Huelga electoral indefinida

Los venezolanos no debemos votar hasta que el sistema, que ha sido funcional al régimen, cambie

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Venezuela
Sin un sistema transparente, Venezuela debería abstenerse de votar. (Foto: Flickr)

Históricamente, la huelga ha sido un término asociado a la actividad laboral. El concepto es cesar una actividad laboral determinada en protesta y/o búsqueda de mejores condiciones frente a un patrón. Visto así, pareciera que lo planteado como «huelga electoral indefinida» no se encuadraría a ese concepto tradicional. Sin embargo, la realidad venezolana está distorsionada. Resulta que quienes son nuestros subordinados, es decir, nuestros mandatarios, se han alzado con lo que solo le pertenece a cada uno de los venezolanos, que no es otra cosa que su soberanía, ignorando olímpicamente que quienes son los mandantes somos nosotros.  Y esto incluye a todos: quienes ejercen el poder de facto y quienes dicen hacerle oposición.

Solo para recordarles los términos, les transcribo las definiciones en la segunda acepción para que todos las tengamos muy claras: “mandante: 2. m. y f. Der. Persona que en el contrato consensual llamado mandato confía a otra su representación personal, o la gestión o desempeño de uno o más negocios. Mandatario: 2. m. y f. Der. Persona que, en virtud del contrato consensual llamado mandato, acepta del demandante representarlo personalmente, o la gestión o desempeño de uno o más negocios”. ¿Qué nos dice lo anterior? Que por obra y gracia de la tiranía y de quienes dicen representarnos en la oposición oficial, resulta que se intercambiaron los roles, y ahora ellos, que están asumiendo el rol de mandantes, deciden lo que debe pasar en este país, sin tomar en cuenta quiénes somos y lo que por derecho es nuestro.

Pero hay algo aán peor que lo anterior. El Constituyente de 1999 estableció de una manera deliberada y taxativa que la soberanía se puede ejercer directamente sin la interceptación de los poderes públicos del Estado. De allí que el artículo 4 de la Constitución de 1961, que indicaba que “la soberanía reside en el pueblo quien la ejerce, mediante el sufragio, por los órganos del poder público” (dándole a los mandatarios el poder supremo), se transformara en la Constitución de 1999 en el artículo 5, como “la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el poder público”. Esto restituye a los mandantes el poder supremo en cualquier momento, si así ellos lo decidieran. Esta nueva previsión constitucional le dio al soberano pueblo de Venezuela desde 1999 el pleno derecho de ejercer directamente su soberanía, en virtud de que los mandantes que se alzaron con nuestra representación destruyeron completamente nuestro país. Así de simple.

Pero lo que no es tan simple es volver a colocar las cosas en su lugar. Luego de muchos años de solicitar a quienes dicen representarnos que se convoque a la soberanía popular para que decida lo que debe pasar en nuestro país, ¿cómo debería reaccionar el conjunto social para que se cumplan sus demandas? ¿Cómo debe reaccionar un pueblo que clama a esos nuevos “dueños” que se alzaron con nuestra representación, y que pide que se le convoque para decidir su destino, y lo que se ofrece es otra farsa electorera para continuar en el usufructo de algo que no les pertenece? La historia laboral del mundo nos tiene una respuesta: una huelga.

Y esta vez es más que una huelga, es la exigencia de un pueblo al derecho humano de elegir en libertad, en forma auténtica y transparente, para que se nos restituya nuestro derecho de ser los verdaderos mandantes en nuestro propio país como pueblo soberano. Tenemos ese derecho establecido y aceptado en la legislación de Venezuela mucho antes de que la plaga castrochavista descendiera sobre nosotros, como bien lo expresamos los proponentes de la huelga electoral indefinida, dada a conocer mediante documento del mismo nombre. La exigencia de la restitución del derecho a elegir es la clave para la solución del problema de Venezuela como un todo. De allí nació este cáncer que estamos combatiendo cuando el régimen trastocó el mecanismo electoral venezolano en el año 2004 con el referendo revocatorio de Hugo Chávez Frías.

Si los procedimientos y los sistemas electorales no hubieran sido distorsionados y trastocados alevosamente desde el CNE controlado por el régimen, el problema de Venezuela se hubiera resuelto con éxito el mismo año cuando correspondía realmente el referendo, y la soberanía popular hubiera actuado como correspondía.

Los venezolanos no pueden seguir tolerando un sistema distorsionado para elegir gobernantes. Eso tiene que parar y la propuesta es que lo paremos nosotros mismos, los mandantes, haciendo una huelga electoral indefinida, dejando de votar hasta tanto se cumpla la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia legítimo, que en fecha 13 de junio de 2018 declaró “nulo e inaplicable el uso del sistema automatizado de votación y escrutinio que actualmente existe en Venezuela para la elección de los cargos de representación popular de los poderes públicos, así como para la celebración de los referendos, en los términos señalados en el artículo 293.5 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela”; y ordenando además al CNE «la depuración y actualización del Registro Nacional Electoral, debiéndose efectuar las debidas correcciones sobre la identidad de cada ciudadano venezolano o extranjero habilitado para ejercer el voto, así como el diseño e implementación de un sistema de votación y escrutinio fundamentalmente manual, en donde el uso de la tecnología e informática sea auxiliar y sólo en beneficio de la celeridad, publicidad, transparencia y eficiencia del voto, escrutinio y totalización, sin que ello implique limitación del derecho de participación de los electores y de los partidos u organizaciones políticas, en plena garantía de la confianza pública del ejercicio del sufragio».

Lo más grave de toda esta historia no es que el régimen no haya acatado esa sentencia histórica, es que la oposición oficial la haya ignorado completamente, negociando con el régimen un nuevo CNE (antes de la defenestración de la dirección de los partidos opositores) sin cumplir lo ordenado por el TSJ. Estoy convencido de que esta omisión no es de ninguna manera un error o un descuido. Es la intención de los partidos de la oposición oficial de continuar en una era post régimen con el mismo sistema de contar votos. Pero esta vez con un mandatario diferente, y eso no lo podemos tolerar si nosotros somos los mandantes.

Es por eso que se hace indispensable una solución humanitaria de carácter electoral como la solicitada a la OEA, en la que sea la comunidad internacional quien cuente los votos en cualquier siguiente proceso electoral que se organice por cualquier circunstancia en Venezuela, hasta tanto los venezolanos no contemos con un nuevo sistema propio que nos garantice un proceso electoral libre y auténtico. Y eso no se hace de la noche a la mañana. Lo electoral es la piedra angular de la solución de este conflicto. Aunque el régimen se vaya por la vía de la fuerza, los venezolanos cometeríamos un suicidio político en masa si vamos a un siguiente proceso electoral con el mismo sistema de contar votos que fundó Jorge Rodríguez en el año 2004, y que garantizó la permanencia del régimen hasta nuestros días. Lo usaría el siguiente que desee quedarse para siempre.

La huelga electoral indefinida aplica desde ahora y hasta tanto no tengamos en Venezuela un sistema libre y auténtico de contar votos, así la tiranía se haya ido. Comencemos pues hoy esa huelga. Mañana nos lo agradecerán las generaciones futuras

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