escuela que ahora sirven de refugio. “Muchos se fueron a pie para escapar de la enfermedad y la devastación. El resto murió de cólera o a causa del huracán”, añadió.

Según un artículo publicado por The New York Times, los pacientes vienen y van para escapar de la peste y el calor sofocante, mientras los familiares se arriesgan a enfermarse con tal de atender a sus seres queridos.

En el pueblo, los lugareños instalaron una estación de limpieza a un costado de la carretera, con un tanque de agua con coloro para los zapatos y las manos de las personas que salen del lugar.

El pueblo vacío y la gente que aún permanece allí vive entre los destrozos que dejó el huracán.

“Cuando miras a tu alrededor, es como el fin del mundo”, dijo Joseph Kenso, de 33 años. “Mira a tu alrededor. El desastre habla por sí mismo”, señaló.

No es posible conocer la cantidad de muertos por el cólera. A la mayoría de los difuntos los entierran sin registro alguno. “No sabemos cuántos han muerto en la comunidad circundante”, comentó una enfermera.“Pero sabemos que la mayoría de las muertes ocurren fuera de aquí”.

Algunas enfermeras explicaron que si la enfermedad se detectara a tiempo, el tratamiento sería muy simple: rehidratación.

La OMS anunció que desplegó un equipo de ochenta especialistas en distintas áreas para evaluar la situación sanitaria y prestar apoyo a las autoridades haitianas.

Fuentes: CNN en español; Somos Sur; The New York Times.

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